jueves, 30 de noviembre de 2006

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Artículos de historia. 1869. Rebelión en el Maestrazgo. por Cristóbal Castán 

 

En la convulsa historia del siglo XIX español, fueron constantes los pronunciamientos y levantamientos, que desde diversos planteamientos políticos pretendían cambiar la situación vigente. Uno de estas rebeliones fue la protagonizada por el pueblo carlista en el verano de 1869, que, aunque fracasada, sirvió para preparar el terreno en vistas a futuros alzamientos, que culminarían con la 3ª Guerra Carlista (1872-76). A través de estas líneas trataremos de ofrecer una visión general de lo que fue ese levantamiento en las tierras del Maestrazgo.

 

 

Contexto histórico: La revolución de septiembre de 1868

 

A finales de septiembre de 1868 se produjo la insurrección, preparada conjuntamente por juntas revolucionarias y conspiradores militares, de las fuerzas mandadas por los generales Prim y Serrano, y el almirante Topete, con el fin de derrocar al gobierno de Isabel (II). La sublevación se extendió por toda España, sin que las fuerzas gubernamentales demostrasen excesivo entusiasmo en sofocarla. El día 28 de septiembre se produjo el enfrentamiento entre el ejército sublevado y el que permanecía leal al gobierno de Madrid, en el puente del pueblo cordobés de Alcolea. La lucha terminó con la victoria de los sublevados que derribaron al gobierno de Isabel II, obligándola a exiliarse en Francia.

 

El 9 de octubre el general Serrano se hacía cargo del gobierno provisional a instancias de la junta revolucionaria de Madrid. Dio así inicio una nueva etapa en la España del siglo XIX, conocida como "sexenio revolucionario", durante la cual se producirían dos fallidos levantamientos por parte de los carlistas en 1869 y 1870.

 

Si nos centramos en el ámbito geográfico del Norte de la provincia de Castellón, es decir, las comarcas del Maestrazgo y Puertos de Morella, podemos ver como la hostilidad popular ante este nuevo proceso revolucionario se hace patente desde el primer momento en algunos lugares: convocadas las elecciones para principios de 1869, propagandistas republicanos llegan a la ciudad de Morella el 16 de diciembre de 1868, su presencia provoca un grandioso motín, en el cual participaron más de 3000 personas; obligando al Comandante General de Morella, Brigadier D. José García Velarde, a dictar un bando (6 de enero de 1869) en el cual amenaza con castigos ejemplares a los que sostengan "la continua agitación de los conspiradores carlistas" en ese distrito.

 

El orden no se alteró durante las elecciones, pero los carlistas denunciaron maniobras gubernamentales (amenazas de deportación a África) para que retirasen sus candidaturas, lo cual sucedió en algunos lugares. Esto provocó un aumento de la tensión social, y en previsión de un alzamiento carlista el Gobernador Civil de Castellón, D. Facundo de los Ríos y Portilla, y D. Rafael Primo de Rivera, Capitán General de Valencia, tomaron una serie de medidas preventivas: el Capitán General, al mando del Primer Batallón de Granada, tres Compañías del Segundo y unos treinta Lanceros de Sagunto, recorrió el territorio bajo su mando, amenazando con medidas represivas a los alcaldes y vecinos de las poblaciones más carlistas, en caso de que no se mantuviese el orden público.

 

Finalmente las elecciones se llevaron a cabo, consiguiendo los carlistas enviar una representación de veintidós diputados a las Cortes. Por primera vez los carlistas podían combatir la Revolución desde dentro.

    El general Francisco Serrano
 

Reforzamiento del carlismo y el alzamiento de 1869

 

Pero la agitación carlista contra el régimen liberal persistía. La reorganización del carlismo, a nivel político y militar, era un hecho desde el inicio del reinado de Carlos VII en octubre de 1868; además la publicación de la Carta-Manifiesto al Infante D. Alfonso, en junio de 1869 ayudó a clarificar la situación, las aspiraciones y objetivos del carlismo, reafirmando su carácter social, y sobre todo, ilusionó a gran parte del pueblo español con la esperanza de que pronto llegaría a España el hombre que se necesitaba.

 

En este contexto de crisis política y social, y de revitalización del carlismo, se producen en el verano de 1869 dos intentos fallidos de alzamiento en Figueres y Pamplona, contando con la participación personal del mismo Carlos VII, siendo descubiertos antes de poder llevarse a cabo. Pamplona debía haber sido la base estratégica de la sublevación iniciada en el resto de España. Efectivamente, en los meses de julio y agosto hicieron aparición diversas partidas por toda la geografía española, su actuación se centró, principalmente, en La Mancha y Extremadura (dirigidas por el Mariscal de Campo, D. Juan de Dios Polo); León (encabezadas por el coronel D. Pedro Balanzátegui, fusilado en Valcovero -Palencia-) y el Reino de Valencia. Otros focos fueron Castilla la Vieja, Cataluña, Galicia, Navarra y Vascongadas.

 

El fracaso de la conspiración de Pamplona supuso la dispersión y la descoordinación de las fuerzas sublevadas. La rebelión fue sofocada rápidamente (a principios de septiembre había concluido) por las fuerzas del gobierno provisional, con una durísima represión siguiendo las instrucciones del presidente del gobierno revolucionario, General Prim, en las que ordenaba "no dar cuartel a los carlistas, fusilar a todo el que sea cogido con las armas en la mano haciendo fuego".

 

 

La insurrección en el Maestrazgo (agosto de 1869)

 

Centrándonos en lo que fue esta insurrección en las tierras del Maestrazgo, vemos que el 11 de agosto se produce en Villarreal (La Plana Baixa) un motín, con el pretexto de la distribución de aguas de riego de la acequia de Castellón. El resultado fue la detención de 87 de los amotinados, y la formación de una pequeña partida, encabezada por Galindo y de la cual formaba parte el presbítero Ballester.

 

Tras el primer estallido en Villarreal la rebelión se extendió hacia el Norte de la Provincia : el mismo día 11, en Benlloch se levantó una partida mandada por el calderero Dembilio; otra en Alcalá de Xivert a las órdenes de Agustín Mañes. Este grupo se dirigió a Alcocebre donde desarmaron a la pareja de carabineros, llevándose armas y municiones. Al verse perseguidos por las fuerzas del Regimiento de Granada, se refugiaron en la elevada ermita de San Benito; donde contactaron con otro grupo de 180 carlistas de Alcalá, encabezados por Francisco Vallés (el que sería Comandante General de la Provincia de Tarragona, primero, y, después, del Maestrazgo en la 3ª Guerra Carlista). En el pueblo de Alcalá estaba prevista la sublevación de 500 hombres, pero la entrada de fuerzas gubernamentales hizo a muchos desistir de unirse a la rebelión, fracasando en parte los planes de alzamiento.

 

En San Mateo se formó una partida de unos 50 hombres dirigidos por Ignacio Vilanova y Pedro Rocher. Esta partida puso sitio al cuartel de la Guardia Civil, donde se refugiaron 10 guardias civiles y los pocos liberales de la población. La llegada de refuerzos para los sitiados hizo retirarse a los carlistas de San Mateo, que acabaron uniéndose al grupo de Vallés que se replegaba hacia el Norte ante la presión de las tropas del gobierno.

 

El día 12 de agosto se levantó una partida en Ares del Maestre, al mando de Ignacio Polo, que se apoderó de los fondos en poder del recaudador de contribuciones, desde allí, con unos 60 hombres, se dirigió a Cinctorres y La Mata. Ese mismo día otro grupo se organizó a las órdenes de Antonio Borrás, en la ermita de la Font de la Salut de Traiguera. Esta partida fue diezmada a los pocos días por las fuerzas del Teniente Coronel Arrando en un choque producido en la masía de Les Clapises, en Vallibona; los supervivientes se retiraron hacia la Tinença de Benifassar y los puertos de Beceite, logrando escapar de la persecución de las tropas.

 

A pesar de todos los imprevistos surgidos y de la presión de las fuerzas gubernamentales, la insurrección se iba extendiendo por todo el Maestrazgo. Son significativos los datos que aportan los libros de Actas de Sesiones de los ayuntamientos, acerca de los acuerdos tomadas por los municipios liberales en materia de orden público y seguridad, dando testimonio del peligro que las partidas suponían para el orden establecido. Así, el Ayuntamiento de Benicarló reconoce la necesidad "durante las actuales circunstancias, de que haya dos vigilantes en la torre campanario para avisar cualquier novedad y tocar en su caso a somatén o alarma"; también se establece la "necesidad de fondos para atender a los gastos de Orden Público y los muchos que ofrece el armamento y la defensa en las actuales circunstancias".

 

Como intento de dominar la insurrección, el Capitán General del distrito ofreció a los carlistas un plazo de ocho días para acogerse a indulto, plazo que muy pocos aprovecharon.

Las diversas partidas dispersas que fueron surgiendo por el Maestrazgo se fueron integrando bajo el mando de Francisco Vallés. El grupo de Dembilio se unió a éste en Sarratella, reuniéndose una fuerza de 300 hombres. Desde esta población se desplazó un grupo de 25 hombres para liberar a los carlistas presos en la cárcel de Albocácer. Se intentó establecer contacto con los carlistas sublevados en la Plana de Castellón, dirigidos por Galindo, para ello se enviaron dos emisarios, que fueron detenidos por el Comandante Mendoza. Finalmente, el 21 de agosto las fuerzas de Vallés y Galindo se reunieron en Catí, donde se produjo un enfrentamiento con la columna del Teniente Coronel Serrano. La lucha fue reñida, prolongándose durante varias horas; finalmente la victoria se decantó por las fuerzas liberales.

Los carlistas tuvieron 11 muertos, entre ellos Galindo y el presbítero Ballester.

 

Esta derrota en Catí supuso un duro golpe para las esperanzas de los sublevados. De nuevo las fuerzas se dispersaron, muchos carlistas se acogieron a indulto, otros optaron por esconderse o exiliarse para evitar la persecución de las autoridades liberales. A finales de agosto se producen los últimos movimientos para dominar la insurrección, que como en el resto de España se dio por concluida a primeros de septiembre.

    Ermita de santa Ana, en Catí
   

 

Conclusiones

 

Este movimiento insurreccional del verano de 1869, supuso un tanteo a la reacción del enemigo y al grado de apoyo popular que el carlismo pudiera tener en vistas a un futuro levantamiento. Los focos de lucha fueron muy localizados, dirigidos por jefes conocedores de la zona por la que se movían, lo cual facilitó la movilidad de las partidas ante el continuo acoso gubernamental. El hecho de que no se contase con un territorio dominado y una estructura militar estable hizo fracasar el alzamiento, ya que sin medios para el suministro, sin bases logísticas y nexos o conexiones entre las partidas, era imposible mantener durante mucho tiempo la rebelión. De esta experiencia bélica el mando carlista extrajo la conclusión de la necesidad de crear un ejército organizado, con toda la infraestructura necesaria para poder combatir al enemigo durante períodos prolongados de tiempo y poder mantener el control del territorio conquistado.

A pesar de la derrota, tres años después, gran parte de los mismos personajes, en el mismo teatro de operaciones, se alzaron de nuevo siguiendo el mandato de su Rey: "(...) Por nuestro Dios, por nuestra Patria, por vuestro Rey, levantaos españoles (...)"

 

 

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