lunes, 14 de abril de 2008

Dios.Patria.Fueros.Rey Legítimo 

 

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Artículos de historia. Carlistas en Fátima 1967

Carlistas sobre Portugal

 

A primera hora de la mañana del día 8, tan pronto como se abrió la frontera, decenas y decenas de autobuses y numerosos automóviles particulares, repletos de boinas rojas, enfilaron hacia las tierras hermanas, hospitalarias y amabilísimas –no nos cansaremos de agradecer la actitud verdaderamente cordial del Gobierno y el pueblo portugués hacia los peregrinos carlistas- de la vecina República atlántica. Una niebla densísima y persistente, y un tiempo muy frío, habían endurecido el viaje, pero así era más patente el sacrificio, económico para no pocos y físico para todos, de Don Javier al último de los asistentes.

Coimbra tuvo calor y color carlista, el día de la Inmaculada, como Salamanca –la otra gran ciudad universitaria- los tuvo durante la noche. Era difícil oír hablar el portugués en los cafés céntricos, que recordaban a los de la estellesa plaza de los fueros el día de Montejurra. Otro tanto ocurría en Lisboa. La prensa de mayor difusión anunciaba los actos y publicaba fotografías de Don Carlos y Doña Irene. Jan Van Beek y su equipo de reporteros y técnicos se disponía a filmar el que ha de ser el primer programa informativo en color de la TV holandesa.

 

   

Actos religiosos

 

Durante las primeras horas de la mañana, los millares de carlistas venidos de toda la geografía española –aproximadamente unos cinco mil-, que representaban a cuantos no podían asistir, se fueron concentrando en la explanada de la Basílica de Fátima. Poco antes de las 12’30 llegaron desde Lisboa Don Javier y Doña Magdalena, los príncipes Carlos e Irene, el Infante Don Sixto y las Infantas Doña María Teresa, Doña Cecilia y Doña María de las Nieves, que fueron cumplimentados por el Jefe Delegado, don José María Valiente; secretario general, don José María Zavala, y Junta de Gobierno. El presidente de la Hermandad de Antiguos Combatientes de Tercios de Requetés, Marqués de Marcelina, saludó a la augusta Familia al pie de la basílica.

 

En silencio, por respeto al lugar, los Borbón Parma se dirigieron con sus acompañantes a la capillita de las Apariciones, donde Don Javier oró junto a todos, y leyó después una oración a la Virgen, que publicamos en lugar aparte.

 

Terminada la oración, y con las banderas gloriosas de los Tercios al frente, los Borbón Parma y el resto de los asistentes se dirigieron a la Basílica, donde iban a participar en una Misa celebrada por don Edistio Sancho, capellán nacional de la Hermandad,  y don José Morales, de Huelva; don Melitón Sáez, de Madrid; don Eliseo González, de Santander; P. Marín, de Sevilla; P. Corchón, de Málaga y P. Ireneo de Setuain, capuchino. Don Javier y Doña Magdalena ofrecieron el vino y las formas que habrían de consagrarse.

 

Después de leer el Evangelio, don Edistio, primer celebrante, pronunció una homilía ajustada, vibrante, profundamente comprensiva del sentido de un acto tan desusado como el de un grupo político en oración comunitaria ante la Virgen.

Los asistentes –caben tres mil sentados, y estaban abarrotados todos los pasillos y espacios libres con carlistas de pie, incluídas las galerías- comulgaron en número impresionante.

 

Terminada la Misa, Don Javier leyó desde el presbiterio –donde ocupaban los reclinatorios los miembros de su Familia, los señores Valiente y Zavala, y los abanderados, con escolta simbólica de requetés uniformados- la consagración de los esfuerzos del carlismo y de los carlistas a la Virgen de Fátima.

Actos políticos

 

Terminados los actos religiosos, que fueron por la mañana, hubo a la tarde –fuera del recinto del santuario y explanada, en salones del Carmelo, donde el Papa recibió también- unos actos políticos: entrega de cruces de la Legitimidad Proscripta; medallas de la Lealtad a portugueses que lucharon en el Requeté, personificados en el señor Saraiva; la lectura de un documento en el que Don Javier expresa su deseo de que el Quintillo –lugar de la primera aparición del Requeté militarizado- y don Manuel Fal Conde –“a quien la España nueva debe una inmensa gratitud”- vayan unidos en un título, el de Duque del Quintillo, que la monarquía restabecida deberá confirmar para él y sus descendientes; un vibrante y denso discurso de Don Carlos y un interminable –duró tres horas- besamano en el que todos y cada uno de los asistentes saludaron a todos y cada uno de los miembros de la Augusta Familia. Fue algo sencillo como conmovedor por su autenticidad.

Finalizó el día con una Salve de despedida.

En Lisboa

 

El domingo, en Lisboa, la Augusta Familia y los carlistas asistieron a la Santa Misa en una capilla conventual.

En el Hotel Ritz se reunió el Capítulo de la Orden de la Legitimidad y, posteriormente, se constituyó un amplio Consejo. Tanto al Capítulo como al Consejo, Don Javier dirigió densos discursos. También Don Carlos habló a los consejeros.

 

Finalmente la Augusta Familia y bastantes de los carlistas asistieron a un almuerzo en el que Don Carlos brindó por con todos por España y Portugal.

 

Oración a Nuestra Señora

 

En la Basílica, desde el presbiterio, Don Javier de Borbón pronunció esta oración:

 

“Oh Reina del Cielo, Madre Nuestra en la tierra!

 

Hace cincuenta años y en este mismo lugar, enviasteis al mundo una advertencia grave y un Mensaje de amor a la Humanidad y a las almas en peligro.

 

Vuestra voz resonó entonces en los corazones de vuestros hijos de España y en esta Patria hermana de Portugal y, cuando veinte años más tarde la tormenta destructora invalidó España, cuando nuestras iglesias, templos de Vuestro Divino Hijo, fueron profanadas y cuando la sangre de tantos fieles y sacerdotes fue derramada y la furia devastadora se escuchó sobre toda la Patria española, nuestros hombres, jóvenes y maduros, se levantaron en defensa de su Fe, para la salvaguarda de la familia, y para impedir que la Patria cayera en manos de la Subversión.

 

Hoy, treinta años después, vuestros Requetés están de nuevo aquí, vuestros “soldados de la fe” como el inolvidable Papa Pío XII les llamó tantas veces, y a los cuales se unieron tantos hermanos nuestros de Portugal:

 

-Están aquí presentes los que cayeron en la dura pelea.

 

- Con los que murieron ante los pelotones de ejecución.

 

- Con los que después se han encontrado allá arriba con el gran Ejército carlista del más allá, y que gozan ya de Vuestra visión celestial como Os aparecisteis aquí mismo.

 

- Están todos aquí, de lejos o de cerca, en este momento solemne para expresaros con este acto de reconocimiento y de amor grandes, nuestra fidelidad de siempre a las enseñanzas de Vuestro Divino Hijo y a vos, Oh Reina y Madre nuestra.

 

- El pasado es ya para nosotros el presente.

 

- Ponemos confiadamente en Vuestras manos, consagrándonos a Vuestro Inmaculado Corazón, todo lo que nos es querido aquí abajo, nuestras familias, nuestra Patria, nuestra gran Tradición.

 

Ante un mundo en desarrollo y desconcierto, nosotros permaneceremos fieles.

Que ninguna discordia nos divida, que la Autoridad sea respetada y que la disciplina de nuestro noble Ideal quede anclada en nuestros corazones a fin de que podamos entregar a las jóvenes generaciones que nos siguen una Fe firme en Dios, un amor grande y filial a Vos, oh Reina y Madre Nuestra, y los sabios y poderosos jalones de la Tradición, tan necesarios en un mundo en evolución, lleno aún de amenazas y peligros.

 

Pero confiados en la Omnipotencia suplicante de Vuestra intervención cerca del Señor, Os pedimos humildemente aceptéis esta ofrenda de nosotros mismos y extendáis Vuestro Manto celestial sobre estas dos Patrias hermanas de España y Portugal y sobre su misión en el mundo.

 

Así sea.”

 

Tomado de la revista "Montejurra"

 

 

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