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Hemos llegado a un punto donde la expresión de la
verdad sin distorsiones - como en presente documento
- se hace problemática.
Una esclavitud sin antecedentes nos aguarda si no
recuperamos los principios doctrinales y morales.
El peligro se agudiza al difundirse equívocos sobre
la libertad desde altavoces que la calle relaciona -
con mayor o menor razón - con la Iglesia. Olvidos
doctrinales, alteraciones disimuladas de la
jerarquía de valores, y distorsiones de la realidad,
comprometen el compromiso de los católicos en la
vida pública. Estos equívocos desvían las esperanzas
cristianas hacia un espejismo: Pagar peaje a la gran
mentira corruptora de la historia moderna: Al
liberalismo. Renunciando así - con disimulo pero sin
remedio - a rectificar verdaderamente su cultura de
muerte. Una contradicción que acaba siempre con la
inhibición frustrada de los mejores. Y con un
abandono más o menos disimulado de la política…
La Comunión Tradicionalista Carlista, - desde la
humildad, pero con certeza doctrinal y experiencia
histórica - quiere prestar un nuevo servicio,
proporcionando algunas pautas sencillas para
rechazar este espejismo. Cada uno de los artículos
del siguiente “decálogo” sale al paso de sofismas
difundidos reiteradamente. Apelamos con ello, de
manera apremiante, a la responsabilidad de los
hombres y mujeres de buena voluntad, para que no se
dejen confundir en esta hora decisiva.
DECALOGO DE LA LIBERTAD
1º. El deterioro espiritual impide el ejercicio
de la libertad.
Comentario: La libertad natural o libre albedrío -
es decir, la capacidad de orientar la voluntad
optando entre distintos actos, se apoya en la
racionalidad del hombre, la cual es, a su vez,
atributo de su alma espiritual. Se ejerce
positivamente eligiendo lo bueno y lo verdadero. La
elección de la mentira, el desorden y el pecado, no
actúa la libertad sino que la corrompe: Dios es el
ser más libre y no peca. El pecado es siempre una
esclavitud (Sto. Tomás, In Ioannem 8, lectura 4).
Una cultura que fomenta el pecado, por mucho que
hable de libertad, es una cultura que esclaviza al
hombre. Una sociedad que estructura o
institucionaliza el pecado es una sociedad
esclavizada o en vías de estarlo. La noción misma de
pecado está en trance de perderse por amplios
sectores de la sociedad española.
2º. La libertad social no consiste en
hacer el capricho personal (individual) sino en
vivir socialmente según la ley natural (reflejo de
la eterna).
Comentario: Hemos rebasado con mucho el punto
crítico donde la garantía “legal” del capricho
egoísta, insolidario, e incluso criminal - como en
el aborto y la eutanasia - prevalece sobre la
protección debida a los más débiles. La perversión
del concepto de libertad está convirtiendo a España
en una jungla salvaje…Es ilusorio pretender
seguridad acumulando medidas penales y policíacas
porque la sociedad se está desintegrando ante
nosotros, y solo los ciegos siguen sin verlo… Hemos
llegado a esto tras un itinerario de ilusiones y
componendas que conduce directamente a la tragedia.
3º. Cuando la tolerancia del mal causa males
mayores que los bienes que reporta, esta tolerancia
es ilícita.
Comentario: Se ha prostituido también la doctrina
del Vaticano II (que adaptaba la doctrina de San
Agustín y de Sto. Tomás a nuestro tiempo) sobre la
tolerancia del mal. El poder público y la ley ya no
“toleran” el mal “en determinadas circunstancias y
en aras del bien común”, sino que lo tutelan en
condiciones lesivas para el bien, cuando no lo
fomentan deliberadamente. Por parte de los
católicos, la reducción del testimonio de la verdad
al ámbito subjetivo, practicada a todos los niveles,
falsifica la caridad: El respeto al que yerra se
confunde deliberadamente con la admisión del error.
Esta falsificación de la caridad se opera bajo
presión del liberalismo y no se corregirá sin
clarificar los principios.
4º. La libertad es imposible contra el orden
natural.
Comentario: Recordemos antiguos avisos de la
Iglesia: Es absolutamente contrario a la naturaleza
que pueda lícitamente el estado despreocuparse de
las leyes divinas o establecer una legislación
positiva que las contradiga . Hoy verificamos que el
relativismo de la cultura política amenaza
directamente nuestra libertad. Los niños no son
libres para nacer; los ancianos y los enfermos
terminales huyen - de Holanda - para no ser
asesinados en las clínicas; los padres somos
despojados de la patria potestad y el Estado intenta
corromper de las conciencias de nuestros
hijos…Cualquier perversión goza de respaldo legal,
mientras libertades esenciales para la vida
desaparecen. Esta situación clama contra los
experimentos contrarios a la tradición cristiana.
5º. La libertad de los cristianos en el estado
agnóstico o neutro sería posible únicamente si este
reconociese la supremacía de la ley natural.
Comentario: El planteamiento de R. Spaemann ha
puesto de relieve la contradicción de fondo sin
resolverla. En efecto, no se trata de que los
cristianos “no puedan contentarse con no hacer -
ellos mismos - nada injusto”, sino que tienen -
tenemos - además, la obligación moral de tratar de
impedir - empleando todos los medios moralmente
lícitos - la injusticia que practican los no
cristianos. Máxime cuando esta injusticia afecta de
forma criminal a terceros inocentes: La
subordinación de la ley moral al criterio numérico
supone, en pleno genocidio, una inversión gravísima
de la jerarquía de valores. “La tolerancia legal del
aborto o de la eutanasia no puede de ningún modo
invocar el respeto de la conciencia de los demás”
(J. Pablo II : Evangelium vitae, 71) Las leyes
contra la naturaleza “están privadas totalmente de
auténtica validez jurídica” (J. Pablo II, ibid., 72)
Por tanto, es la misma pretensión de subordinar la
naturaleza a la voluntad de las mayorías la que nos
sitúa automáticamente en situación crítica ante la
“ley” positiva.
6º. La confesión institucional de la verdad no
impide la libertad religiosa sino que es lo único
que puede garantizarla.
Comentario: El Islam y su caricatura de
“teocracia” están siendo utilizados por el
liberalismo para desalentar la verdadera libertad de
los pueblos. La libertad es Jesucristo, cuyo
reconocimiento público no solo es compatible sino
necesario para el respeto de la dignidad humana. La
renovación de los corazones en Jesucristo exige
inmediatamente la transformación decidida de la
cultura política. La autonomía temporal fundada en
el consejo Evangélico “lo que es del Cesar” (Mt. 22,
21) no deroga la ley eterna. Las democracias
liberales actuales, al subordinar la ley natural,
exceden la competencia “del Cesar” y se sitúan en el
antiteísmo frontal . Ninguna visión falseada o
edulcorada de esta realidad impedirá que la lógica
interna del liberalismo autorice la persecución
“legal” de los cristianos si lo avala el sufragio
mayorías corrompidas.
7º. La negación de la ley natural está implícita
en la filosofía del liberalismo.
Comentario: La negación práctica de la ley
natural se produce en la cultura post-moderna, pero
se encontraba implícita en la filosofía racionalista
y en su vertiente política liberal desde los inicios
de ambas. Ha sido Juan Pablo II – no Sardá y Salvany
- quien ha definido el liberalismo como “la libertad
sin verdad y sin responsabilidad” y es insostenible
atribuir a su encíclica Centessimus annus cualquier
tipo de respaldo, aun remoto, del individualismo
anglosajón. Carece además de rigor contraponer el
antiteismo actual (la “plaza pública desnuda” de R.J.
Neuhaus) a un supuesto liberalismo originario
“respetuoso” de la norma trascendente: Precisamente
el liberalismo de los fundadores de Norteamérica se
fundaba en la reducción protestante de lo
trascendente al plano subjetivo. Ese empeño es más
que problemático, por lo cual el catolicismo de los
Estados Unidos se aboca a una delicada revisión de
su marco cultural y político. Una revisión que solo
podrá hacerse desde una percepción teológica de la
historia.
8º. Las democracias liberales vigentes desembocan
ante nuestros ojos en el totalitarismo y la tiranía.
Comentario: El arbitraje de las mayorías se ha
convertido en la dictadura opaca de quienes
manipulan las pasiones mediante los medios de
comunicación. Las peores aberraciones pueden ser hoy
impuestas con refrendos mayoritarios. Esta cultura
icónica no puede contrarrestarse solamente con el
uso cristiano de las nuevas tecnologías: El mal
penetra los medios confesionales en la medida de su
crecimiento mercantil. El primer remedio es la
Gracia santificante. Pero los medios secundarios no
pueden estar en contradicción con ella. La libertad
necesita la preservación del criterio moral y de la
experiencia histórica. Necesita que España se atreva
a romper la inercia liberal y busque la justicia sin
concesiones ni desviaciones. Lo contrario del
liberalismo no es el colectivismo (¡muy
complementarios en China!) sino la verdadera
libertad que, también en la esfera temporal, solo
proporciona Jesucristo.
9º. La adaptación de los “católicos” al
liberalismo no procura la libertad sino que
contribuye a la esclavitud.
Comentario: La adaptación acrítica a la cultura
dominante revela desesperanza aunque afecte
optimismo. Este abrazo iluso a la democracia liberal
se produce cuando ésta descubre finalmente sus
carencias. Sin testimonio crítico no hay eficacia
transformadora. No se afronta la contradicción de
los mitos paganos. Se rinde culto idolátrico en la
esfera temporal, aunque se preserve temporalmente el
santuario…Si no se corrige con urgencia conducirá a
una apostasía en bloque. Porque la contradicción
entre el sacrum eucarístico y el peaje satisfecho a
la cultura genocida es sangrante. Ha llegado la hora
de la claridad de lenguaje y de actitudes. Los
liberales liberticidas hablan constantemente de
libertad, “han salido de nosotros, pero (ya) no son
de los nuestros…
10º. La transformación de la cultura política
exige la denuncia del liberalismo y un horizonte de
Cristiandad.
Comentario: La vejación de la Humanidad por las
prácticas políticas y económicas del liberalismo es
inocultable. Los recursos naturales están siendo
arrasados; la ciencia puesta al servicio de la
muerte; la guerra convertida en negocio, y
continentes enteros despoblados por la explotación y
las pandemias. Ya no se necesitan más pruebas de la
nocividad de las estructuras políticas supuestamente
“neutras”. Ni hay más tiempo para experimentos de
connivencia. La asimilación de los mitos políticos
paganos no favorece la transformación de las
estructuras, sino que alimenta la actual situación y
conduce a una tragedia universal. Una “síntesis
evangelizadora” en las democracias actuales solo se
hará desde la arena del testimonio de la verdad de
Dios y de su ley. Bajo el signo de la Cruz.
Junta de Gobierno de la Comunión Tradicionalista
Carlista
Madrid, 8 de Diciembre del 2005 , Festividad de
la Inmaculada Concepción, Patrona de España |