domingo, 19 de agosto de 2007

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25 de julio de 2007. Comunicado de la Junta de Gobierno. Con motivo del anuncio de la beatificación de 498 mártires de la Cruzada

La Comunión Tradicionalista Carlista (CTC) quiere expresar su satisfacción ante la decisión de la Santa Madre Iglesia de elevar a los altares a medio millar de españoles martirizados entre 1934 y 1939.

 

La Comunión Tradicionalista recibió con serenidad, y con ánimo de colaboración en orden al bien común, la República proclamada en abril de 1931, como lo demuestra el manifiesto del  Rey  exiliado Jaime I, del 23 de abril de 1931.

Esta postura del partido de mayor tradición guerrera en España, demuestra que la República no encontró ninguna oposición procedente del campo católico.

 

Nuestros deseos de paz y concordia no se vieron correspondidos. Apenas había transcurrido un mes y hordas de “incontrolados”, pero tolerados por el Gobierno, se dedicaron al incendio de templos en Madrid y otras capitales españolas. Ante ello, con fecha 20 de mayo del mismo año, el Rey cursó una instrucción a los Jefes regionales de la Comunión en la que denunciaba el origen comunista de los desmanes, encarecía la necesidad de “agrupar a las fuerzas creyentes para salvaguardar el tesoro de la fe y de la religión” y terminaba reiterando a sus representantes la orden de “completar la organización” que les había encomendado poco antes.

 

Así, los carlistas, después de haber recibido el nuevo régimen, fueron los primeros en aprestarse para la nueva contienda que el salvaje fanatismo de la Revolución hacía inevitable.

Los hechos dieron la razón a sus previsiones.

 

Cuando el levantamiento armado se hizo inevitable, miembros del Ejército requirieron la colaboración de la Comunión. Las autoridades de ésta exigieron a los militares la derogación de todas las leyes que se habían promulgado contra la Iglesia. Ninguna otra condición que supusiera aspiraciones partidistas. Conseguido el compromiso, bajo su responsabilidad, sin implicar para nada a la Jerarquía de la Iglesia, dieron la orden del levantamiento, que inmediatamente fue obedecida por los requetés.

Como heredera de quienes tomaron tan dura decisión, que tanta sangre carlista habría de costar, la Comunión Tradicionalista Carlista (CTC) declara que la Jerarquía no tuvo ninguna participación en el Alzamiento y protesta ante las frecuentes manifestaciones de los falsificadores de la historia, que la involucran en algo en lo que no participó. El levantamiento fue gloria nuestra: de nuestro Rey exiliado, del Príncipe Regente que le auxiliaba, de su Secretario General y del pueblo carlista que les secundó.

 

Nos levantamos los carlistas anteponiendo a toda clase de apetencias políticas los supremos intereses de la Iglesia. Así el Anciano Rey D. Alfonso Carlos I, en carta del 25 de julio de 1936, dirigida a su Secretario General, aprobaba las negociaciones previas al alzamiento y la movilización de los leales, con las siguientes palabras:

“En momentos como los actuales no deben mirarse las cuestiones personales de partidos, sino tratar de salvar todos juntos la Religión y la Patria”.

 

Dentro de los horrores e injusticias que toda guerra conlleva, brilla la santidad de los mártires que murieron por no renegar de su Fe, perdonando a sus enemigos. Muchos de ellos pertenecieron a nuestra organización política. La decisión de la Iglesia de elevarlos a los altares es, a la vez, un indirecto reconocimiento a aquellos voluntarios que abandonaron sus hogares y hacienda, para jugarse la vida en aras de lo que más amaban: la libertad de la Iglesia.

 

Junta Nacional de gobierno de la Comunión Tradicionalista Carlista

Madrid, a día 25 de julio, festividad de Santiago Apóstol, patrón de la Hispanidad

 

 

 

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