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El Tigre del Maestrazgo fue un militar
–afirmó el sr. Salvadó- que hizo una guerra
convencional, pero que fue consciente de la
importancia que la propaganda tenía para
conseguir una futura y anhelada victoria, ya
sea entre los carlistas convencidos como
entre todos aquellos descontentos con el
régimen instalado en Madrid. El alzamiento
carlista solo prosperará en Cataluña y
aunque la entrada de Cabrera en el teatro
bélico dará un vuelco a la situación –sus
dotes de mando y la capacidad para la
sorpresa serán fundamentales para el logro-
este considerará fundamental ampliar el
frente bélico por otras regiones españolas.
Ese será el motivo por el que ordenará a sus
fieles Arnau y Domingo Forcadell que crucen
el río Ebro e intenten levantar la
insurrección en el Maestrazgo. Con todo, las
perspectivas de nuestro general se verán
defraudadas tanto por los sobornos
generalizados que practican los liberales
como por la presencia del general liberal
Villalonga, que controla de manera ejemplar
la zona y que pondrá en verdaderos aprietos
a los voluntarios de la Tradición.
Con la Segunda carlistada tocando a su fin,
el 23 de marzo de 1849 Cabrera recibe la
orden de S.M.C. Carlos VI de retirarse a
Francia, donde es detenido el 23 de abril de
ese mismo año. La Guerra había concluido
pero Cabrera aun creía en ella y de ahí lo
manifestado por el insigne general carlista:
“algún día echaré abajo el gobierno de
Madrid”.
En 1.850 Ramón Cabrera contrae matrimonio
con Marian Catherin Richards e inicia un
nuevo exilio dorado en Inglaterra. Es en
este momento cuando podemos dar por
finalizada la etapa aventurera de Cabrera. A
partir de este momento Cabrera se mantiene
fiel a la Causa carlista, si bien es
partidario de que el Carlismo sustituya la
vía insurreccional por la política,
presentando candidaturas y participando
dentro del sistema liberal impuesto por las
armas. Esta será la razón por la que Cabrera
elaborará unos principios fundamentales para
una Constitución conservadora en la España
dieciochesca.
En 1872, con ocasión de las reformas
emprendidas por el Gobierno del rey masón
Amadeo (I) de Saboya, Cabrera emitirá un
manifiesto en defensa de la integridad de la
Nación Española, pero la lealtad demostrada
desde siempre por el general Cabrera se
derrumbará cuando se acerquen los tiempos de
un nuevo levantamiento carlista al grito de
Viva Carlos VII. Cabrera reconocerá la
usurpación liberal mediante el Convenio de
París y como afirmará D. Roc Salvadó, buena
parte de la responsabilidad del cambio de
lealtades del otrora Tigre del Maestrazgo la
tendrán Cánovas del Castillo y José Vilanova,
comisionado del Gobierno de Cánovas que
durante la contienda tenía el encargo de
sobornar fidelidades.
Como nota a destacar, recordó el sr. Salvadó,
que fuentes como Pirala o Román Oyarzun
insistirán en una más que probable
colaboración militar del general Cabrera con
los ejércitos liberales durante la Tercera
Guerra carlista.
Con el fin de la tercera Guerra Carlista, el
28 de febrero de 1.876, y previo un turno de
preguntas donde uno de los asistentes matizó
y aclaró el cambio ideológico sufrido por un
aburguesado general, se dio por finalizada
la conferencia. |