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Con motivo de la presentación en el Parlamento del
Plan Ibarretxe, se viene repitiendo, tanto por los
partidos del Plan, como por sus contrarios, que el
empeño nacionalista vasco por alcanzar la
independencia es una continuación de la oposición de
los vascos del siglo XIX a la Revolución Liberal.
Nada más falso.
En el citado siglo, y en toda España, se da una
reacción contra los principios liberales que, en
cuatro ocasiones, se traduce en conflictos armados.
Es el pueblo español que no acepta le priven de sus
libertades concretas y le impongan una tiranía
enmascarada en la palabra “libertad”. |
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Aunque el territorio donde primero dominaron los
carlistas fuera el vasconavarro, no hay que olvidar
a Cataluña, Valencia, Aragón y otros y que toda
España era carlista pese a que sólo en las regiones
citadas cuajara el levantamiento popular.
El Carlismo fue perdiendo seguidores como
consecuencia de sus derrotas militares, de la
persecución sufrida por parte de los gobiernos
liberales y de la acción contraria de una parte del
episcopado, designado por los reyes usurpadores.
Desde el final de la Cruzada fue la Dictadura la
encargada de ahogar su vida para favorecer los
planes del General Franco respecto a su sucesión.
El vacío que el Carlismo dejó en el pueblo, fue
ocupado por otras doctrinas. En las Vascongadas y
parte de Navarra, por el nacionalismo vasco,
Sabido es que cuando en el Pirineo se tala un bosque
de hayas o robles, el espacio que queda libre es
inmediatamente ocupado por coníferas. Eso no
significa que las coníferas procedan de las hayas o
los robles.
Dejando el proceso de formación y desarrollo del
nacionalismo vasco para otros estudios más
profundos, atengámonos a los fundamentos doctrinales
del Plan Ibarretxe: son los del liberalismo contra
el que lucharon los carlistas, también los vascos,
del siglo XIX. Son los mismos en que se basa la
vigente Constitución. Relacionarlos con el Carlismo
es mucho más que un error: es un engaño al que
recurren conscientemente los nacionalistas en busca
de una justificación histórica que no tienen, y los
constitucionalistas pretendiendo hacer suyas las
falsas glorias del liberalismo decimonónico.
Unos y otros hablan de “libertad” a sabiendas que
defienden los principios de la partitocracia que hoy
tiraniza a los españoles. Ibarretxe pretende que la
tiranía tenga etiqueta vasca. Sus contrarios se
conforman con mantener una ficción de unidad que
oculte o disimule el desastre al que el liberalismo
ha llevado a España.
Junta de Gobierno de la Comunión Tradicionalista
Carlista.
Madrid, 7 de febrero de 2005
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