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19
de abril de 2008. Círculo cultural Aparisi y
Guijarro. Actividades culturales. Conferencia
"El carlismo y la defensa de las señas de identidad
del Reino de Valencia |
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Esta tarde ha tenido lugar en
el círculo cultural Aparisi y Guijarro la
conferencia “El carlismo y las señas de identidad
del Reino de Valencia”, a cargo de don Pascual
Martín Villalba, historia viva del valencianismo de
los últimos 30 años y actual vicepresidente del
círculo. El ponente ha hecho un repaso, a lo largo
de una hora y media, de la apasionante trayectoria
del valencianismo político a los largo de la mal
llamada transición española, como testigo
privilegiado en primera línea.
Tras una breve introducción, su
charla ha comenzado desde el punto de partida
inevitable: el único movimiento político que a lo
largo del siglo XIX defendió el foralismo y la
autonomía regional fue el carlismo, hechizados los
demás por el espejismo modernista del centralismo
uniformalizador. A principios de los 70, en plena
dictadura, el círculo cultural Aparisi y Guijarro
fue el germen donde se gestó el valencianismo
político. Fue entre sus miembros donde nació la idea
de crear el Grup d´Acció Valencianista, el verdadero
movimiento político valencianista (abierto a todas
las ideologías que amaran la patria valenciana y
española y se opusieran al nacionalismo catalán)
surgido de una escisión del histórico Lo Rat Penat
(en cuya fundación a finales del siglo XIX, por
cierto, también participaron no pocos carlistas)
excesivamente academizado. Así, uno de los
iniciadores, y el más importante presidente, el
ponente, vino de las filas del carlismo. El retrato
de los agitados años del fin de la dictadura de
Franco y el comienzo de la democracia parlamentaria
(partitocracia con ausencia de división de poderes,
en frase del propio ponente), confeccionado a base
de las anécdotas de Pascual Martín, nos deja un
tapiz de tensiones, conflictos y respuesta
desesperada de un pueblo que veía perder sus señas
de identidad tradicionales a manos de una casta
política heredada del franquismo y plagada de
hombres dispuestos a ceder frente a los ideólogos de
la universidad invadida por el nacionalismo catalán
desde unos años antes (con el terrible caso del
cátedro de filosofía Ubieto, que hubo de regresar a
su Zaragoza natal tras recibir amenazas de muerte a
su propia familia por parte de grupúsculos
nacionalistas, posteriormente “demócratas de toda la
vida”). |
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Nombres evocadores como Giner
Boira, Sanchis Guarner, Xavier Casp, Joan Fuster,
Manuel Broseta, Fernando Abril, Emilio Attard,
desfilan ante nuestros ojos con sus interioridades y
sus miserias. Así, sabemos que la UCD trató de
absorber al GAV ofreciendo a algunos de sus miembros
concejalías en el ayuntamiento de Valencia, que la
traducción de la constitución del 78 al valenciano
que se imprimió fue realizada por miembros del GAV y
de la RACV por afán de los gobernantes del momento
de congraciarse con el valencianismo para no perder
votos, que a la hora de aprobar el estatuto de
autonomía todos los grupos habían decidido aceptar
la cuatribarrada como bandera del Reino, aceptándose
finalmente la senyera coronada tradicional gracias a
la firme defensa que el GAV, entre otros, hizo de
los símbolos del pueblo valenciano. Como que Manuel
Broseta amenazó al terco Martín Villalba (empecinado
en defender la bandera coronada, y no simplemente
con franja azul) con que la “sangre que se pueda
verter por los conflictos que cause esta
intransigencia caigan sobre su conciencia”, para que
finalmente todo el afán de vender los símbolos de
Valencia en aras al “consenso” se limitaran a una
maniobra para conservar el poder, que a la postre
perdieron a manos del PSOE en cualquier caso. Como
que en el acto convocado por la Coordinadora
d´Entitats Valencianistes, (promovida y presidida
por otro carlista, don Eduardo Chuliá Vicent, a la
sazón presidente del Círculo Cultural Aparisi y
Guijarro) en la plaza de toros, en defensa de la
senyera coronada (con gran éxito, por cierto), el
presidente el día anterior fue invitado por los
jerifaltes de las fuerzas políticas valencianas a
suspenderlo, primero amablemente y luego (en
palabras del comunista Antonio Palomares) con
amenazas de montar una algarada con violencia que
generara muertos que desprestigiaran al
valencianismo “como en Montejurra”. Como los dimes y
diretes, y las prohibiciones del gobernador o del
ayuntamiento para celebrar el acto del Parterre en
el 9 d´octubre, como que la denominación de Reino de
Valencia para nuestra región estaba pactado por UCD
y PSOE que los primeros la presentarían en cortes
pero secretamente harían lo posible (como así
ocurrió) para que no saliera adelante, salvando la
cara cínicamente ante el valencianismo. Como que la
discusión acerca de la lengua o idioma o dialecto
valenciano se planteó en aquellos días, con una
nueva traición de la UCD y de todo el antiguo
aparato franquista en Valencia, permitiendo, en
beneficio a una supuesta concordia social (que los
nacionalistas catalanes jamás buscaron), que el
debate siga abierto hasta nuestros días. |
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En resumen, una conferencia
cálida, ocurrente, apasionante, que nos ha hecho
viajar 30 años atrás y nos ha permitido conocer el
germen de los símbolos valencianos que se han podido
conservar y aquellos que se han perdido, en el
cambio de régimen, por culpa de una derecha
entregada y una izquierda nacionalista enemiga de
nuestra historia y nuestras tradiciones.
También ha hecho un repaso
breve a la situación presente del valencianismo, a
la que ve desde la lógica distancia de su ya largo
retiro, lamentando que la desunión y los
personalismos hayan echado al traste un proyecto
valencianista que hubiese podido ser clave en la
gobernación de nuestro Reino. En ese sentido ha
definido con gran sagacidad a los movimientos
políticos. Según él, existen los partidos de
ideologías, con principios claros y firmes pero
escasos simpatizantes, como puede ser el propio
carlismo, los partidos coyunturales, que surgen en
respuesta a una amenaza concreta, como puede ser el
valencianismo, o el nuevo partido de Rosa Díez, y
por último los partidos de opción de poder, los
cuales, como su nombres indican, únicamente se
mueven por el afán de ocupar puestos de poder, como
el PSOE o el PP. Por último, ha lanzado un mensaje a
Coalició Valenciana: su presidente gusta de llamar a
su partido “foralista”, nombre precioso que, no
obstante, ha de ser llenado de contenido, y no
quedarse en un simple adjetivo lustroso. Los fueros
son las costumbres hechas ley. Y en ese sentido, el
único movimiento político que ha sido siempre y será
foralista es el carlismo.
A la conclusión se ha abierto
un turno de preguntas, aún más vivo e interesante si
cabe, y una cerrada ovación al ponente. Finalmente
se ha servido un vino de honor a los asistentes, que
han abarrotado los locales del círculo. |
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