jueves, 05 de octubre de 2006

Dios.Patria.Fueros.Rey Legítimo 

 

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4 de diciembre de 2003. Comunicado de la Junta. Frente a la propuesta de Ibarreche

La situación política española se ha conmovido en estos momentos (finales de 2003 y principio de 2004) por la llamada "Propuesta de Ibarretxe", que su autor presenta como "una iniciativa para la convivencia".

No vamos a repetir lo que casi todos los grupos políticos españoles ya han dicho: no es ninguna iniciativa para la convivencia, sino un paso previo a la total independencia de Euskadi, que concluiría con el establecimiento de un estado totalitario y racista. ¿Es compatible la propuesta con la Constitución?

Ibarretxe, como Presidente del Gobierno Vasco, lo único que ha pedido es que se aplique la Constitución y se supere el Estatuto de Guernica. Aunque a algunos les parezca que la Constitución no admite la propuesta, para otros está de acuerdo con ella. Hay quienes piensan que el derecho de autodeterminación es constitucional. Puesto que en la misma Constitución se articula el ejercicio del derecho de autodeterminación, y con ello conecta el estatuto de Guernica, en su artículo 1. 

 

Dos Falsedades

Antes de entrar en materia vamos a denunciar dos falsedades que hoy circulan como verdades indiscutibles y están recogidas en la Constitución. 

Soberanía: Al presente, es admitida como un poder supremo, sin limitación de ninguna clase. En un pasado próximo la ejercieron los reyes absolutos. Hoy se dice, y así lo recoge la Constitución, que reside en el pueblo, que la ejerce a través de los gobernantes que libremente elige. De hecho, es lo mismo que sostiene Ibarretxe: que el pueblo vasco decida. Los carlistas no reconocemos ningún poder absoluto, por eso en nuestro lenguaje no existe el término soberanía, si no es como un poder supremo, pero limitado. El poder solo puede ser ejercido por una persona o un grupo de personas. Nunca por todo un pueblo, cualquiera que sea el método por el que son designados quienes ejercen el poder.

Nación: es un término que en un principio significó exclusivamente origen. La Revolución Francesa, al decapitar al Rey que ejercía la soberanía, atribuyó ésta a la nación. Los filósofos idealistas alemanes se esforzaron en definir qué sea la nación. Lo cierto es que no hay en el Derecho Político término más difuso y controvertido que el de nación. Los carlistas prescindimos también de él. Máxime considerando que desde la Revolución se habla de la nación como "dueña absoluta de sus destinos". Nada ni nadie es dueño absoluto de sus destinos. Lo dice la Fe, para quienes creemos en Dios, y lo confirma la experiencia para nosotros y los que no creen.

Sobre esas dos falacias está elaborada nuestra Constitución. Al introducir en su texto el término nacionalidad, que o significa nación o no significa nada, incrustaron sus creadores un motivo para la destrucción de España convirtiéndola en un conglomerado de taifas. Los presupuestos por los que Ibarreche tiene razón son absolutamente idénticos a los presupuestos con que se manejan el Partido Popular y el PSOE.

 

La Constitución

Cuando se sometió a referéndum la actual Constitución, todos los grupos tradicionalistas se movilizaron en su contra. No existía la persona que representase a la insobornable Dinastía Carlista, la Legítima en España, pero la Bandera no estaba abandonada y no faltó quien proclamara inequívocamente que esta Constitución es ilegítima y todo carlista tiene el deber de combatirla. España existe desde hace muchos siglos. Como prueba, ahí está su obra en el conjunto de la historia universal. Es una vana pretensión  fundamentar la existencia de España en un texto legal, que lo más que podría hacer es reconocerla. Por eso la unidad de España y los españoles no se basa ni tiene su origen, pese a las opiniones de los políticos actuales de toda clase, ni en la unidad constitucional ni en la "unidad democrática".

Sobra toda la palabrería tanto de la Constitución y sus seguidores, como la de la Propuesta de Ibarretxe.

 

Habla Ibarretxe

El derecho que invoca Ibarretxe, resulta de un acto de voluntad. Pero los actos de la voluntad tienen que estar regulados por la razón. ¿Por qué va a ser más conveniente para los vascos independizarse de España que seguir siendo españoles?. ¿Han pensado los nacionalistas en los estrechos vínculos existentes entre nuestra tierra y el resto de España y los traumas a que daría lugar su ruptura?. Cuando los vascos han emigrado a la América hispana, se han establecido en sus tierras gozando de toda clase de respetos y consideraciones. Cuando su destino ha sido Norteamérica han tenido que aceptar la dura profesión de pastores que allí nadie quería ejercer. ¿No les dice nada eso? En las tierras hispanohablantes pierden el idioma en una generación, integrándose con los nativos. En Norteamérica lo conservan durante varias generaciones, gracias al aislamiento a que les obliga la sociedad yanqui.

Euskadi será lo que los vascos y las vascas decidan . Es la frase que más le gusta repetir a Ibarretxe, y la que con más placer escuchan sus seguidores. En ningún momento se detiene a reflexionar que los meros deseos casi nunca llegan a ser realidades. Los carlistas recordamos que existe España y dentro de ella los territorios que gozaron de derechos históricos, de Fueros. Los Fueros constituyeron cauces para la participación política y barreras frente a los abusos del poder. El "se obedece pero no se cumple", se aplicaba, pero no como mero ejercicio de una voluntad, "porque sí", sino por algún motivo grave.

Y es que frente al concepto liberal de que el poder del gobernante no conoce ninguna limitación, los carlistas, como herederos de la Tradición católica y española, sostenemos que el ejercicio del poder se justifica cuando se encamina al bien común y actúa de acuerdo con una justicia que está por encima de la voluntad humana. 

Rechazamos la Propuesta de Ibarretxe porque, además de romper la unidad de España, nos propone "más de lo mismo". Más de lo que ya estamos padeciendo con la Constitución y el Estatuto actuales: un gobierno que nos tiraniza, aunque su sede sea Vitoria.

 

Falsifican la Tradición de Euskalerría

No hay nada que atente más contra el ser y la libertad de los pueblos de herencia vasca que el nacionalismo mal denominado "vasco". Ni que niegue más la historia de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya que la historia oficial que propaga el nacionalismo: la Euzkadi una, grande y libre. Que culmina para el PNV en el rechazo de la confesión pública de Dios y su dominio sobre este mundo y en tomar los Fueros por su condición nominal y en mera apariencia.

Los nacionalistas se han hecho incapaces de amar tal y como es la propia tierra; han dado lugar a la mentira, la extorsión, el asesinato y el terror. Centrados en la ensoñación de la Liberación Nacional, sacrifican al ídolo de Euzkadi como única realidad substancial que se realiza en la autoconciencia de su ser "vasco". Solo y antes que cualquier otra cosa, "vasco". Así, por lo "vasco" pierden incluso su misma mínima humanidad. Han rechazado la herencia paterna y roto su vínculo histórico, que no es tan solo el vínculo de la sangre, sino la tradición de Vizcaya, la tradición de Álava, la tradición de Guipúzcoa que es amasamiento de lo natural -libertad foral- en la Sangre vivificadora de Cristo.

No es Madrid quien ha privado de fueros a Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. Es la revolución liberal. No es España. Pero los principios por los que se abolieron, y no se han restaurado, son los asumidos hoy por el Partido Nacionalista Vasco, contra el País Vasco y contra España. Así se invoca la Disposición Adicional primera: "La Constitución ampara y respeta los derechos históricos de los territorios forales".¿Qué son los derechos históricos?. Cuando se habla de ellos, todos, constitucionalistas, nacionalistas y carlistas, nos referimos a los Fueros.

En el juego político impuesto por el nacionalismo y alentado por la UCD-PP y el PSOE, se han dejado a un lado las instituciones forales, plurales, distintas, diversas, evolutivas, de cada uno de los territorios, y han sido sustituido por instituciones provenientes del Estado liberal-constitucional. La gran contradicción del nacionalismo, es que acepta, afirma, sostiene y quiere aquello que  fue la causa de la pérdida y extinción de las libertades seculares vascas en cada una de sus manifestaciones territoriales. Conservan los términos, pero estancados, vacíos, alterados, trabucados; conservan las instituciones, pero como remedo centralista. La visión del nacionalismo es el mismo enfoque y perspectiva que ha tenido Madrid desde 1812 cuando se abolieron por primera vez las libertades políticas y jurídicas. Lo cual se echa de ver en el mismo examen del Estatuto de Guernica que sufre la realidad vasca: Las instituciones tradicionales de las provincias están dominadas por el entramado parlamentario de los partidos que asfixia la posibilidad de auténtica participación y representación democrática. A la exasperante legislación de la administración estatal, le ha sucedido una más exasperante legislación autonómica que centraliza, controla, mata la entera vida social. Dicen estar por el autogobierno, pero no creen en el autogobierno ni en la capacidad humana para acometer metas y empresas plurales por sí mismas. Niegan por principio la libertad personal y las libertades sociales, civiles y políticas. Niegan la familia; aborrecen del municipio y las comarcas. Están contra las provincias, para sostener el Parlamento Nacional, como sede de la soberanía nacional del Pueblo Vasco o del estado Nacional Vasco. ¿En qué se diferencia esto del ejercicio dos veces secular de la llamada soberanía nacional española o del Pueblo Español?. El nacionalismo ha elevado a principios de acción los mismos principios por los que murió la libertad en estas tierras. No hay mayor traición a estas tierras de la Euskalerría que la que procuran los partidos políticos de hoy, encabezados por los partidos nacionalistas.

 

No quieren Fueros

El Fuero para ellos es puro folklore de alpargata, chistu y pandereta. No son forales, son centralistas, son uniformistas, son nacionalistas. Y por lo tanto contrarios al País Vasco. Lo invocan para negarlo, asfixiarlo y destruirlo. Y si antes unos invocaron la unidad nacional para hacer tabla rasa de todo derecho histórico, ahora se invoca el mismo derecho histórico para eliminar toda la tradición vasca, que es plural, que es diferencial, que es diversidad en la comunión humana en el espacio y el tiempo. Y porque la misma historia no deja de clamar contra su negación radical, falsifican la historia. Abandonando la tradición de Euskalerría, han terminado traicionando al mismo Arana, y a la vista está si se lee a éste, como a Aguirre o al mismo Irujo quien declara que el Estatuto de 1936, antecedente del actual, no brota de la tradición vasca, sino que era simple componenda.

No hay "fuero vasco", no lo ha habido. Han existido, cuando eran libres, los fueros; que se concretaban inmediatamente en ser Fueros y Derechos Históricos de Álava, de Vizcaya y de Guipúzcoa. De igual manera sucedía con la vida social y cultural, la laboral y la educativa, la civil y la política.

 

Lo que es el Fuero y lo que no es

El Fuero no es autodeterminación, ni voluntad popular o nacional. Es orden jurídico. El Fuero son libertades concretas, las de un pueblo, en sus aspectos políticos y civiles; es comunidad histórica. El Fuero es expresión legal de la autoridad de la tierra, y petición de la representación socio-política. El Fuero no es unificación normativa, como la que se viene realizando por los sucesivos Gobiernos vascos, sino adecuación de la expresión de la vida social a las necesidades varias que la misma evolución y cambio exigen. El Fuero es tradición histórica. Es comunión jurídica. Se ordena a la persona en la vida social, radicando en preservar la sociedad natural familiar, y la libertad de ordenar la casa; y el ayuntamiento de casas que da en la vida municipal, en la vida escolar, en la vida económica y laboral, en la vida política. Según el tamiz del tiempo impone dejar en desuso lo que estaba en uso, o en tomar como uso y costumbre, elevado a ley por la autoridad de la tierra, lo que no era y pasa a ser. 

 

Nuestra Propuesta.

¿Qué propone la CTC para nuestra tierra? Primero unos mínimos: No mentir, no falsificar, no manipular, no violentar la conciencia personal, no violentar la conciencia social, no matar. Respetar. Comencemos por respetarnos unos a otros asumiendo un compromiso moral de mínimos en la misma vida social y política. No podemos falsificar la historia, incluido el mismo presente. La CTC alienta, quiere y declara que la sociedad viva por sí en orden al bien común. Anima a que cada cual, personal y socialmente, se plantee ser constructivo para una sociedad más próspera económica, social, política y moralmente. Renunciar al miedo como ejercicio de la política. Renunciar al mito como falsificación de la esperanza política. Renunciar a la uniformización y control como negación de la vida y existencia social. Proponemos vivir en libertad, y la libertad exige la verdad.

Proponemos un reencuentro con nuestra historia que posibilite una auténtica reconciliación social y política. Retomar la tradición de nuestras tierras. Jaungoikoa eta Foruak manifiestan el ser de nuestra Patria común bajo la autoridad legítima en sus plurales expresiones alavesa, guipuzcoana y vizcaína. Más allá de esto, sostenemos la reintegración foral, expresión de nuestra constitución histórica plural, para Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. Sostenemos la reintegración de las instituciones forales. Denunciamos el terror, los asesinatos, la extorsión, la política del miedo y de la mentira. Denunciamos los atentados contra nuestras libertades, sacudidas en primera ocasión por la Constitución de 1812, y en cuya línea se encuentra la de 1978. Denunciamos como contrario a la tradición vasca el Estatuto de 1936. Denunciamos como radicalmente contrario a la tradición patria el Estatuto de 1979.   Denunciamos como corruptora de la sociedad vasca la acción del presente Gobierno autonómico y del Gobierno de Madrid. Denunciamos la confusión de partido, sociedad y estado que rige la política nacionalista. Sostenemos la reforma del texto de 1978 en el sentido de la libertad histórica de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya.

Estamos por la vida y la libertad de la persona. Desde el momento de la concepción hasta su muerte natural. Estamos por la vida y la libertad de la familia, primer núcleo de sociedad natural. Estamos por la libertad de la conciencia personal y familiar. Estamos por la libertad educativa y escolar.  Estamos por la libertad social. Estamos por la libertad política. Estamos por la libertad de Euskalerría en su vocación histórica a Las Españas. No nos apoyamos en mito alguno, ni en utopías futuras, ni en ejercicios de puro voluntarismo. Somos conscientes que para llegar a esta meta hay que hacerlo gradualmente. Que dentro de la actual Constitución Española no caben plenamente nuestras libertades. Pero la misma ambigüedad de la misma  nos permitiría cambiar el Estatuto. Derogarlo como obsoleto, tal como pide Ibarretxe, y promulgar otro que alivie la opresión a que nos somenten desde el Gobierno Vasco y haga realidad la letra de la Constitución, que, en medio de sus contradicciones, defiende los derechos históricos de nuestras tierras. Y los titulares de dichos    derechos eran las provincias y no la Euskadi que soñó Sabino de Arana y que hoy ya nos oprime y controla en unos términos que nunca aceptaron los vascos amantes de sus libertades.

 

Conclusión

1. La unidad de España y los españoles no se basa ni tiene su origen en la Constitución. Es una realidad anterior a la misma, como  lo demuestran siglos de historia común.

2. Los carlistas no aceptamos la Constitución por contraria a la tradición de las Españas. Por antiespañola. Mientras que los nacionalistas la rechazan porque la consideran española.

3. Tanto el vigente Estatuto como la propuesta de Ibarretxe están contra el ser y la libertad de los pueblos de herencia vasca al fundarse en los mismos principios liberales que asesinaron nuestros Fueros.

4. Confesamos públicamente nuestra fe cristiana y la vocación cristiana, única manera de afirmar la libertad religiosa, de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, en su vida común con los pueblos hispánicos, como conjunto de pueblos unidos por la Providencia. Sostenemos la unidad de las tierras y pueblos de España, como unidad de misión.

5. Confesamos públicamente a Dios, y en Él esperamos.

 

Junta de gobierno de la Comunión Tradicionalista Carlista.

Bilbao, a 4 de diciembre de 2003

 

 

 

 

 

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