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S. M. C. Don Javier
I (Francisco Javier de Borbón-Parma y
Braganza)
Duque de Parma y
Piacenza
Vareggio, 25 de mayo de
1889- Coira, 7 de mayo de 1977
04/03/1977. Los
principios fundamentales del carlismo |
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Ante ciertos rumores
relacionados con pretendidas declaraciones
políticas que se me atribuyen, quiero, en
este día, dar a conocer una declaración mía
para disipar toda confusión o malentendido
en cuanto a mi posición y forma de pensar,
en lo que al Carlismo se refiere, en su
permanente línea ideológica derivada de los
grandes principios que la informan y
constituyen su razón de ser. Debo, por
tanto, afirmar, ante todo, que si siempre me
he esforzado por mantener la unidad en el
seno de mi familia, no puedo consentir que
se utilice mi nombre, pese a lo que se
intentó hacerme decir para justificar un
gravísimo error doctrinal dentro del
Carlismo, haciéndolo aparecer ante la
opinión pública como partido socialista o
aliado del marxismo o del separatismo, que
son incompatibles con su propia naturaleza y
contra los cuales el Carlismo ha luchado
siempre con la mayor energía; de la misma
manera que también ha luchado contra el
capitalismo liberal materialista, que
todavía trata de imponerse en nuestra patria
como ya trató de hacerlo en el pasado.
Así, toda concomitancia de aquellos que se
llaman a sí mismos carlistas con el
separatismo o el socialismo, constituye una
provocación evidente y una clara voluntad de
engaño. No puede haber por tanto carlistas
ni carlismo fuera de la plena aceptación de
los principios fundamentales que son, quiero
recordarlo:
La confesionalidad católica; es decir, la
afirmación de nuestra condición católica
como primera razón de nuestra causa: Dios.
El mantenimiento del principio indiscutible
de la unidad nacional y del conjunto de
tradiciones específicas de la naturaleza de
la España de siempre y que dan su pleno
sentido al concepto de Patria.
La defensa de los fueros, fórmula que no
está en modo alguno en contradicción con el
principio anterior, sino que lo complementa.
Además de constituir unos derechos
históricos indiscutibles, representan la
libre y original evolución de cada región de
España, y de los cuerpos intermedios,
evitando así los graves inconvenientes del
centralismo absorbente y paralizador.
La afirmación de la necesidad de la
Monarquía para España que se basa en nuestra
convicción de que es herencia permanente de
autoridad, responsabilidad, independencia y
continuidad.
Todo esto, lo sé, puede parecer una
exposición de verdades elementales, pero
creo que es oportuno recordarlas para
terminar con ciertos falsos razonamientos
que pretenden hacer que se puede ser
carlista sin ser católico ni monárquico,
patente traición a las convicciones de todos
aquellos que, obedeciendo las órdenes que
tuve el honor de firmar en nombre de mi
augusto tío el Rey Don Alfonso Carlos,
lucharon con valor y murieron gloriosamente
por la religión y por la Patria.
Pido a Dios que el Carlismo, sin desviación
alguna, siga fiel a sí mismo para el mejor
servicio a España y la Cristiandad.
S.M.C Don Javier
París, 4 de marzo de
1977.
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