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Ibarretxe, como Presidente del Gobierno Vasco, lo
único que ha pedido es que se aplique la
Constitución y se supere el Estatuto de Guernica.
Aunque a algunos les parezca que la Constitución
no admite la propuesta, para otros está de acuerdo
con ella. Hay quienes piensan que el derecho de
autodeterminación es constitucional. Puesto que en
la misma Constitución se articula el ejercicio del
derecho de autodeterminación, y con ello conecta el
estatuto de Guernica, en su artículo 1.
Dos Falsedades
Antes de entrar en materia vamos a denunciar dos
falsedades que hoy circulan como verdades
indiscutibles y están recogidas en la Constitución.
Soberanía: Al presente, es admitida como un poder
supremo, sin limitación de ninguna clase. En un
pasado próximo la ejercieron los reyes absolutos.
Hoy se dice, y así lo recoge la Constitución, que
reside en el pueblo, que la ejerce a través de los
gobernantes que libremente elige. De hecho, es lo
mismo que sostiene Ibarretxe: que el pueblo vasco
decida. Los carlistas no reconocemos ningún poder
absoluto, por eso en nuestro lenguaje no existe el
término soberanía, si no es como un poder supremo,
pero limitado. El poder solo puede ser ejercido por
una persona o un grupo de personas. Nunca por todo
un pueblo, cualquiera que sea el método por el que
son designados quienes ejercen el poder.
Nación: es un término que en un principio significó
exclusivamente origen. La Revolución Francesa, al
decapitar al Rey que ejercía la soberanía, atribuyó
ésta a la nación. Los filósofos idealistas alemanes
se esforzaron en definir qué sea la nación. Lo
cierto es que no hay en el Derecho Político término
más difuso y controvertido que el de nación. Los
carlistas prescindimos también de él. Máxime
considerando que desde la Revolución se habla de la
nación como "dueña absoluta de sus destinos". Nada
ni nadie es dueño absoluto de sus destinos. Lo dice
la Fe, para quienes creemos en Dios, y lo confirma
la experiencia para nosotros y los que no creen.
Sobre esas dos falacias está elaborada nuestra
Constitución. Al introducir en su texto el término
nacionalidad, que o significa nación o no significa
nada, incrustaron sus creadores un motivo para la
destrucción de España convirtiéndola en un
conglomerado de taifas. Los presupuestos por los que
Ibarreche tiene razón son absolutamente idénticos a
los presupuestos con que se manejan el Partido
Popular y el PSOE.
La Constitución
Cuando se sometió a referéndum la actual
Constitución, todos los grupos tradicionalistas se
movilizaron en su contra. No existía la persona que
representase a la insobornable Dinastía Carlista, la
Legítima en España, pero la Bandera no estaba
abandonada y no faltó quien proclamara
inequívocamente que esta Constitución es ilegítima y
todo carlista tiene el deber de combatirla. España
existe desde hace muchos siglos. Como prueba, ahí
está su obra en el conjunto de la historia
universal. Es una vana pretensión fundamentar la
existencia de España en un texto legal, que lo más
que podría hacer es reconocerla. Por eso la unidad
de España y los españoles no se basa ni tiene su
origen, pese a las opiniones de los políticos
actuales de toda clase, ni en la unidad
constitucional ni en la "unidad democrática".
Sobra toda la palabrería tanto de la Constitución y
sus seguidores, como la de la Propuesta de
Ibarretxe.
Habla Ibarretxe
El
derecho que invoca Ibarretxe, resulta de un acto de
voluntad. Pero los actos de la voluntad tienen que
estar regulados por la razón. ¿Por qué va a ser más
conveniente para los vascos independizarse de España
que seguir siendo españoles?. ¿Han pensado los
nacionalistas en los estrechos vínculos existentes
entre nuestra tierra y el resto de España y los
traumas a que daría lugar su ruptura?. Cuando los
vascos han emigrado a la América hispana, se han
establecido en sus tierras gozando de toda clase de
respetos y consideraciones. Cuando su destino ha
sido Norteamérica han tenido que aceptar la dura
profesión de pastores que allí nadie quería ejercer.
¿No les dice nada eso? En las tierras
hispanohablantes pierden el idioma en una
generación, integrándose con los nativos. En
Norteamérica lo conservan durante varias
generaciones, gracias al aislamiento a que les
obliga la sociedad yanqui.
Euskadi será lo que los vascos y las vascas decidan
. Es la frase que más le gusta repetir a Ibarretxe,
y la que con más placer escuchan sus seguidores. En
ningún momento se detiene a reflexionar que los
meros deseos casi nunca llegan a ser realidades. Los
carlistas recordamos que existe España y dentro de
ella los territorios que gozaron de derechos
históricos, de Fueros. Los Fueros constituyeron
cauces para la participación política y barreras
frente a los abusos del poder. El "se obedece pero
no se cumple", se aplicaba, pero no como mero
ejercicio de una voluntad, "porque sí", sino por
algún motivo grave.
Y
es que frente al concepto liberal de que el poder
del gobernante no conoce ninguna limitación, los
carlistas, como herederos de la Tradición católica y
española, sostenemos que el ejercicio del poder se
justifica cuando se encamina al bien común y actúa
de acuerdo con una justicia que está por encima de
la voluntad humana.
Rechazamos la Propuesta de Ibarretxe porque, además
de romper la unidad de España, nos propone "más de
lo mismo". Más de lo que ya estamos padeciendo con
la Constitución y el Estatuto actuales: un gobierno
que nos tiraniza, aunque su sede sea Vitoria.
Falsifican la Tradición de Euskalerría
No
hay nada que atente más contra el ser y la libertad
de los pueblos de herencia vasca que el nacionalismo
mal denominado "vasco". Ni que niegue más la
historia de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya que la
historia oficial que propaga el nacionalismo: la
Euzkadi una, grande y libre. Que culmina para el PNV
en el rechazo de la confesión pública de Dios y su
dominio sobre este mundo y en tomar los Fueros por
su condición nominal y en mera apariencia.
Los nacionalistas se han hecho incapaces de amar tal
y como es la propia tierra; han dado lugar a la
mentira, la extorsión, el asesinato y el terror.
Centrados en la ensoñación de la Liberación
Nacional, sacrifican al ídolo de Euzkadi como única
realidad substancial que se realiza en la
autoconciencia de su ser "vasco". Solo y antes que
cualquier otra cosa, "vasco". Así, por lo "vasco"
pierden incluso su misma mínima humanidad. Han
rechazado la herencia paterna y roto su vínculo
histórico, que no es tan solo el vínculo de la
sangre, sino la tradición de Vizcaya, la tradición
de Álava, la tradición de Guipúzcoa que es
amasamiento de lo natural -libertad foral- en la
Sangre vivificadora de Cristo.
No
es Madrid quien ha privado de fueros a Álava,
Guipúzcoa y Vizcaya. Es la revolución liberal. No es
España. Pero los principios por los que se
abolieron, y no se han restaurado, son los asumidos
hoy por el Partido Nacionalista Vasco, contra el
País Vasco y contra España. Así se invoca la
Disposición Adicional primera: "La Constitución
ampara y respeta los derechos históricos de los
territorios forales".¿Qué son los derechos
históricos?. Cuando se habla de ellos, todos,
constitucionalistas, nacionalistas y carlistas, nos
referimos a los Fueros.
En
el juego político impuesto por el nacionalismo y
alentado por la UCD-PP y el PSOE, se han dejado a un
lado las instituciones forales, plurales, distintas,
diversas, evolutivas, de cada uno de los
territorios, y han sido sustituido por instituciones
provenientes del Estado liberal-constitucional. La
gran contradicción del nacionalismo, es que acepta,
afirma, sostiene y quiere aquello que fue la causa
de la pérdida y extinción de las libertades
seculares vascas en cada una de sus manifestaciones
territoriales. Conservan los términos, pero
estancados, vacíos, alterados, trabucados; conservan
las instituciones, pero como remedo centralista. La
visión del nacionalismo es el mismo enfoque y
perspectiva que ha tenido Madrid desde 1812 cuando
se abolieron por primera vez las libertades
políticas y jurídicas. Lo cual se echa de ver en el
mismo examen del Estatuto de Guernica que sufre la
realidad vasca: Las instituciones tradicionales de
las provincias están dominadas por el entramado
parlamentario de los partidos que asfixia la
posibilidad de auténtica participación y
representación democrática. A la exasperante
legislación de la administración estatal, le ha
sucedido una más exasperante legislación autonómica
que centraliza, controla, mata la entera vida
social. Dicen estar por el autogobierno, pero no
creen en el autogobierno ni en la capacidad humana
para acometer metas y empresas plurales por sí
mismas. Niegan por principio la libertad personal y
las libertades sociales, civiles y políticas. Niegan
la familia; aborrecen del municipio y las comarcas.
Están contra las provincias, para sostener el
Parlamento Nacional, como sede de la soberanía
nacional del Pueblo Vasco o del estado Nacional
Vasco. ¿En qué se diferencia esto del ejercicio dos
veces secular de la llamada soberanía nacional
española o del Pueblo Español?. El nacionalismo ha
elevado a principios de acción los mismos principios
por los que murió la libertad en estas tierras. No
hay mayor traición a estas tierras de la Euskalerría
que la que procuran los partidos políticos de hoy,
encabezados por los partidos nacionalistas.
No
quieren Fueros
El
Fuero para ellos es puro folklore de alpargata,
chistu y pandereta. No son forales, son
centralistas, son uniformistas, son nacionalistas. Y
por lo tanto contrarios al País Vasco. Lo invocan
para negarlo, asfixiarlo y destruirlo. Y si antes
unos invocaron la unidad nacional para hacer tabla
rasa de todo derecho histórico, ahora se invoca el
mismo derecho histórico para eliminar toda la
tradición vasca, que es plural, que es diferencial,
que es diversidad en la comunión humana en el
espacio y el tiempo. Y porque la misma historia no
deja de clamar contra su negación radical,
falsifican la historia. Abandonando la tradición de
Euskalerría, han terminado traicionando al mismo
Arana, y a la vista está si se lee a éste, como a
Aguirre o al mismo Irujo quien declara que el
Estatuto de 1936, antecedente del actual, no brota
de la tradición vasca, sino que era simple
componenda.
No
hay "fuero vasco", no lo ha habido. Han existido,
cuando eran libres, los fueros; que se concretaban
inmediatamente en ser Fueros y Derechos Históricos
de Álava, de Vizcaya y de Guipúzcoa. De igual manera
sucedía con la vida social y cultural, la laboral y
la educativa, la civil y la política.
Lo
que es el Fuero y lo que no es
El
Fuero no es autodeterminación, ni voluntad popular o
nacional. Es orden jurídico. El Fuero son libertades
concretas, las de un pueblo, en sus aspectos
políticos y civiles; es comunidad histórica. El
Fuero es expresión legal de la autoridad de la
tierra, y petición de la representación
socio-política. El Fuero no es unificación
normativa, como la que se viene realizando por los
sucesivos Gobiernos vascos, sino adecuación de la
expresión de la vida social a las necesidades
varias que la misma evolución y cambio exigen. El
Fuero es tradición histórica. Es comunión jurídica.
Se ordena a la persona en la vida social, radicando
en preservar la sociedad natural familiar, y la
libertad de ordenar la casa; y el ayuntamiento de
casas que da en la vida municipal, en la vida escolar, en la vida económica y laboral, en la vida
política. Según el tamiz del tiempo impone dejar en
desuso lo que estaba en uso, o en tomar como uso y
costumbre, elevado a ley por la autoridad de la
tierra, lo que no era y pasa a ser.
Nuestra Propuesta.
¿Qué propone la CTC para nuestra tierra? Primero
unos mínimos: No mentir, no falsificar, no
manipular, no violentar la conciencia personal, no
violentar la conciencia social, no matar. Respetar.
Comencemos por respetarnos unos a otros asumiendo un
compromiso moral de mínimos en la misma vida social
y política. No podemos falsificar la historia,
incluido el mismo presente. La CTC alienta, quiere y
declara que la sociedad viva por sí en orden al bien
común. Anima a que cada cual, personal y
socialmente, se plantee ser constructivo para una
sociedad más próspera económica, social, política y
moralmente. Renunciar al miedo como ejercicio de
la política. Renunciar al mito como falsificación de
la esperanza política. Renunciar a la uniformización
y control como negación de la vida y existencia
social. Proponemos vivir en libertad, y la libertad
exige la verdad.
Proponemos un reencuentro con nuestra historia que
posibilite una auténtica reconciliación social y
política. Retomar la tradición de nuestras tierras.
Jaungoikoa eta Foruak manifiestan el ser de nuestra
Patria común bajo la autoridad legítima en sus
plurales expresiones alavesa, guipuzcoana y
vizcaína. Más allá de esto, sostenemos la
reintegración foral, expresión de nuestra
constitución histórica plural, para Álava, Guipúzcoa
y Vizcaya. Sostenemos la reintegración de las
instituciones forales. Denunciamos el terror, los
asesinatos, la extorsión, la política del miedo y de
la mentira. Denunciamos los atentados contra
nuestras libertades, sacudidas en primera ocasión
por la Constitución de 1812, y en cuya línea se
encuentra la de 1978. Denunciamos como contrario a
la tradición vasca el Estatuto de 1936. Denunciamos
como radicalmente contrario a la tradición patria el
Estatuto de 1979. Denunciamos como corruptora de
la sociedad vasca la acción del presente Gobierno
autonómico y del Gobierno de Madrid. Denunciamos la
confusión de partido, sociedad y estado que rige la
política nacionalista. Sostenemos la reforma del
texto de 1978 en el sentido de la libertad histórica
de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya.
Estamos por la vida y la libertad de la persona.
Desde el momento de la concepción hasta su muerte
natural. Estamos por la vida y la libertad de la
familia, primer núcleo de sociedad natural. Estamos
por la libertad de la conciencia personal y
familiar. Estamos por la libertad educativa y
escolar. Estamos por la libertad social. Estamos
por la libertad política. Estamos por la libertad de
Euskalerría en su vocación histórica a Las Españas.
No nos apoyamos en mito alguno, ni en utopías
futuras, ni en ejercicios de puro voluntarismo.
Somos conscientes que para llegar a esta meta hay
que hacerlo gradualmente. Que dentro de la actual
Constitución Española no caben plenamente nuestras
libertades. Pero la misma ambigüedad de la misma
nos permitiría cambiar el Estatuto. Derogarlo como
obsoleto, tal como pide Ibarretxe, y promulgar otro
que alivie la opresión a que nos somenten desde el
Gobierno Vasco y haga realidad la letra de la
Constitución, que, en medio de sus contradicciones,
defiende los derechos históricos de nuestras
tierras. Y los titulares de dichos derechos eran
las provincias y no la Euskadi que soñó Sabino de
Arana y que hoy ya nos oprime y controla en unos
términos que nunca aceptaron los vascos amantes de
sus libertades.
Conclusión
1.
La unidad de España y los españoles no se basa ni
tiene su origen en la Constitución. Es una realidad
anterior a la misma, como lo demuestran siglos de
historia común.
2.
Los carlistas no aceptamos la Constitución por
contraria a la tradición de las Españas. Por
antiespañola. Mientras que los nacionalistas la
rechazan porque la consideran española.
3.
Tanto el vigente Estatuto como la propuesta de
Ibarretxe están contra el ser y la libertad de los
pueblos de herencia vasca al fundarse en los mismos
principios liberales que asesinaron nuestros Fueros.
4.
Confesamos públicamente nuestra fe cristiana y la
vocación cristiana, única manera de afirmar la
libertad religiosa, de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya,
en su vida común con los pueblos hispánicos, como
conjunto de pueblos unidos por la Providencia.
Sostenemos la unidad de las tierras y pueblos de
España, como unidad de misión.
5.
Confesamos públicamente a Dios, y en Él esperamos.
Junta de gobierno de la Comunión Tradicionalista
Carlista.
Bilbao, a 4 de diciembre de 2003
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