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Hoy se conmemora el 300
aniversario de la batalla de Almansa, vencida por
las tropas de Felipe V de Borbón sobre las del
archiduque Carlos de Habsburgo, que supuso el
triunfo del monarca francés, la abolición de los
fueros valencianos y, a la postre, también los
aragoneses y catalanes. Nadie sensato consideraría
motivo de celebración para nuestro pueblo la fecha
de la pérdida de sus usos, costumbres y libertades
tradicionales, pero dado que los grupos
nacionalistas han convertido desde hace cierto
tiempo este día en un símbolo de odio a España, los
carlistas valencianos, único movimiento político
genuinamente foralista que hay en nuestro reino, nos
sentimos en la obligación de efectuar en voz alta
varias reflexiones al respecto. |
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1)
La guerra de sucesión a la corona española
fue un conflicto dinástico, en el que los reinos de
Castilla, León y Navarra se inclinaron por el
pretendiente Borbón y los reinos de la Corona de
Aragón por el pretendiente Habsburgo. En ningún caso
se trató de una guerra de España contra nuestra
Corona, ni mucho menos contra el reino de Valencia,
como propala falsamente el nacionalismo en una de
sus ya habituales manipulaciones de la historia para
justificar sus ataques a España.
2)
La supresión de los fueros valencianos por el
rey Felipe V fue sin duda un acto de represalia
contra los que se habían alzado contra él (véase la
bárbara e injustificable destrucción contemporánea
de Játiva), así como un modo de destruir los
derechos y capacidad de los valencianos de hacerse
escuchar por el poder real. Sin embargo, esta acción
tuvo también un calado administrativo más duradero:
la unificación y centralización del estado, de la
que sólo se libraron el reino de Navarra y las
provincias vascongadas por su lealtad al monarca
triunfante. Queremos resaltar el significativo hecho
de que la centralización y el antiforalismo fueron
señas de identidad del régimen de gobierno
absolutista, inventado e importado de la corte de
Luis XIV de Francia y ajeno por completo a la
tradición política española. Como tantas otras
aberraciones posteriores, también entonces fueron
consideradas medidas modernas y eficaces.
3)
Los carlistas valencianos hacemos notar a la
sociedad que tal centralización no fue abolida por
la revolución liberal francesa de 1789 que, muy al
contrario, la fortaleció en todos sus extremos. Todo
el pensamiento liberal que ha dominado en Europa
desde hace más de un siglo es heredero directo de
esa consigna centralizadora y antiforalista,
incluyendo los partidos políticos actuales; tanto
los de ámbito nacional, que juegan a foralistas
haciendo cesiones autonomistas sin entender que el
fuero era ante todo uso y costumbre y leyes propias
cuyo respeto se pactaba entre la sociedad y el
poder, y no concesiones graciosas de poderes
estatales, como los nacionalistas regionales que,
bajo pretexto de reimplantar los fueros, y dominados
por los engaños del romanticismo político, quieren
crear pequeños estaditos centralistas en cada una de
las Españas, balcanizando y destruyendo el crisol de
pueblos de nuestra Patria que tantas glorias dio al
mundo y a la Iglesia.
Traemos a colación las palabras
de S.M.C don Carlos V el 19 de marzo de 1834 a los
aragoneses, prometiéndoles la restauración de sus
fueros, y definiéndolos como “el númen tutelar de
aquella parte tan preciosa de las Españas”. Los
carlistas pedimos una oración por el eterno descanso
de los muertos en aquella batalla y en aquella
triste y fratricida guerra, y apelamos al recuerdo
de las promesas de los monarcas legítimos para pedir
que los fueros sean restaurados en su constitución
original y adaptada a nuestros tiempos, y que dejen
de ser usados para sembrar el odio entre hermanos.
Junta Regional de la
Comunión Tradicionalista Carlista del Reino de
Valencia
25 de abril de 2007, festividad
de san Marcos evangelista, propagador de la Verdad
de Cristo frente a las mentiras del mundo.
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