sábado, 23 de diciembre de 2006

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abril de 2005. Especiales. In memoriam Johannes Paulus II. Un regalo de Dios para el mundo/Un regal de Déu per al món. por Jordi Peño Iglesias

Habemus Papam! Con estas palabras, el 16 de octubre de 1978, un polaco, habiendo elegido los nombres de los artífices del Concilio Vaticano II (Juan y Pablo), apareció en nuestras vidas. Karol Wojtyla se nos presentó como una persona humilde y modesta, que pidió que se le corrigiera si, por un supuesto poco dominio del italiano, se equivocaba. Un gesto que pretendía ganarse a un pueblo del que habían procedido todos los Papas de los anteriores cuatro siglos, sin interrupción. Y nos ganó a todos.

 

26 años después, Juan Pablo II ha vivido el fin de sus días en la tierra de un modo muy significativo y doloroso. Sus últimos años han sido un verdadero Via Crucis personal, con caídas incluidas por el peso del dolor, a modo de estaciones, en las cuales supo cumplir como nadie esa “guía” que nos dio Jesús: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mc 8, 34-35). De esta manera recordaba al mundo entero el significado redentor y la dignidad del sufrimiento, que tanto parece haber olvidado.

Deja muy atrás aquel lejano 1920, cuando el 18 de mayo, en pleno mes de la Virgen, Emilia Kaczorowska daba a luz en Wadowice al que tiempo después se convertiría en referente para toda la humanidad, católica y no católica.

   

Lolek (así era llamado cariñosamente por su familia) nació en una Polonia que sufriría en lo sucesivo la opresión y ataque a su identidad e independencia por parte de las dos grandes “ideologías del mal”, como él mismo las calificaría en su último libro “Memoria e Identidad”, que fueron el nazismo y el comunismo.

 

Pero antes de todo esto vivió una infancia feliz. Fue un chico normal, gran deportista y aficionado al esquí, para lo cual podía recorrer largos kilómetros en busca de buenas pistas. Amigo de sus amigos, chicos y chicas, algunos de origen judío, como Jerzy Kluger. El mismo Karol recordaba años después cómo se le quedó grabado en la memoria que “ambos grupos religiosos, católicos y judíos, estaban unidos (...), con la conciencia de que rezaban al mismo Dios.” . Este hecho es determinante para que se empeñara en desarrollar una extraordinaria labor, iniciada por su predecesor Pablo VI, en el ecumenismo. Por ejemplo, ha sido el primer Papa en hablar en una Sinagoga (Roma, 1986), ante los que llamaba nuestros “hermanos mayores”, y fue el ideólogo de la convocatoria (Asís, 1986) a los líderes de todas las confesiones religiosas mundiales, para orar juntos por la Paz.

El joven Karol llevó la ausencia de su madre desde los 9 años bajo una fe recia y fuerte confianza en el Señor, que su padre le supo inculcar.

 

Pero su nación tuvo, el 1 de septiembre de 1939, la fecha del inicio de un cautiverio colectivo, que sufriría por partida doble, con la ocupación nazi e inicio de la Segunda Guerra Mundial. Vivió entonces un cristianismo comprometido y bajo riesgo para su vida. Tras la ocupación hubo de dejar la universidad Jagellónica donde estudiaba y desarrollaba una rica labor intelectual y cultural, teniendo, pues, que trabajar en una cantera y luego en una fábrica química (Solvay). De esta manera, se ganaba la vida y evitaba así la deportación a Alemania. Según relataba el propio Pontífice, esta experiencia le aportó el conocimiento en propia carne del cansancio físico, así como la sencillez, sensatez y fervor religioso de los trabajadores y los pobres.

 

Durante estos años de difícil situación, con la pérdida de su familia y la coyuntura de su país, se refuerza en el joven Karol una unión con la Madre Santísima que le acompañaría durante su vida y pontificado bajo el lema, tan generoso, de totus tuus!, ¡todo tuyo!.

Es en medio de estas circunstancias cuando surge en él la vocación del sacerdocio. Jan Tyranowski, un sastre con profunda devoción por la Virgen María, se convirtió en su guía en el camino del sacerdocio, que tiene su punto de partida el 1 de noviembre de 1946 con su ordenación sacerdotal en el Seminario Mayor de Cracovia.

 

Durante la vivencia de su vocación sacerdotal y posteriormente su misión episcopal, el padre Karol estudia los místicos españoles, el misterio de la Misericordia divina de Sor Josefina, y a los grandes filósofos de la historia, profundizando su estudio sobre Max Scheler. Durante algún tiempo desempeñó su labor como profesor de Ética en la Universidad Católica de Dublin y en la Universidad Estatal de Cracovia, donde interactuó con importantes representantes del pensamiento católico polaco, especialmente de la vertiente conocida como "tomismo lublinense”.

Además de participar en el Concilio Vaticano II (1962-65), con una contribución importante en la elaboración de la constitución Gaudium et spes, el Cardenal Wojtyla formó parte de todas y cada una de las asambleas del Sínodo de los Obispos.

 

Pero fue en 1978, tras la repentina muerte de Juan Pablo I, cuando Karol Wojtyla se convirtió en nuestro Santo Padre, iniciando una etapa en su vida y en las nuestras llenas de amor y sacrificio por su Iglesia y por el mundo.

 

Es difícil hacer un análisis profundo sobre la significación de su Pontificado cuando todavía sentimos su marcha al Cielo y en un espacio tan reducido como éste, pero lo que sí podemos asegurar es que éste ha sido el Papa de la gente: católicos o no. Quien habló con Bush, Arafat, Castro o Gorbachov. El Papa de los pobres, de la paz, la justicia social y del progreso de los pueblos a una escala humana. Quien defendió siempre y en todo momento la dignidad del hombre en todos los órdenes de la vida social y económica; el Papa que promovió convivencia pacífica y fraterna entre todos los pueblos de la Tierra.

Pero sobre todas estas consideraciones, Juan Pablo II ha sido el Papa de María, el hijo predilecto al cual ha brindado su amparo protector, prueba de lo cual tuvimos aquel 13 de mayo en San Pedro. Amar a María ha sido una constante en su vida, mostrándonos cómo nuestra Madre es la guía más directa para llegar al Padre, al Hijo y al Espíritu que nace del infinito Amor de Dios por el mundo.

Tal ha sido su vida, que su fe y caridad han rebosado conversiones personales de las conciencias por todo el mundo. Un servidor ha de reconocer que es uno de esos frutos personales del Papa. En Roma, en Cuatro Vientos, en Colón, por la televisión.. siempre que he tenido la suerte de verle, y alguna vez de muy cerca, he sentido en mí como algo se removía e impelía al amor y a la lucha por ser mejor, respondiendo a su entrega y sacrificio, una de las mejores imitaciones de Cristo que la humanidad haya podido presenciar. Me ha ayudado, en fin, a unirme más a Dios y a su Madre, todo gracias a esa entrega generosa ¡a la que debemos tanto!

 

Ya le echamos de menos, al mismo tiempo que nace en nosotros la convicción de que sigue velando por nosotros desde la derecha del Padre, alegre y servicial, como siempre ha sido, y en la certeza de que siempre le tendremos con nosotros. ¡Viva el Papa!  

 

Jorge Peño Iglesias

Estudiante de 3º de Derecho y Dirección de empresas

 

 

UN REGAL DE DÉU PER AL MON

 

Habemus Papam! Amb estes paraules, el 16 d'octubre de 1978, un polonés, havent triat els noms dels artífexs del Concili Vaticà II (Joan i Pau), va aparéixer en les nostres vides. Karol Wojtyla se'ns va presentar com una persona humil i modesta, que va demanar que se li corregira si, per un suposat poc domini de l'italià, s'equivocava. Un gest que pretenia guanyar-se a un poble del què havien procedit tots els Papes dels anteriors quatre segles, sense interrupció. I ens va guanyar a tots.

26 anys després, Joan Pau II ha viscut la fi dels seus dies en la terra d'una manera molt significativa i dolorosa. Els seus últims anys han sigut un verdader Via Crucis personal, amb caigudes incloses pel pes del dolor, a manera d'estacions, en les quals va saber complir com ningú eixa “guia” que ens va donar Jesús: “Si algú vol vindre darrere meu, negue's a si mateix, prenga la seua creu i seguisca'm” (Mc 8, 34-35). D'esta manera recordava al món sancer el significat redemptor i la dignitat del patiment, que tant pareix haver oblidat.

 

Deixa molt arrere aquell llunyà 1920, quan el 18 de maig, en ple mes de la Mare de Déu, Emília Kaczorowska donava a llum en Wadowice a qui temps després es convertiria en referent per a tota la humanitat, catòlica i no catòlica.

Lolek (així era anomenat afectuosament per la seua família) va nàixer en una Polònia que patiria d'ara en avant l'opressió i atac a la seua identitat i independència per part de les dos grans “ideologies del mal”, com ell mateix les qualificaria en el seu últim llibre “Memòria i Identitat”, que van ser el nazisme i el comunisme.

 

Però abans de tot açò va viure una infància feliç. Va ser un xic normal, gran esportista i aficionat a l'esquí, per a la qual cosa podia recórrer llargs quilòmetres a la recerca de bones pistes. Amic dels seus amics, xics i xiques, alguns d'origen jueu, com Jerzy Kluger. El mateix Karol recordava anys després com se li va quedar gravat en la memòria que “ambdós grups religiosos, catòlics i jueus, estaven units (...), amb la consciència que resaven al mateix Déu.”. Este fet és determinant perquè s'encabotara a desenvolupar una extraordinària labor, iniciada pel seu predecessor Pau VI, en l'ecumenisme. Per exemple, ha sigut el primer Papa a parlar en una Sinagoga (Roma, 1986), davant dels que anomenava els nostres “germans majors”, i va ser l'ideòleg de la convocatòria (Assís, 1986) als líders de totes les confessions religioses mundials, per a orar junts per la Paz.

El jove Karol va portar l'absència de sa mare des dels 9 anys baix una fe robusta i forta confiança en el Senyor, que son pare li va saber inculcar.

 

Però la seua nació va tindre, l'1 de setembre de 1939, la data de l'inici d'una captivitat col·lectiva, que patiria per partida doble, amb l'ocupació nazi i inici de la Segona Guerra Mundial. Va viure llavors un cristianisme compromés i baix risc per a la seua vida. Després de l'ocupació va haver de deixar la universitat Jagellónica on estudiava i desenvolupava una rica labor intel·lectual i cultural, tenint, per tant, que treballar en una pedrera i després en una fàbrica química (Solvay). D'esta manera, es guanyava la vida i evitava així la deportació a Alemanya. Segons relatava el propi Pontífex, esta experiencia li va aportar el coneixement en propia carn del cansament físic, així com la senzillesa, sensatesa i fervor religiós dels treballadors i els pobres.

Durant estos anys de difícil situació, amb la perdua de la seua família i el conjunt del seu país, es reforça en el jove Karol una unió amb la Mare Santíssima que li acompanyaria durant la seua vida i pontificat baix el lema, tan generós, de totus tuus!, tot teu!.

És al mig d'estes circumstàncies quan sorgix en ell la vocació del sacerdoci. Jan Tyranowski, un sastre amb profunda devoció per la Mare de Déu, es va convertir en el seu guia en el camí del sacerdoci, que té el seu punt de partida l'1 de novembre de 1946 amb la seua ordenació sacerdotal en el Seminari Major de Cracòvia.

 

Durant la vivència de la seua vocació sacerdotalment i posteriorment la seua missió episcopal, el pare Karol estudia els místics espanyols, el misteri de la Misericòrdia divina de Sor Josefina, i als grans filòsofs de la història, aprofundint el seu estudi sobre Max Scheler. Durant algun temps va exercir la seua labor com a professor d'Ètica en la Universitat Catòlica de Dublín i en la Universitat Estatal de Cracòvia, on va interactuar amb importants representants del pensament catòlic polonés, especialment de la vessant coneguda com "tomisme lublinense”.

A més de participar en el Concili Vaticà II (1962-65), amb una contribució important en l'elaboració de la constitució Gaudium et spes, el Cardenal Wojtyla va formar part de totes i cada una de les assemblees del Sínode dels Bisbes.

 

Però va ser en 1978, després de la sobtada mort de Joan Pau I, quan Karol Wojtyla es va convertir en el nostre Sant Pare, iniciant una etapa en la seua vida i en les nostres plenes d'amor i sacrifici per la seua Església i pel món.

És difícil fer una anàlisi profunda sobre la significació del seu Pontificat quan encara sentim la seua marxa al Cel i en un espai tan reduït com este, però el que sí que podem asegurar és que este ha sigut el Papa de la gent: catòlics o no. Qui va parlar amb Bush, Arafat, Castro o Gorbatxov. El Papa dels pobres, de la pau, la justícia social i del progrés dels pobles a una escala humana. Qui va defendre sempre i en tot moment la dignitat de l'home en tots els ordes de la vida social i econòmica; el Papa que va promoure la convivència pacífica i fraterna entre tots els pobles de la Terra.

Però sobre totes estes consideracions, Joan Pau II ha sigut el Papa de María, el fill predilecte al qual ha brindat el seu empar protector, prova de tot això vam tindre aquell 13 de maig en Sant Pere. Amar Maria ha sigut una constant en la seua vida, mostrant-nos com la nostra Mare és la guia més directa per a arribar al Pare, al Fill i a l'Esperit que naix de l'infinit Amor de Déu pel món.

 

Tal ha sigut la seua vida, que la seua fe i caritat han sobreeixit conversions personals de les consciències per tot el món. Un servidor ha de reconéixer que és un d'eixos fruits personals del Papa. A Roma, en Cuatro Vientos, en Colón (Madrid), per la televisió... sempre que he tingut la sort de vore´l, i alguna vegada de molt prop, he sentit en mi com alguna cosa es removia i impel·lia a l'amor i a la lluita per ser millor, responent a la seua entrega i sacrifici, una de les millors imitacions de Crist que la humanitat haja pogut presenciar. M'ha ajudat, en fi, a unir-me més a Déu i a Sa Mare, tot gràcies a eixa entrega generosa a la que devem tant!.

 

Ja el trobem a faltar, alhora que naix en nosaltres la convicció que continua vetlant per nosaltres des de la dreta del Pare, alegre i servicial, com sempre ha sigut, i en la certesa que sempre el tindrem amb nosaltres. Visca el Papa!

 

Jordi Peño Iglesias

Estudiant de 3r de Dret i Direcció d'empreses

 

 

 

 

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