|
César Alcalá es sólo un
aficionado a la historia, pero su libro
actual Checas de Valencia (editorial Styria)
puede seguir el camino del anterior, Checas
de Barcelona, y resultar un éxito de ventas.
El primero mereció un comentario del
historiador Gabriel Jackson. Aunque le
tildan de apuntarse a la corriente
revisionista en boga.
El tema, vidrioso y lacerante, había
merecido ríos de tinta de la derecha (en
tiempos de Franco, menos de la izquierda, un
fallo y un olvido). «No, los comunistas dan
la callada por respuesta, al menos conmigo
no ha hablado ninguno», afirmó ayer el
escritor en Valencia.
Los testimonios que recoge «son en su mayor
parte de la derecha -libros publicados- o de
gentes a los que amigos y familiares les
contaron las cosas y merecen crédito -al
menos a mí- porque lo he cotejado con la
documentación existente. También porque
Valencia quedó en zona republicana y se
persiguió a los partidarios de Franco y de
derechas durante la guerra civil». Es la
etapa que él estudia...
César Alcalá afirma que hubo 35 checas en
Valencia; en Castellón, ocho, y en Alicante,
12. «Fueron crueles, muy crueles; lo peor
eran los barcos y las sacas, especialmente
en Castellón», afirma el escritor.
«Se hizo dentro de la legalidad vigente; la
primera era de una oficina del Estado»,
declara.
Aunque las de los comunistas son más
conocidas, porque Martínez de Pisón ha
escrito sobre la desaparición y muerte de
Robles, traductor de John Dos Passos. «Había
una en la calle Carniceros; otras, en
Grabador Esteve, la de Santa Úrsula, la de
l'Illa...»
Los detenían «y los torturaban porque
buscaban sobre todo el dinero del Socorro
Blanco, aunque también hubo enfrentamientos
entre diferentes tendencias comunistas o de
izquierda; perseguían a los troskistas, a
los del POUM, a los de Izquierda
Republicana».
«Estas prácticas se usan hoy; lo de
Guantánamo es igual, pero entonces no
trasladaban a los presos en avión, pero sí
en coche; eran presos fantasmas, y no
reaparecían», afirma César Alcalá.
|
 |