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Adentrados ya en la conferencia, aseguró el
conferenciante que Ramón Cabrera manifestó
ya desde sus inicios ser un niño travieso y
poco aficionado a los estudios, así como que
tales características forzaron el mote de
“Ramón el Batallador” con el que los
impúberes tortosinos motejaban al futuro
Tigre del Maestrazgo. Sin vocación al
sacerdocio, aprovechó el derecho de unos
tíos suyos a un beneficio eclesiástico en el
Seminario Diocesano que le proporcionaría
una formación que agradecería más adelante.
Cabrera empieza a significarse como realista
-opción mayoritaria en los ambientes
populares y eclesiásticos según indicó D.
Javier Urcelay- en las tertulias que se
organizan en los cafés de Tortosa,
consecuencia del caldeado ambiente político
que se palpa con el ya próximo fallecimiento
de Fernando VII.
Iniciada la Primera Guerra carlista, Cabrera
acude a alistarse como voluntario a la
ciudad de Morella, donde la Legitimidad
carlista triunfa de la mano del Barón de
Hervés y del Coronel Victoria. Los inicios
del alzamiento son difíciles, con unos
voluntarios desorganizados, poco preparados,
carentes de armamento y munición y
perseguidos implacablemente por las tropas
del Gobernador Militar Bretón.
La
insurrección carlista en el Maestrazgo llega
a tal precariedad que parece va a
desaparecer, fusilados Marcoval y el Barón
de Hervés y con unas partidas carlistas que
huyen por los montes de la comarca
hostigadas por las tropas del Ejército
liberal.
Después de que Carnicer fuera capturado y
fusilado por el Ejercito de la Usurpación,
Cabrera es nombrado Comandante General de
Aragón. Es a raíz de este momento cuando la
llama de la Tradición parece reavivarse
significativamente, con un Cabrera decidido,
buen estratega y que sabe dirigir a sus
tropas.
Es en este momento de la conferencia cuando
don Javier Urcelay hizo hincapié en un hecho
que marcó la trayectoria posterior de Ramón
Cabrera: el asesinato de su madre, doña Ana
María Griñó. Indicó el conferenciante que
Cabrera, para hacerse respetar, obligaba a
los alcaldes de los territorios que dominaba
a rendir vasallaje al rey Don Carlos V de
Borbón, algo lógico en cualquier teatro
bélico. La leyenda del “Tigre del
Maestrazgo” comienza cuando Cabrera manda
fusilar a dos alcaldes –solo fueron dos por
mal que le pese a la historiografía liberal-
que se negaron rendir vasallaje al rey
legítimo, y todo ello en aplicación de lo
dispuesto en el Código Penal de la época.
Llegada la noticia de estos fusilamientos a
las autoridades liberales, estas mandan
fusilar a doña Ana María Griñó, presa en una
cárcel de Tortosa por el delito de ser madre
de quien era. Conocida la noticia de la
muerte de su madre, cuenta Arévalo, testigo
de aquellos hechos, como el Tigre del
Maestrazgo sufrió tal ataque de ira que
llegó a producirle asfixia.
1.836 es un año próspero para la Causa del
Altar y del Trono. Cabrera ya dispone de una
plaza fuerte –la mítica Cantavieja- con la
que establecer las bases logísticas y
operativas de sus acciones bélicas y ve como
cientos de voluntarios acuden a engrosar
las filas de la Tradición. Asimismo, es en
este año cuando da inicio una nueva
estrategia militar consistente en enviar
diversas expediciones para levantar la
guerra en el resto del país. De aquellas
expediciones son dos las más destacables: la
Expedición del general Miguel Gómez (verano
de 1.836) y la Expedición Real, mandada
directamente por el rey Don Carlos V
(primavera de 1.837). Esta última expedición
es, según aseguró don Javier Urcelay, fruto
de unas negociaciones existentes entre María
Cristina y el rey don Carlos que tenían como
acuerdo la entrega del trono de San Fernando
a este último. Tras fracasar
incomprensiblemente la Expedición Real a las
puertas mismas de la Villa de Madrid, las
tropas carlistas se retiran unas hacia el
Norte y las mandadas por Ramón Cabrera,
distinguido ya con la Cruz Laureada de San
Fernando y nombrado Comandante General del
Maestrazgo, hacia el Este.
Pero así como en el Norte la Causa parece
comenzar el principio de su fin, en el
Maestrazgo las tropas carlistas toman la
ciudad de Benicarló y una partida de tan
solo 28 voluntarios toma la inexpugnable
Morella, punto estratégico para las
comunicaciones entre el reino de Aragón y la
costa. No obstante, las tropas liberales
mandadas por el general Marcelino Oráa
iniciarán un sitio de tan solo 14 días tras
los cuales tendrán que salir huyendo
perseguidos por las tropas carlistas. Es en
este momento cuando el rey Don Carlos
asciende a Cabrera a Teniente General y le
concede el título de Conde de Morella, con
Grandeza de España.
El punto más álgido de su carrera militar lo
tendrá cuando derrote –ahora que la Causa
parece desmoronarse en el norte- al general
Pardiñán, tenga a sus tropas a tan solo 100
kilómetros de la villa de Madrid y controle
un ingente territorio que abarque las
actuales provincias de Cuenca, Castellón,
Teruel, Valencia y Tarragona.
Con la traición del general Maroto en el
verano de 1.839 la Causa del Rey Don Carlos
parece tocar definitivamente a su fin. El
acuerdo suscrito entre los generales
Espartero y Maroto por el que ponían fin a
la Primera Guerra Carlista sorprende a
Cabrera en el Maestrazgo, si bien decide
continuar por su cuenta y riesgo la guerra.
Es en este momento cuando todo el ejército
liberal se le echa encima al Tigre del
Maestrazgo. El general O´Donell, con el
Ejército del Centro, y el general Espartero,
con el Ejército del Norte, acuden al
Maestrazgo a acabar con los leales que
permanecen con Cabrera. Para mayor INRI de
nuestro general, este enferma en este
período tan crítico de unas fiebres
tifoideas que le mantendrán al margen del
teatro de operaciones. Derrota tras derrota
–aunque con alguna heroica victoria como la
de Castellote- Cabrera decide atravesar el
Ebro y reunirse con los restos del Ejército
Real de Cataluña que continúa combatiendo en
el viejo Pricipado. Tras comprobar que toda
resistencia es inútil, Cabrera cruza la
frontera francesa junto con un Ejército de
20.000 hombres.
A continuación D. Javier Urcelay relató los
acontecimientos vividos por el biografiado
general durante el reinado de Carlos VI,
Juan III y Carlos VII. Manifestó que la
abdicación de Carlos V en su hijo el Conde
de Montemolín (Carlos VI) fue consecuencia
del infructuoso intento de Balmes de poner
fin al pleito dinástico con la boda entre
Carlos VI e Isabel de Borbón, hija de
Fernando VII. Asimismo, resaltó la
participación del general Cabrera en la 2ª
Guerra Carlista o Guerra dels Matiners
(1.846-1.848), que solo prendería en el
Principado de Cataluña y que concluiría por
la falta de armamento y por la desconfianza
sembrada por los múltiples sobornos con los
que los liberales compraban la fidelidad de
algunos carlistas.
Tras la Segunda carlistada Cabrera se
exiliará en Inglaterra, donde se casará con
Marian Catherin Richards, monárquica
acaudalada que simpatizaba con la Causa de
Don Carlos. Durante el exilio Cabrera
mantendrá el contacto con el partido, y
especialmente con la Princesa de Beira,
quien según afirmó el conferenciante, será
la responsable de que la llama del Carlismo
siga viva en estos momentos tan difíciles
para la Legitimidad.
Tras un breve turno de preguntas en el que
uno de los asistentes solicitó del
conferenciante la publicación de un libro
sobre el carlismo en el reino de Valencia,
concluyó la conferencia pasadas las ocho y
media de la tarde. |