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Le doy gracias a Dios por los veintiseis
años de vuestro pontificado que nos ha
marcado profundamente, sobre todo a la
juventud. Le doy gracias a Dios por vuestra
defensa de la vida, desde la concepción
hasta la muerte. Le doy gracias a Dios por
vuestra defensa de la dignidad humana a
través de la labor de la más pequeña de las
monjas a la que elevaste a los Altares como
la más grande: Santa Teresa de Calcuta.
Le doy gracias a Dios porque amaste a la
gente jóven proponíendoles no tener miedo,
abridle el corazón a Cristo. Y los jóvenes
te quisimos sin reparos, con nuestros
cánticos, con nuestros bailes, con nuestros
gritos y aplausos.
Gracias Santo Padre por darle el Título a
España de Hija de María: "Decir España, es
decir María" y por la intercesión de la
Santísima Virgen, a la que dedicaste todo tu
Pontificado, quedabas unido a España y
España quedaba unida a tí, como vicario de
Cristo en la Tierra.
Gracias Santo Padre porque te opusiste a las
guerras en las que se pierde toda dignidad
humana y son orígen del mal.
Gracias Santo Padre por el apoyo a los más
débiles de la tierra, lo niños, a los que
nunca dejaste de besar, abrazar, acariciar,
bendecir, entre las lágrimas de sus padres.
Gracias a Dios por tu defensa a ultranza de
las familias cristianas y su derecho a
formar a sus hijos en el Amor a Cristo.
No puedo terminar más que rogando intercedas
por nosotros, los jóvenes, en estos duros
momentos que vivimos en España y en el
mundo, y volverte a decir: "Juan Pablo,
segundo, Te quiere todo el mundo". Algunos
más. Siempre te llevaremos en el corazón.
Ruega por nosotros junto a María, que te
tendrá cogido de su mano y amparado bajo su
manto. |