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Presentó los actos don Augusto Cartier
Rodríguez, vicepresidente 1º del citado Ateo
Mercantil, quien hizo un resumen del extenso
historial académico de don Alfonso Bullón de
Mendoza (Premio Extraordinario de la
Universidad Complutense de Madrid; Premio de
la Fundación Luis Hernando de Larramendi, y
otros muchos etcéteras). Asimismo, agradeció
el Sr. Cartier que transcurridos tantos
decenios desde la primera carlistada podamos
analizar hoy este fenónemo civil con la
objetividad y el rigor que se merece.
Comenzada la conferencia, don Alfonso Bullón
de Mendoza aseguró que Ramón Cabrera –de
quien celebramos este año el 200º
Aniversario de su nacimiento- es el mejor
ejemplo de un pueblo en armas; de un civil
que con una brillante y vertiginosa carrera
militar acabó mandando el Ejército Real de
Aragón, Valencia y Murcia.
A continuación el Sr. Bullón de Mendoza,
criticó el error que supone considerar a la
1ª Guerra Carlista como un conflicto menor
que solo tuvo importancia en el Norte de
España y señaló que el mejor indicativo para
conocer la magnitud del conflicto es el
número de efectivos de los Ejércitos en
liza. Para apoyo de esta tesis significó que
el Ejército isabelino tuvo durante esta
contienda 66.159 bajas (del Ejército
carlista se carecen de datos), cifra que en
términos comparativos es muy superior a las
bajas del ejército nacional (50.000 bajas) y
del republicano (60.000) durante la Cruzada
de 1.936.
En 1.832, aseguró don Alfonso Bullón de
Mendoza, se sientan las bases de una
contienda que surgiría pasados unos meses.
Ese año, Fernando VII pone al frente del
ministerio a Cea Bermúdez quien emprende
depuración sin precedentes en la
Administración militar. Gran parte de los
efectivos de la Guardia de Corps y de la
Guardia Real son sustituidos; se crean
Comisiones militares que juzgan a los
sospechosos de carlismo; se relevan a 6 de
los 11 capitanes Generales existentes así
como a gran parte de la oficialidad. La
depuración efectuada por el Ministerio de
Cea Bermúdez hará que la sublevación
carlista posterior quede totalmente afectada
salvo en Andalucía, Navarra, Vascongadas y
Castilla la Vieja. No obstante, y aunque el
carlismo ve perder un tiempo precioso al
rechazar Don Carlos cualquier sublevación en
vida de su hermano, Fernando VII, la Junta
de Madrid se constituirá como el órgano
conspirador que preparará la sublevación
carlista por toda la península y ya empiezan
a aparecer algunas sublevaciones como la del
coronel Campos, en Madrid.
Hizo especial hincapié el conferenciante en
el papel que en el desarrollo posterior de
la guerra tuvo la desaparición del Cuerpo de
Voluntarios Realistas. Dicho cuerpo dependía
directamente del rey por mediación del
general Carvajal, y estaba integrado por
245-324.000 voluntarios, de los cuales
120.000 estaban armados. A la muerte del
general Carvajal el Cuerpo de Voluntarios
Realista pasó a depender de los ya depurados
Capitanes Generales, quienes los hicieron
desaparecer salvo en las provincias
vascongadas y Navarra, donde los voluntarios
realistas dependían directamente de las
Diputaciones Forales. Asimismo, destacó el
papel desarrollado en la guerra por la
Milicias Nacionales (liberales), quienes
jugaron un papel muy importante a la hora de
combatir a las múltiples guerrillas
carlistas -17.150 guerrilleros según fuentes
británicas- existentes en todo el territorio
nacional.
Don Alfonso Bullón de Mendoza aseguró que
durante la 1ª Guerra Carlista –guerra
motivada por cuestiones tanto dinásticas
como ideológicas- el Ejército isabelino
logró movilizar por el sistema de reclutas a
más de 300.000 efectivos, cifra que
añadiendo a otros cuerpos como los 50.000 de
los Cuerpos Francos (o “peseteros” como les
llamaban los carlistas por cobrar una peseta
diaria), nos muestran una cifra de 500.000
efectivos los que contaba el Ejército
isabelino en una España que apenas rozaba
los once millones de habitantes. Por el
contrario, el ejército carlista estaba
integrado en su totalidad por voluntarios
que durante gran parte de la guerra, y
sobretodo en el Maestrazgo, anduvieron
escasos de armamento y munición. Como nota a
destacar, señaló el Sr. Rector que en el
Ejército de Don Carlos no se alcanzara ni de
lejos el nivel de deserción del Ejército
liberal (60.000 a lo largo de toda la
guerra).
El final de la guerra, señaló el sr. Bullón,
no es consecuencia de una derrota militar
del bando carlista, sino de las múltiples
disensiones internas dentro del Ejército de
Don Carlos y a la traición del general
Maroto, quien mandó ejecutar a los oficiales
y a un acuerdo con el general Espartero que
pondría punto y final a una contienda que
durante siete años había regado de sangre
las tierras españolas.
Tras un turno de preguntas en el que algunos
de los asistentes plantearon sus dudas
acerca de los efectivos durante la guerra y
la presunta relación entre el carlismo y el
nacionalismo, se dio por finalizada la
conferencia pasadas las 20’00 horas. |