jueves, 05 de octubre de 2006

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7 de febrero de 2005. Comunicado de la Junta de Gobierno. Puntualizando el Plan Ibarretxe

Con motivo de la presentación en el Parlamento del Plan Ibarretxe, se viene repitiendo, tanto por los partidos del Plan, como por sus contrarios, que el empeño nacionalista vasco por alcanzar la independencia es una continuación de la oposición de los vascos del siglo XIX a la Revolución Liberal. Nada más falso.
En el citado siglo, y en toda España, se da una reacción contra los principios liberales que, en cuatro ocasiones, se traduce en conflictos armados. Es el pueblo español que no acepta le priven de sus libertades concretas y le impongan una tiranía enmascarada en la palabra “libertad”.

Aunque el territorio donde primero dominaron los carlistas fuera el vasconavarro, no hay que olvidar a Cataluña, Valencia, Aragón y otros y que toda España era carlista pese a que sólo en las regiones citadas cuajara el levantamiento popular.

El Carlismo fue perdiendo seguidores como consecuencia de sus derrotas militares, de la persecución sufrida por parte de los gobiernos liberales y de la acción contraria de una parte del episcopado, designado por los reyes usurpadores. Desde el final de la Cruzada fue la Dictadura la encargada de ahogar su vida para favorecer los planes del General Franco respecto a su sucesión.

El vacío que el Carlismo dejó en el pueblo, fue ocupado por otras doctrinas. En las Vascongadas y parte de Navarra, por el nacionalismo vasco,

Sabido es que cuando en el Pirineo se tala un bosque de hayas o robles, el espacio que queda libre es inmediatamente ocupado por coníferas. Eso no significa que las coníferas procedan de las hayas o los robles.

Dejando el proceso de formación y desarrollo del nacionalismo vasco para otros estudios más profundos, atengámonos a los fundamentos doctrinales del Plan Ibarretxe: son los del liberalismo contra el que lucharon los carlistas, también los vascos, del siglo XIX. Son los mismos en que se basa la vigente Constitución. Relacionarlos con el Carlismo es mucho más que un error: es un engaño al que recurren conscientemente los nacionalistas en busca de una justificación histórica que no tienen, y los constitucionalistas pretendiendo hacer suyas las falsas glorias del liberalismo decimonónico.

Unos y otros hablan de “libertad” a sabiendas que defienden los principios de la partitocracia que hoy tiraniza a los españoles. Ibarretxe pretende que la tiranía tenga etiqueta vasca. Sus contrarios se conforman con mantener una ficción de unidad que oculte o disimule el desastre al que el liberalismo ha llevado a España.

Junta de Gobierno de la Comunión Tradicionalista Carlista.

Madrid, 7 de febrero de 2005

 

 

 

 

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