miércoles, 13 de diciembre de 2006

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29 de noviembre de 2006. Especiales. Ciclo de conferencias sobre Cabrera organizado por el CEU. Conferencia de don Roc Salvadó Poy sobre "Ramón Cabrera en la segunda y tercera guerra carlista: de la convicción al desengaño"

Dentro del ciclo de conferencias organizadas por la Universidad CEU-Cardenal Herrera con motivo del segundo centenario del nacimiento de Ramón Cabrera y Griñó, el miércoles 29 de noviembre don Roc Salvadó Poy, del Centro de la UNED de Tortosa, parlamentó sobre el tema “Ramón Cabrera en la Segunda y Tercera Guerra Carlista: De la convicción al desengaño”. Presentó los actos don Federico Martínez Roda, Secretario General de la Universidad CEU-Cardenal Herrera y académico de número de la Real Academia de Cultura Valenciana.

 

Adentrados ya en la conferencia, Don Roc Salvadó Poy afirmó que durante la etapa de entreguerras –periodo en el que el general Cabrera está exiliado en Inglaterra- que va de la Primera a la Segunda Guerra Carlista se mantiene una situación de guerra residual de guerrillas en el Principado de Cataluña y en el Maestrazgo. Dicha situación de preguerra tiene su consecuencia más notable en la Guerra del Groc, ubicada geográficamente en la comarca del Maestrazgo.

 

Asimismo, manifestó el Sr. Salvadó que el Cabrera del exilio es un hombre muy distinto al Cabrera de la Primera Guerra Carlista, influenciado tanto por un destierro en el que se ve influenciado por los “tories” o conservadores británicos, como por la consideración mundana que se le tiene en la Inglaterra Victoriana. No obstante, el aburguesamiento sufrido por el general carlista no fue óbice, en esta etapa de su vida, para que no diera cumplimiento a la orden del rey, Don Carlos VI, Conde de Montemolín, de dirigir, en lo que sería a continuación la Segunda Guerra carlista, a los ejércitos de la Tradición en Cataluña y Maestrazgo. No obstante todo, Ramón Cabrera, conocedor de la tendencia a la improvisación y del entusiasmo de los carlistas, pero también, consciente de la habitual falta de recursos a la que tenían que hacer frente los voluntarios del rey Don Carlos, no será partidario de iniciar una segunda carlistada como lo manifestará posteriormente: “Voy porque el honor y el decoro me lo mandan así; pero sé que las esperanzas serán fallidas”.

   
Presentación a cargo de don Federico Martínez La sala del Ateneo durante la conferencia

El Tigre del Maestrazgo fue un militar –afirmó el sr. Salvadó- que hizo una guerra convencional, pero que fue consciente de la importancia que la propaganda tenía para conseguir una futura y anhelada victoria, ya sea entre los carlistas convencidos como entre todos aquellos descontentos con el régimen instalado en Madrid. El alzamiento carlista solo prosperará en Cataluña y aunque la entrada de Cabrera en el teatro bélico dará un vuelco a la situación –sus dotes de mando y la capacidad para la sorpresa serán fundamentales para el logro- este considerará fundamental ampliar el frente bélico por otras regiones españolas. Ese será el motivo por el que ordenará a sus fieles Arnau y Domingo Forcadell que crucen el río Ebro e intenten levantar la insurrección en el Maestrazgo. Con todo, las perspectivas de nuestro general se verán defraudadas tanto por los sobornos generalizados que practican los liberales como por la presencia del general liberal Villalonga, que controla de manera ejemplar la zona y que pondrá en verdaderos aprietos a los voluntarios de la Tradición.

 

Con la Segunda carlistada tocando a su fin, el 23 de marzo de 1849 Cabrera recibe la orden de S.M.C. Carlos VI  de retirarse a Francia, donde es detenido el 23 de abril de ese mismo año. La Guerra había concluido pero Cabrera aun creía en ella y de ahí lo manifestado por el insigne general carlista: “algún día echaré abajo el gobierno de Madrid”.

 

En 1.850 Ramón Cabrera contrae matrimonio con Marian Catherin Richards e inicia un nuevo exilio dorado en Inglaterra. Es en este momento cuando podemos dar por finalizada la etapa aventurera de Cabrera. A partir de este momento Cabrera se mantiene fiel a la Causa carlista, si bien es partidario de que el Carlismo sustituya la vía insurreccional por la política, presentando candidaturas y participando dentro del sistema liberal impuesto por las armas. Esta será la razón por la que Cabrera elaborará unos principios fundamentales para una Constitución conservadora en la España dieciochesca.

 

En 1872, con ocasión de las reformas emprendidas por el Gobierno del rey masón Amadeo (I) de Saboya, Cabrera emitirá un manifiesto en defensa de la integridad de la Nación Española, pero la lealtad demostrada desde siempre por el general Cabrera se derrumbará cuando se acerquen los tiempos de un nuevo levantamiento carlista al grito de Viva Carlos VII. Cabrera reconocerá la usurpación liberal mediante el Convenio de París y como afirmará D. Roc Salvadó, buena parte de la responsabilidad del cambio de lealtades del otrora Tigre del Maestrazgo la tendrán Cánovas del Castillo y José Vilanova, comisionado del Gobierno de Cánovas que durante la contienda tenía el encargo de sobornar fidelidades.

 

Como nota a destacar, recordó el sr. Salvadó, que fuentes como Pirala o Román Oyarzun insistirán en una más que probable colaboración militar del general Cabrera con los ejércitos liberales durante la Tercera Guerra carlista.

 

Con el fin de la tercera Guerra Carlista, el 28 de febrero de 1.876, y previo un turno de preguntas donde uno de los asistentes matizó y aclaró el cambio ideológico sufrido por un aburguesado general, se dio por finalizada la conferencia.

 

 

 

 

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