|
La agresividad de los poderes públicos y la
manipulación de la cultura contra la fe cristiana y
contra las instituciones inspiradas en ella está
moviendo a un número creciente de personas a buscar
los cauces apropiados para la acción cívica y
política. Este acoso ha provocado la aparición de
nuevas entidades en defensa de instituciones
sociales y principios elementales para la
convivencia. Al mismo tiempo, han cobrado nueva vida
otros grupos antiguos que languidecían en ámbitos
restringidos, y son numerosas las voces que se alzan
pidiendo una acción concertada al servicio del
pueblo cristiano.
La CTC ha sostenido durante años los principios
cívico-religiosos emanados de la Doctrina Social de
la Iglesia, y se felicita de que otras iniciativas
den igualmente respuesta a sus llamamientos. Espera
que éstas reflejen un conocimiento real de la seria
situación espiritual y social de nuestra patria.
Nuestra Comunión ha demostrado sobradamente, en
momentos decisivos de la historia española, su
capacidad para sacrificarse por la civilización
cristiana, aportando a las empresas que fueron
dignas de ello el empuje de sus hombres y mujeres.
Esta ejecutoria nos demanda ahora clarificar nuestra
posición respecto a las inquietudes actuales,
mediante las reflexiones que siguen, para evitar que
nuestro silencio se preste a cualquier tipo de
confusión:
La CTC siempre ha estado, y sigue estando, abierta a
tratar las necesidades de la situación, con la mayor
amplitud de miras, con las entidades católicas de
cualquier tipo operantes en la esfera cívica o
política. Únicamente hemos cerrado las puertas a
posiciones manifiestamente heterodoxas y a grupos
contestatarios a la autoridad del Papa o al
magisterio permanente de la Iglesia.
1. La resonancia histórica de nuestra Comunión, y la
nitidez de sus principios y de sus símbolos no se
avienen a planteamientos ambiguos en materia
doctrinal ni pueden disimularse para pagar peaje a
lo “políticamente correcto”. Somos conscientes de
las limitaciones de nuestra organización política.
Pero no se nos oculta que tales limitaciones son
comunes a casi todas las entidades católicas
presentes en la vida pública.
2. Un número relevante de vocaciones religiosas y
políticas en nuestra sociedad procede de familias de
carlismo arraigado. No es casual que aquellos
ambientes donde se ha rendido culto a la tradición
cristiana hayan resultado fecundos en vocaciones
comprometidas. La capacidad de sobreponerse a las
corrientes dominantes no se improvisa. Es producto
de vocaciones crecidas a la sombra de lo auténtico.
3. Es deber de la CTC prevenir al pueblo carlista y
a todos los católicos patriotas en general sobre las
limitaciones del activismo inspirado por apremios
puramente defensivos. Se abordan los problemas por
las ramas cuando la raíz, el naturalismo político o
el liberalismo, no pueden arrancarse. Y no pueden
arrancarse cuando se aceptan sus premisas
fundamentales como peaje satisfecho a la cultura
democrática.
4. La CTC mantiene contacto con la jerarquía de la
Iglesia, cuyas orientaciones religiosas sigue
fielmente. Al mismo tiempo, recaba su plena
autonomía en el terreno político, autonomía no sólo
permitida (G.S. 76), sino urgida a los fieles
seglares por el Concilio Vaticano II. Es en virtud
de esta autonomía y protagonismo, estrictamente
seglares como la CTC puede desarrollar un diálogo
filial y respetuoso con la jerarquía eclesiástica,
elevando a los pastores aquellas preocupaciones
propias del orden temporal y aquellas exigencias de
la identidad española asumidas por nosotros como
herencia irrenunciable.
5. Es importante aclarar que la CTC no se opone a la
participación de los carlistas en actividades de
otros grupos católicos, ni siquiera de sus miembros
y simpatizantes, aunque sí espera de éstos, en
cualquier caso, un conocimiento riguroso de las
diferencias de planteamiento y de estatuto, así como
de las consecuencias que, a distintos niveles,
especialmente en el orden doctrinal y programático,
acarrean estas diferencias.
6. Esta Comunión quiere reiterar públicamente su
identificación con el principio del exclusivo origen
divino de la autoridad, reafirmado solemnemente como
palabra sacrosanta, en el mensaje conciliar del
Vaticano II a los gobernantes (Docs. del C. Vaticano
II: mensajes a la Humanidad. A los gobernantes:
B.A.C., Madrid, 1975, pág. 620). Este compromiso
supone en el orden práctico un propósito constante
de introducir invariantes en los procesos
democráticos, para reivindicar el orden
divino-natural en las instituciones vigentes.
7. El programa político de la CTC es coherente con
la Doctrina Social de la Iglesia, adaptado a su
magisterio más actual, fundado sobre la permanente
vigencia de sus principios esenciales: Estamos
seguros de la continuidad de esta doctrina sobre sus
principios básicos, antes y después del último
Concilio Ecuménico, sin fracturas ni giros
contradictorios. Aceptamos de antemano el
aislamiento que esta coherencia pueda producirnos
respecto a quienes, desde opuestos extremos,
imaginen fracturada dicha continuidad.
8. La CTC no comparte la creencia de que la
participación en el debate social exija de las
formaciones católicas adaptaciones que, yendo más
lejos de lo accidental, comprometa los principios o
disimule elementos valiosos de nuestra herencia
histórica reciente o lejana. Por el contrario, esta
Comunión estima probada la incapacidad de tales
procedimientos para abrir espacios a la acción
católica en la cultura dominante. La inspiración de
esta cultura hace irrelevante todo pronunciamiento
carente de caridad.
9. La CTC asume, en la medida de su representación,
pero de forma irrevocable, el mantenimiento de los
compromisos solemnemente contraídos por la nación
española con el Sagrado Corazón de Jesús, haciéndose
portavoz de la adhesión perseverante de una parte
aún significativa de nuestros pueblos a Su
Soberanía. La CTC cree de importancia decisiva para
el futuro inmediato de España la renovación de las
consagraciones realizadas en el siglo pasado,
incluida aquélla al Corazón Inmaculado de María de
la que hoy se cumplen cincuenta años.
10. La CTC está abierta a todos aquellos católicos
conscientes de la importancia de sostener los
principios indispensables al orden temporal. Tiene
plena confianza en la capacidad de innumerables
compatriotas para encontrar, en momentos de grave
crisis histórica, el camino de la genuina
liberación, que no es otro que el de la Verdad. Que
nadie se sienta excluido, sino aceptado.
Y afincados en la seguridad del triunfo próximo y
arrollador de Aquél que viene a establecer su Reino
(Ap. 11, 17).
Junta de Gobierno de la Comunión Tradicionalista
Carlista
Madrid, 12 de Octubre de 2004. 50º aniversario de la
Consagración de España al Inmaculado Corazón de
María |