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Educado en un colegio jesuíta, Manuel Fal
Conde estudió Derecho en la Universidad de
Sevilla y se doctoró en la de Madrid. Tras
la caída de Primo de Rivera inició su
actividad política intentando unificar a los
distintos grupos carlistas. Se presentó por
Cádiz a las elecciones a Cortes y fue
derrotado. Desde entonces mostró el más
absoluto desprecio por la acción
parlamentaria y centró sus esfuerzos en la
reorganización del carlismo.
Don
Alfonso Carlos nombró a Fal Conde delegado
de Andalucía en 1933, secretario de la Causa
Tradicionalista en 1934 y jefe delegado de
la Comunión en diciembre de 1935. Los
preparativos para el alzamiento del 18 de
julio de 1936 ahondaron las diferencias
entre el carlismo navarro y Fal Conde. Para
éste, la rebelión debía ser controlada y
monopolizada por la Comunión pero hubo de
aceptar los hechos consumados y sumarse al
esfuerzo bélico.
El 8
de agosto creó el órgano oficial de los
tradicionalistas. El 28 del mismo mes
disolvió todos los organismos de la Comunión
sustituyéndolos por juntas de guerra y
comisarías de guerra. El 2 de septiembre
creó como órgano supremo la Junta Nacional
Carlista de Guerra con sede en Burgos.
En
diciembre de 1936, sin consultar a Franco,
anunció la creación de una academia militar
carlista. Fue llamado a Salamanca donde se
le planteó la alternativa de expatriarse o
comparecer ante un consejo de guerra. Fal
Conde decidió exiliarse a Lisboa. Las
divisiones entre los requetés escapaban cada
vez más al control de Fal Conde. Tras el
decreto de Unificación, al que se opuso con
todas sus fuerzas, quedaba relegado a
dirigir un movimiento prácticamente
inexistente.
En
1937 se negó a jurar el cargo de Consejero
Nacional. En 1941 fue confinado a Mallorca
volviendo a Sevilla en 1945. En 1956
renunció a todos sus cargos en la Comunión
Tradicionalista. |