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Tras sus incursiones por tierras de Castilla
el coronel Santés- más tarde brigadier-
permaneció en Chelva, centro militar para
los carlistas que operaban en la provincia
de Valencia, hasta mediar el mes de
diciembre de 1873. El día 18 reunió a sus
fuerzas en Enguera, con el propósito de
entrar en Játiva, pero como a esta ciudad
había llegado el general Weyler al frente
del ejército republicano, decidió pernoctar
en Mogente, marchando al día siguiente a
Ollería, a través de Vallada y Ayelo de
Malferit. Desde allí pasó a Onteniente e
inmediatamente después a Albaida, donde
racionó a sus hombres, para regresar a
Onteniente, y dirigirse luego a Bocairente,
donde llegó en la noche del día 20.
Por su parte, Weyler dejó Játiva para
encaminarse a Canals, pero retrocedió sobre
sus pasos sin pérdida de tiempo, ante el
temor de que los carlistas aprovecharan su
ausencia para entrar en aquella ciudad. El
día 20 resolvió marchar a Onteniente, y tras
comprobar el paso de las tropas carlistas
por esta población, se dirigió a Albaida en
su persecución. Santés, como sabemos, había
regresado a Onteniente. Desde Albaida,
siguiendo la estela de los voluntarios
carlistas, Weyler se dirigió a Bocairente.
En las proximidades de esta localidad se
enfrentaron ambos ejércitos. Los carlistas,
algo superiores en número, estaban peor
armados, con una carencia que no lograron
solventar durante toda la campaña y que
condicionó muchas veces, ahora también, el
resultado final de la batalla. Se combatió
hasta el anochecer. Al cesar el fuego,
mientras los carlistas permanecieron en el
Alt de la Creu y en los pinares del Racó,
los republicanos se retiraron a la villa.
Hacia las 10 de la mañana del día siguiente,
22 de diciembre, se reanudó el combate. La
victoria estuvo tan cerca de Santés y los
suyos, que Weyler quiso suicidarse,
frustrando su intento un ayudante del
general. La falta de municiones, a la que he
aludido, endémica en el ejército carlista,
acabó por decantar la victoria a favor de
los republicanos, cuando los carlistas se
vieron precisados a retirarse de sus
posiciones, a media mañana, acosados por el
frente y uno de sus flancos. Sin embargo, el
castigo infringido a los republicanos fue
tan considerable que Weyler no pudo
completar el éxito persiguiendo a sus
adversarios, que se retiraron a Mogente.
Muy cerca del campo de batalla fueron
enterrados sesenta y dos muertos, carlistas
y republicanos. En su entorno se plantaron
algunos cipreses y se colocó una cruz de
madera, sustituida en 1912 por otra de
piedra asentada sobre un pedestal del mismo
material, con esta inscripción: “Sesenta y
dos víctimas, de sus ideales unos, de la
disciplina otros, yacen aquí. ¡Honor y
gloria a los que murieron en el cumplimiento
del deber el día 22 de diciembre de 1873!”.
Este modesto monumento fue erigido por
iniciativa carlista, aunque contó con
aportaciones de distintas procedencias, y su
bendición tuvo lugar el 19 de octubre, en
una sencilla ceremonia en la que intervino
el entonces jefe regional carlista Manuel
Simó, con asistencia de carlistas de
Bocairente y Onteniente, y a la que
acudieron cuatro veteranos que habían
participado en la batalla. La bendición
corrió a cargo del párroco de Bocairente,
reverendo D. Antonio Artés, que dedicó unas
palabras a ensalzar el acto de tan profundo
significado cristiano.
Como sucedió con tantos otros signos
religiosos, también esta cruz fue destruida
en 1936 por los frentepopulistas. Al término
de la contienda se colocó otra de hierro
forjado, que no escapó tampoco al odio de
los de siempre. En 1988 fue aserrada y
robada, mientras las estaciones del Vía
Crucis aparecían profanadas con pintadas
antirreligiosas, independentistas y
marxistas. Se repuso al año siguiente. Y
allí tienen su eterno descanso, juntos y
esperemos que en paz para siempre, quienes
se vieron obligados a enfrentarse en vida. |