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Si eres católico y amas a España, es posible que
seas carlista sin saberlo. ¿Tú? Sí, tú. Vamos a
tratar de responder a las preguntas más habituales
que se hace una persona como tú cuando contacta con
el carlismo
Las preguntas más
frecuentes
Pero ¿todavía existe el
carlismo?
Pues ya ves que sí. El carlismo
es el movimiento político más antiguo de España, y
uno de los más antiguos de Europa. Desde la
proclamación en Talavera de Don Carlos V como rey en
1833, ha existido de forma ininterrumpida un
movimiento político carlista en España, durante más
de 170 años y a lo largo de 3 siglos
¿Qué defiende el carlismo?
El carlismo es la plasmación
real de la doctrina política del Tradicionalismo
español. Se basa en el cuatrilema de Dios, Patria,
Fueros y Rey legítimo. Lucha
por implantar el Reinado Social de Cristo, a través
de las instituciones naturales de la sociedad y los
usos y costumbres de Las Españas, por medio de la
Monarquía Tradicional y Legítima. Históricamente
hablando, es la contrarrevolución española; es la
continuidad de la España histórica, una y otra vez
atacada por el liberalismo en sucesivos embates
desde 1812; es el empeño de quienes se resisten a
ver morir la España de Covadonga y Las Navas de
Tolosa, don Pelayo y san Fernando, la evangelización
de América y Lepanto, la España de los reyes
cristianos y de los Apóstoles y santos. En palabras
de S.S. Pablo VI ¡Salve España católica! Tu fe en
Cristo, Hijo de Dios vivo, es tu mejor gloria.
¿El carlismo propugna el
estado confesional?
Sí. La confesionalidad del
estado supone el reconocimiento público de la
sociedad española de la existencia de Dios, de la
realeza social de Cristo y de la verdad de la
doctrina emanada de la Iglesia católica. El estado
viene así obligado a procurar la libertad de
enseñanza de la religión católica, así como la
legislación dentro de los valores morales
cristianos. Del mismo modo los poderes públicos
procuran coadyuvar en lo necesario al mantenimiento
del culto a Jesucristo, y se aseguran de evitar la
propagación pública de doctrinas que ataquen
la Verdad del mensaje cristiano.
¿Por qué el Estado ha de ser
confesional y no simplemente neutro frente a la
religión?
Si la fe de Cristo y la
pertenencia a la Iglesia de los Apóstoles son buenas
para regir moralmente nuestros actos y los de
nuestros hijos ¿por qué no ha de serlo para regir
los actos de nuestras cofradías, de nuestros
sindicatos y hasta de nuestras asociaciones lúdicas?
¿Y por qué no también para nuestros municipios y, en
fin, en todas las administraciones del estado? Un
católico no puede caer en la contradicción de
reconocer la realeza de Cristo en su casa y negarla
en el consistorio, como bien afirman las encíclicas
papales Quas Primas e Immortale Dei.
Ante la proclamación de la doctrina de Cristo no se
puede ser simplemente neutral, porque eso supone
igualar la Verdad evangélica con las mentira,
igualar lo correcto con lo incorrecto, lo bueno con
lo malo, lo cual es un acto de profunda injusticia.
¿La confesionalidad católica
significa que se obliga a la gente a ir a misa?
No, la fe se ha de proponer, no
imponer. La adhesión al mensaje de Jesús y a la
Iglesia es y siempre será voluntaria. El estado
únicamente ha de velar porque la Iglesia no tenga
impedimento alguno en que todos los ciudadanos
tengan la oportunidad de conocer el mensaje
cristiano.
¿Queréis acabar con la
separación Iglesia-Estado?
No. La confesionalidad pública
es un acto exclusivo de la sociedad, que se afirma
católica en sus fundamentos, estableciendo una
colaboración con la Iglesia, que respeta la
independencia de cada uno. Ni los obispos imparten
justicia, ni los gobernantes designan obispos. La
separación Iglesia-Estado está garantizada por la
existencia del Papado y los acuerdos con el mismo, y
su opuesto no es la confesionalidad católica, sino
el cesaropapismo, como el que vemos en la China
comunista, donde el gobierno pretende controlar la
Iglesia, o la teocracia, como la musulmana que
existe en Persia. Ni uno ni otra propugnamos los
carlistas.
¿Sois un partido político o
un movimiento religioso?
El carlismo es un movimiento
político de católicos españoles, en ningún caso una
corriente o carisma dentro de la Iglesia católica.
En su forma de vivir el catolicismo, el carlismo da
plena libertad a sus simpatizantes.
¿Qué es para vosotros la
Patria, y porqué es tan importante?
La palabra Patria viene del
latín Patres, y hace alusión a los bienes
paternos, a la casa, el lugar de trabajo, todos los
sitios donde se desarrolla nuestra vida y la de
nuestra familia, a la lengua que hemos aprendido y
en la que hemos expresado nuestras primeras
palabras. La Patria es extensión de la familia y el
municipio y es por tanto una institución natural. Es
la herencia de nuestros padres y el tesoro de
nuestros hijos, y nos hallamos sujetos a la
obligación de amarla, defenderla, cuidarla y
procurar su mejoramiento. Se llama Patria chica a la
comarca donde se desarrolla nuestra vida, y Patria
grande al conjunto de las Españas, destino histórico
de la hispanidad católica.
¿Qué haríais si ganaseis las
elecciones y llegaseis al gobierno?
El carlismo no es un partido
político que lucha por llegar al poder para ejercer
un programa de gobierno, sino un movimiento político
que trata de cambiar el sistema para implantar la
verdadera tradición política española. Nosotros no
creemos en el sufraguismo como un fin en si mismo:
no queremos votos, sino hombres y mujeres.
¿Por qué es tan malo el
sistema político actual, el de la democracia
liberal?
La democracia liberal hace
depositario de la soberanía al pueblo representado
en el parlamento. Esta representación se hace a
través de estructuras de poder llamadas partidos
políticos, implantados en la sociedad pero no
emanados de forma natural de ella. Los partidos
tienen como objetivo obtener cuotas de poder, y para
alcanzarlas deben crear una división artificial
entre los españoles para que, rechazándose unos a
otros, cada uno apoye a su partido y le ayude. Se
siembra el odio que actualmente padecemos, en nombre
de ideologías que se justifican por si mismas y que
no reconocen un sistema de valores superior,
pudiendo ser, como vemos cada día, enormemente
perversas y dañinas para la legislación. La
estatalización de la sociedad se torna inevitable.
Asimismo, los representantes en el parlamento, al
tener un período de cuatro años inamovible, pueden
votar en el mismo sin tener en cuenta en absoluto
los intereses de aquellos que les han elegido. Como
ocurre en la actualidad, los representantes del
pueblo se pliegan a lo que les ordenan sus
direcciones políticas, antes que buscar el bien de
sus representados.
Bien, entonces ¿cuál es
vuestra propuesta de sistema político?
Ante todo, el reinado social de
Jesucristo, la sujeción del estado a sus normas
morales, fuera de las cuales se compromete a no
legislar. Esa soberanía de Cristo es la que legitima
al monarca. Éste gobierna auxiliado por sus
secretarios (nombrados por el mismo) y asesorado por
los consejos reales (que reúnen a autoridades
reconocidas en cada materia). El poder judicial es
independiente de los demás poderes del estado,
siendo su limitación la moral cristiana y la
aplicación de la Ley emanada de los órganos
correspondientes. La Ley es el dictamen de la recta
razón, promulgada por la potestad legítima para el
bien común, que a todos sujeta. La potestad legítima
que promulga la Ley es el monarca y la sociedad
representada en Cortes. Las Cortes están formadas
por los representantes designados por los cuerpos
intermedios de la sociedad. Estos representantes se
rigen por el mandato imperativo, esto es,
representan a sus cuerpos intermedios en la medida
que voten y defiendan aquello que los que los han
elegido han determinado.
Una vez establecido este
sistema político, el carlismo como tal habrá logrado
su aspiración, y desaparecerá como movimiento
político. Los carlistas defendemos principios, no
principados.
El carlismo pertenece a la
extrema derecha
La división entre derechas e
izquierdas es un invento de la democracia liberal.
El Tradicionalismo español es anterior a esta
separación artificial, y defiende a Dios y su
Iglesia, a la Patria indivisible de los españoles, a
los fueros y costumbres de cada una de las Españas y
a la monarquía legítima y tradicional. Ni más, ni
menos.
Defender los fueros es
querer regresar a los privilegios feudales
La confusión entre fuero y
feudalismo es común. El feudalismo es una teoría
política nacida en la escuela de consejeros
políticos de Carlomagno. Los fueros son los usos y
costumbres de cada lugar, señorío, principado o
reino, emanados de la propia sociedad y codificados
en forma de ley, y que deben ser jurados de forma
ineludible por el monarca, para alcanzar su
legitimidad. También los cuerpos intermedios de la
sociedad tienen sus propios usos y costumbres, su
propio fuero, que debe ser respetado por el monarca.
La base del sistema son los pactos establecidos
libremente entre el poder y la sociedad, no la
imposición de normas desde el poder hacia la
sociedad, como ocurre en el sistema liberal.
¿Qué son los “cuerpos
intermedios” de los que tanto habláis?
Son todas aquellas
instituciones nacidas de forma espontánea en la
sociedad, y que la representan. Del mismo modo que
un hombre no es tan sólo un hombre, sino que también
tiene unas creencias religiosas, unos estudios, un
trabajo, unas aficiones; así la representación de la
sociedad debe agrupar a todas aquellas instituciones
que median entre el hombre y la autoridad. Por
ejemplo las universidades, las cámaras de comercio e
industria, las academias, los gremios, los colegios profesionales,
los sindicatos, las patronales, los municipios.
Contra la doctrina “un hombre, un voto” liberal, el
tradicionalismo representa en mayor medida a
aquellos que en mayor medida participen en la
sociedad, al pertenecer a varios cuerpos
intermedios. Estos son además fuente de legislación
en todo aquello que pertenezca a su exclusivo ámbito
de competencia. Las instancias administrativas
superiores sólo deben ocuparse de aquello que los
cuerpos intermedios o las instancias inferiores no
sean capaces. Esto es lo que se llama principio de
subsidiariedad. En el sistema liberal el hombre se
enfrenta individualmente y desamparado frente al
estado.
El carlismo es el
antecedente del nacionalismo
Falso. Aunque el nacionalismo
utiliza los fueros como reivindicación, se trata de
una concepción política liberal, procedente de su
rama llamada romanticismo, que exalta la nación o la
raza como centros de su ideología. Mientras el
tradicionalismo pone a Dios en el centro y propugna
retornar a la unión pactada entre los distintos
reinos, principados y señoríos de las Españas, el
nacionalismo es idólatra porque deifica a la nación,
otorgándole la soberanía, concepto genuinamente
revolucionario y liberal; este ideal es antiespañol
en sus fundamentos, basando buena parte de su
ideología en el odio o rechazo al hermano que no
deifica a la nación.
Pero el nacionalismo es más
fuerte en las regiones vascas y catalanas, donde
tenía su arraigo el carlismo
El carlismo tuvo seguimiento
desde su inicio en todas las partes de España. Fue
fuerte en Cataluña y Vascongadas, donde el
nacionalismo es preponderante actualmente, pero
también en Navarra, Aragón, Valencia y grandes zonas
de Castilla o Sevilla, donde el nacionalismo es
marginal. Los movimientos regionalistas de
principios del siglo XX sí recogieron algunas de las
señas propias del Tradicionalismo, pero tratando de
adaptarlo al sistema liberal. Como es lógico,
fracasaron o devinieron nacionalistas.
¿Los carlistas sois
absolutistas?
No, el carlismo propugna la
monarquía tradicional española. Una monarquía
católica, federativa (que no federalista), en la que
el rey reina y gobierna, siendo asistido por un
consejo ejecutivo designado por él mismo, y se halla
limitado en sus funciones, por arriba por la Ley
natural, la Ley de Dios, y por abajo por el pueblo
representado en Cortes. El rey responde ante Dios y
ante los pactos que la monarquía ha establecido en
España desde tiempos inmemoriales con los cuerpos
intermedios de la sociedad. El rey se sujeta a la
Ley, y no está exento de su cumplimiento, como
ocurre actualmente. En palabras de san Isidoro “Rey
eres si rectamente obras, si no, no lo eres”. O como
resume el juramento de los antiguos reyes de Aragón
exigido por las Cortes “Rey te hacemos si cumples y
haces cumplir nuestros Fueros, si no, no”
¿Quién es vuestro rey?
Desde 1833 hasta 1936 la
dinastía Borbón-Braganza fue la depositaria de los
derechos de la monarquía legítima española. En 1936,
con la muerte sin descendencia de su último
representante, fue la dinastía Borbón-Parma la que
ostentó esos derechos. La muerte en 1976 de Don
Javier I, y la defección del tradicionalismo
carlista que hizo su hijo primogénito, dejaron
vacante el trono legítimo de España. El monarca que
esté llamado a ocuparlo ha de reunir la doble
cualidad de ser legítimo de origen, por provenir de
una familia real que jamás haya aceptado la
democracia liberal, y legítimo de ejercicio, es
decir, dispuesto a garantizar los principios de
Dios, Patria, Fueros.
¿Cómo puede existir un
movimiento político que crea en la monarquía y no
tenga físicamente un rey?
Del mismo modo que un soltero
puede creer en el matrimonio, aunque no esté casado.
La institución monárquica garantiza un poder
ejecutivo en manos de una sola persona,
independiente de los poderes económicos y
mediáticos, y formada desde su infancia en ejercer
puestos de responsabilidad en beneficio de Dios y de
la Patria. Asimismo, la corona ha sido la esencia
que ha unido a los españoles desde Recaredo y Pelayo
hasta la invasión napoleónica, el período más
brillante de nuestra historia. Como relata don
Carlos VII en su testamento político “si la dinastía
legítima que os ha servido de faro providencial
estuviera llamada a extinguirse, la dinastía
vuestra, la dinastía de mis admirables carlistas,
los españoles por excelencia, no se extinguirá
jamás”.
¿Las boinas rojas no son
franquistas?
Durante la Cruzada de
Liberación de España del marxismo entre 1936 y 1939,
los requetés carlistas se alzaron contra el Frente
Popular por Dios y por España, principios en los que
coincidieron con otros movimientos políticos y con
el ejército. En 1937, el general Franco, director
del bando llamado nacional, promulgó un edicto que
obligaba a la unificación de la Comunión
Tradicionalista y la Falange de las JONS, los dos
principales movimientos políticos antirrepublicanos,
en la FET de las JONS, cuyos distintivos fueron la
boina roja carlista y la camisa azul falangista. La
Comunión Tradicionalista jamás aceptó esa unión
contranatura, lo que le costó el exilio al regente
don Javier y al jefe político don Manuel Fal Conde.
El carlismo luchó por la España católica y
tradicional, no para implantar una dictadura
militar.
Una curiosidad ¿por qué
vuestro distintivo es la boina roja?
Desde 1833, los carlistas se
han nutrido fundamentalmente de la gente sencilla
del pueblo. En España, el tocado característico del
medio rural ha sido siempre la boina, de forma que
los voluntarios carlistas se presentaban vestidos de
paisano, con su boina. Dada la penuria de medios
habitual de los ejércitos legitimistas, la única
forma de distinguir a los oficiales de la tropa
muchas veces era por el color de la boina. En
Navarra y Vascongadas comenzó a usarse la boina roja
como distintivo, extendiéndose pronto por todas las
regiones, y llegando a convertirse la boina roja o
blanca en el distintivo de los carlistas hasta el
día de hoy. Aparte de su simbolismo, resulta un
cubrecabezas muy confortable en invierno.
Este es un resumen muy somero
de la vasta y profunda doctrina del tradicionalismo
español, desarrollada a través de muchos siglos por
numerosos pensadores. Si estás interesado en ella,
puedes consultarla en las
páginas de pensamiento
político de nuestro Portal. Si quieres conocer mejor
a los carlistas actuales del Reino de Valencia y de
toda España, puedes escribirnos
a esta dirección.
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