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Por ello el Carlismo, consecuente con el ideal de
NADA SIN DIOS proclama que no sólo al hombre sino
también a toda organización social o política
alcanza la obligación de cumplir los deberes para
con Dios y con la Religión verdadera".
(Del Ideario de la Comunión Tradicionalista
Carlista)
La Comunión
Tradicionalista Carlista ante la sociedad española,
declara:
La Comunión Tradicionalista
Carlista quiere sumarse a la invitación de la
Cátedra Romana expuesta en la Bula Incarnationis
Mysterium a las diferentes Iglesias
particulares, para acogerse también al Gran Jubileo
del segundo milenio de la Encarnación del Verbo y la
entrada en un nuevo milenio de gracia, y en la pauta
de la Conferencia Episcopal Española en el documento
La fidelidad de Dios dura siempre. Mirada de fe al
siglo XX. Quiere, pues, elevar una pública acción de
gracias a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, de
quien procede todo bien en el cielo y en la tierra;
quiere pedir públicamente perdón en cuanto se haya
apartado de los caminos del Señor en su propia
misión, esto es, en el ámbito de lo temporal, o haya
velado su reconocimiento, de palabra, obra u
omisión; y quiere, por fin, públicamente declarar su
compromiso de fidelidad a Dios y a la Iglesia de
Cristo, cuya cabeza es el Obispo de Roma y los
Obispos en comunión con él.
1. Señor, tú has sido refugio para nosotros de
generación en generación (Salmo 90, 1).
Damos públicamente gracias a Dios Padre, Hijo y
Espíritu Santo por cuantos bienes nos ha concedido,
de entre los que el primero es el don de la fe, de
la esperanza y de la caridad, no por nuestros
méritos, sino por su infinita liberalidad y
misericordia.
Damos públicamente las gracias a nuestra Madre la
Iglesia que nos da la verdadera fe, nos nutre en sus
sacramentos y alimenta con su magisterio.
Damos públicamente las gracias por habernos
concedido perseverar en el testimonio público del
amor a Dios y a nuestros semejantes en el amor mayor
y piedad para con la Patria España, como comunión
cordial en la pluralidad de pueblos en la unidad de
misión divina "conjunt de pobles units per la
Providençia", en el decir del Obispo Torras i
Bages, según la mente de la Iglesia y en conformidad
con nuestra Tradición histórica.
Damos especialmente las gracias por tantos hermanos
nuestros, que testimoniaron la fe al punto de no
amar tanto la vida que temieran la muerte. Y en
primer lugar, aquellos que sufrieron el martirio.
También damos las gracias por aquellos que lo
dejaron todo para ofrendar sus vidas en años
aciagos, o ya directamente en los campos de batalla,
en defensa de la libertad de la fe, en defensa de la
libertad del culto, en defensa de la libertad de la
predicación del Evangelio, en defensa de la libertad
de la conciencia y de la educación católica, en
defensa de la Patria católica, y que fueron urgidos
por el Amor mayor. Y así mismo, por quienes con el
corazón rebosante de alegría, con independencia de
la suerte habida, heridos o mutilados, con pérdidas
familiares o arruinados, se reincorporaron a sus
tareas cotidianas tras el deber cumplido.
Damos gracias públicamente por nuestras mujeres,
cristianas plenas, que nos alimentaron en la vida
natural y sobrenatural, y nos enseñaron desde su
vida escondida y a sus pechos la ley de Cristo, y de
cuya vida y ejemplo en la más plena abnegación, se
nutrió constantemente la Comunión Tradicionalista
Carlista.
Damos las gracias por tantos hijos que en el ejemplo
del sacrificio de sus padres, encontraron huellas
profundas para vivir cristianamente en el perdón
sincero e interno, y en asumir como suyos, sin dar
lugar al resentimiento, los retos de los que le
precedieron.
Damos las gracias por todos aquellos que llevaron a
sus ámbitos de trabajo y profesión, el testimonio
público de Dios y la Patria, trabajando en la recta
ordenación de las cosas temporales, en el
pensamiento, en la cultura, en la prensa, en la
política, en la empresa y los sindicatos. Y para los
que no hay sino un silencio sepulcral. ¡Para Dios no
hay héroes anónimos! Aunque desde el Amor, y por el
Amor, bien hay quienes quisiéramos, Señor, ¡ser
héroes anónimos incluso para Ti!.
Damos gracias públicamente a Dios por el testimonio
de nuestros Reyes, los Reyes de la Corona Española,
que amaron más la justicia que la iniquidad,
sobrellevando el destierro y la muerte lejos de la
Patria, antes que asumir la tiranía contra la
conciencia cristiana del Pueblo y las plurales
tradiciones políticas y jurídicas de la única Patria
española.
Damos gracias por el ámbito mismo de la Comunión
Tradicionalista Carlista, que se confiesa
públicamente católica por sus principios, vida y
fines, y asume como tarea propia en cuanto
organización política, y en su incidencia social e
histórica, la animación cristiana del orden
temporal.
2. Padre, he pecado contra el cielo y contra ti
(Lucas 15, 21).
Pedimos públicamente perdón a Dios y a nuestros
hermanos en cuanto por nuestras palabras, obras u
omisiones hayamos contribuido o podido contribuir en
mayor o menor medida a la autosuficiencia del tiempo
moderno, despreciando a Dios y al prójimo;
al secularismo, por la expulsión de Dios de la
comunidad política y social, y su sustitución por
sucedáneos expresados como utopías sociales y
políticas mundanas;
a las violencias inauditas de nuestra época,
señalada bajo el signo de la guerra total y contra
toda justicia;
a la miseria más repulsiva y letal de poblaciones,
en la idolatría del becerro de oro y en la dinámica
del consumismo y el despilfarro;
a la cultura de la muerte, que se ceba contra el más
inocente: el concebido y no nacido, que busca la
productividad en la eutanasia y se enriquece en la
degradación de la drogadicción;
a la disolución familiar, por la legalización
contraria a la ley natural y divina del divorcio,
por campañas sostenidas contra la conciencia
personal y cristiana, por la negación de lo más
humano que es la transmisión de la vida en nuevas
personas surgidas del amor de varón y mujer en unión
permanente e indisoluble, ante la sociedad y Dios.
Pedimos públicamente perdón por nuestras
negligencias y faltas de diligencia, por nuestras
comodidades y egoísmos, por nuestros abandonos y
silencios, por nuestra inacción,
particularmente por cuanto no hayamos secundado el
llamamiento de S.S. Pío XII en su radio-mensaje a
los fieles de España con motivo del final de la
guerra y victoria en la Cruzada, en perseverar y
trabajar por una verdadera y auténtica
recristianización de la sociedad y la comunidad
política;
por nuestra tibieza en el mandato expreso señalado
por S.S. Juan XXIII y S.S. Pablo VI en perseverar
como pueblo en la Unidad Religiosa, consubstancial a
nuestro ser patrio, guardándola como rosa preciosa;
por nuestra faltas de compromiso en la convocatoria
del Concilio Vaticano II en la entrega a la
consecratio mundi y afianzar la vida comunitaria
conforme a la doctrina permanente de la propia
Iglesia, a tenor de la cual no hay libertad sino en
y desde la verdad;
por nuestra falta de respuesta en nuestro compromiso
público como seglares en el llamamiento de Juan
Pablo II a ¡Abrir las puertas a Cristo!, y las
propuestas señaladas en su visita apostólica en
1982, por las que la identidad española es la
católica y la política como servicio es el bien
común cuyo primer principio es Dios conocido, amado
y vivido como pueblo cristiano.
Pedimos públicamente perdón por nuestras desidias y
nuestro repliegue, nuestra falta de testimonio y
presencia, nuestras faltas de apertura y de entrega
en la defensa de la familia según el proyecto del
Creador;
nuestras faltas para con la misma familia cristiana
hoy completamente indefensa desde la ley y la
manipulación sociológica;
para con la educación de los niños y los jóvenes,
parte escogida de la sociedad y del Pueblo de Dios,
violentados permanentemente en su conciencia;
para con los derechos de los padres y responsables,
conculcados por la mentalidad estatista y
antihumana, relativista y hedonista;
para con las personas humanas sacrificadas al culto
del egoísmo y el materialismo en el crimen horrendo
del aborto;
para con la proclamación y sostenimiento de las
libertades sociales y políticas legítimas;
para con la urgencia en el trabajo por el bien común
político y social en cuanto a los bienes necesarios
por su condición de imprescindibles respecto de las
mismas personas como miembros de la comunidad
política;
por nuestra tibieza en sostener el bien de la unidad
de la Patria bajando a la arena política, y en la
pluralidad que la integra;
por la falta de iniciativas contra una presunta ley
fundamental que no reconoce los derechos de Dios ni
salvaguarda los derechos de la persona, y que
tolera, permite y ampara la violación constante de
la conciencia y libertad religiosa y humana, incluso
desde las mismas instituciones nucleares de la
comunidad política.
3. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor (Salmo
32, 12).
Los fines a los que sirve la Comunión
Tradicionalista Carlista son legítimos per se
al radicar en los bienes mismos de la Patria.
Aunque, justamente por su condición política y
social, se corresponden con el orden temporal de las
cosas y sujetos a las condiciones de tiempo y lugar.
Convencida como está de que es el campo político y
social la tarea en pro de dichos fines, que cifra en
el lema Dios-Patria-Fueros-Rey, conoce en modo y
manera suficiente tanto por su aspecto teórico como
por el práctico a través de una experiencia más que
milenaria, que el cimiento y descanso, el eje y la
vertebración de la comunidad política descansa en la
condición naturalmente moral de la persona humana,
varón y mujer, que se integra en la comunidad
superior del Pueblo o de la Nación a través de la
comunidad familiar y en la entrega del tiempo y en
el marco del espacio, en relación siempre abierta
desde las generaciones anteriores y en la entrega a
las que vendrán, y en interacción con las
comunidades políticas que manifiesta la gran familia
humana, precisamente por ser su origen uno y su fin
último igualmente uno: Dios.
Por ello, sin renunciar a lo que nos es legítimo,
sostenemos que la mejor de las teorizaciones,
incluso en su propia verdad y veracidad racionales,
y tal y como muestran los hechos históricos, es nada
en orden a la efectiva convivencia y concordia, sin
reconocimiento y sujeción, hecho vida y criterio de
vida, al mismo Dios, revelado en su plenitud en
Jesucristo.
No se puede esperar para una comunidad política la
paz si dicha comunidad política se desarrolla fuera
de la Ley divina. Mucho menos puede esperarse la paz
ni puede perseverarse en el bien de la unidad para
nuestra Patria española fuera de la unidad
espiritual. Y así, falto de alma discurre por su
propia naturaleza el cuerpo a la corrupción. Sin
comunión en el espíritu no hay ni cabe esperar
comunidad propiamente entendida. A lo sumo queda la
falsa paz; es un pueblo muerto a la vida. Lo que se
pone de relieve en lo que manifiestan los mismos
hechos sociales.
¿No nos da qué pensar el hecho de que España tenga
el triste honor de estar entre los primeros pueblos
del mundo por su ínfimo índice de natalidad?
¿No nos da qué pensar que entre pueblos que han
colaborado a lo largo de su historia en empresas que
rebasan todo cálculo humano no funcione sino el
recelo y la acusación, la envidia y el desdén?
¿No da qué pensar que pueblos que han engendrado
naciones por decenas sean incapaces de reconocerse
en su propia historia?
Desterrada de hecho la Cruz, que es señal de muerte
y sacrificio, pero también de resurrección y
esperanza; desterrada la ley de amor del ámbito de
lo público; desterrada Roma, ¿qué queda sino lo
absoluto del poder y la mera fuerza humana que se
despliega en su anticristianismo y antihumanismo a
la par racionalista y visceral?
Todavía es dable pensar que un culto sostenido al
Estado, en sus diversas fases, y a lo largo de más
de ciento cincuenta años, ha dado como fruto, a
través de la cancelación progresiva de la educación
cristiana, y para la Patria España, esto que ha
venido en reconocerse recientemente como "la
tranquila apostasía" de los pueblos de Europa contra
su despertar y vocación primeras en Cristo, mediante
un proceso que deifica por la voluntad general el
Estado, y absorbe a la par toda la vida, toda la
libertad social.
Denunciamos públicamente el proceso corruptor de
esta "democracia" contra lo más digno de la persona
que es su conciencia. Con mayor énfasis, denunciamos
este proceso corruptor que se ceba en contra de los
niños y los jóvenes cristianos a los que se les
priva de la fe de sus padres.
Denunciamos el atentado permanente contra la
familia, y más en concreto contra el orden familiar
cristiano.
Denunciamos la corrupción de la institución
matrimonial con la introducción contra la misma
sociedad del funesto divorcio.
Denunciamos la cultura de la muerte que se plasma en
el atentado del aborto y en la falsedad mentirosa de
las campañas sostenidas básicamente contra la mujer.
Denunciamos la pendiente que se abre con la
eutanasia.
Denunciamos las políticas sustentadas en el odio y
nutridas en el resentimiento contra la Patria,
destructoras de la propia cultura y de la tradición
de la tierra.
Denunciamos el terror, tantas veces "políticamente
condenado", y tantas veces justificado como medio de
cambio político.
La Comunión Tradicionalista
Carlista se sabe heredera de una herencia
espiritual: De una forma medularmente cristiana de
entender la vida, y de una proyección específica del
Evangelio en las relaciones sociales y en las
instituciones públicas.
La Comunión Tradicionalista
Carlista considera esta herencia de Fe como su más
preciado patrimonio y está y estará siempre
dispuesta a hacerla operante en la dinámica social y
política de la vida española.
La Comunión Tradicionalista
Carlista está animada por un optimismo que tiene sus
raíces en una profunda esperanza teológica.
La Comunión Tradicionalista
Carlista sabe que ni por la naturaleza de los males
presentes, ni por la de los bienes futuros, puede el
político cristiano (ni el hombre en general) esperar
de su acción humana, natural, la destrucción de ese
mal y el logro de esa tesis.
La Comunión Tradicionalista
Carlista confiesa colectivamente la doctrina y la fe
de los Apóstoles en Jesucristo y según el magisterio
de la Iglesia Católica. Se reconoce, pues,
profundamente eclesial.
La Comunión Tradicionalista
Carlista distingue netamente entre la acción que los
cristianos aislada o asociadamente llevan a cabo a
título personal, como ciudadanos de acuerdo con su
conciencia cristiana, y la acción que realizan en
nombre de la Iglesia en comunión con sus pastores.
La acción de la Comunión Tradicionalista Carlista se
desarrolla en el ámbito temporal, en donde actúa
como conjunto de miembros de la comunidad política
que de acuerdo con su conciencia cristiana realizan
su acción asociadamente y bajo su propia
responsabilidad. La Comunión Tradicionalista
Carlista es y se siente Iglesia militante, aún
asentada en la órbita temporal por su propia
naturaleza política. Ha procurado y procurará estar
en perfecta comunión con el único magisterio,
antiguo y reciente, de la Iglesia.
La Comunión Tradicionalista
Carlista expresa y renueva su fidelidad al Vicario
de Jesucristo y al Colegio Apostólico, en la
seguridad de que el magisterio progresa en la Verdad
a lo largo de la historia libre de contradicciones
por la gracia del Espíritu Santo.
La Comunión Tradicionalista
Carlista, perseverando con total confianza en las
promesas del Sagrado Corazón de Jesús, expresa su
compromiso para con la Patria en la esperanza del
"Reinaré". Sí, Cristo reinará en España.
¡Señor, por la intercesión de María Santísima del
Pilar, que confortó junto al Ebro a tu discípulo
Santiago, nuestro padre en la Fe, consérvanos en
nuestra vocación primera como pueblo, nuestra
vocación cristiana engendrada en tu Amor!
Junta de Gobierno de la Comunión Tradicionalista
Carlista.
Zaragoza, 10 de marzo de 2000
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