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En Lisboa
El domingo, en Lisboa,
la Augusta Familia y los carlistas
asistieron a la Santa Misa en una capilla
conventual.
En el Hotel Ritz se
reunió el Capítulo de la Orden de la
Legitimidad y, posteriormente, se constituyó
un amplio Consejo. Tanto al Capítulo como al
Consejo, Don Javier dirigió densos
discursos. También Don Carlos habló a los
consejeros.
Finalmente la Augusta
Familia y bastantes de los carlistas
asistieron a un almuerzo en el que Don
Carlos brindó por con todos por España y
Portugal.
Oración a Nuestra
Señora
En la Basílica, desde
el presbiterio, Don Javier de Borbón
pronunció esta oración:
“Oh Reina
del Cielo, Madre Nuestra en la tierra!
Hace
cincuenta años y en este mismo lugar,
enviasteis al mundo una advertencia grave y
un Mensaje de amor a la Humanidad y a las
almas en peligro.
Vuestra
voz resonó entonces en los corazones de
vuestros hijos de España y en esta Patria
hermana de Portugal y, cuando veinte años
más tarde la tormenta destructora invalidó
España, cuando nuestras iglesias, templos de
Vuestro Divino Hijo, fueron profanadas y
cuando la sangre de tantos fieles y
sacerdotes fue derramada y la furia
devastadora se escuchó sobre toda la Patria
española, nuestros hombres, jóvenes y
maduros, se levantaron en defensa de su Fe,
para la salvaguarda de la familia, y para
impedir que la Patria cayera en manos de la
Subversión.
Hoy,
treinta años después, vuestros Requetés
están de nuevo aquí, vuestros “soldados de
la fe” como el inolvidable Papa Pío XII les
llamó tantas veces, y a los cuales se
unieron tantos hermanos nuestros de
Portugal:
-Están
aquí presentes los que cayeron en la dura
pelea.
- Con los
que murieron ante los pelotones de
ejecución.
- Con los
que después se han encontrado allá arriba
con el gran Ejército carlista del más allá,
y que gozan ya de Vuestra visión celestial
como Os aparecisteis aquí mismo.
- Están
todos aquí, de lejos o de cerca, en este
momento solemne para expresaros con este
acto de reconocimiento y de amor grandes,
nuestra fidelidad de siempre a las
enseñanzas de Vuestro Divino Hijo y a vos,
Oh Reina y Madre nuestra.
- El
pasado es ya para nosotros el presente.
- Ponemos
confiadamente en Vuestras manos,
consagrándonos a Vuestro Inmaculado Corazón,
todo lo que nos es querido aquí abajo,
nuestras familias, nuestra Patria, nuestra
gran Tradición.
Ante un
mundo en desarrollo y desconcierto, nosotros
permaneceremos fieles.
Que
ninguna discordia nos divida, que la
Autoridad sea respetada y que la disciplina
de nuestro noble Ideal quede anclada en
nuestros corazones a fin de que podamos
entregar a las jóvenes generaciones que nos
siguen una Fe firme en Dios, un amor grande
y filial a Vos, oh Reina y Madre Nuestra, y
los sabios y poderosos jalones de la
Tradición, tan necesarios en un mundo en
evolución, lleno aún de amenazas y peligros.
Pero
confiados en la Omnipotencia suplicante de
Vuestra intervención cerca del Señor, Os
pedimos humildemente aceptéis esta ofrenda
de nosotros mismos y extendáis Vuestro Manto
celestial sobre estas dos Patrias hermanas
de España y Portugal y sobre su misión en el
mundo.
Así sea.”
Tomado de la revista "Montejurra" |