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15
de noviembre de 2007. Especiales.
30 aniversario de la muerte del rey Don
Javier. ¡Qué gran vasallo si tuviese
buen Señor! por J. Blasco |
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Con esta frase de admiración, aclamaban sus guerreros a Mío
Cid, ante la desidia, el abandono y la
traición de su rey.
El Carlismo gran amante y defensor de la Dinastía Legítima
española, representada en la línea de
sucesión de Carlos V, hermano de Fernando
VII, y cuya última representación se plasma
en la familia Borbón Parma, también hemos
sentido al igual que el Cid Campeador, la
desidia, el abandono e incluso la traición,
de alguno de sus miembros.
Algo impensable tras la Cruzada de Liberación, cuando S.M.C.
Don Alfonso Carlos I, nombra príncipe
Regente de la Dinastía Carlista al Augusto
Señor Don Francisco Javier de Borbón Parma y
Braganza.
Aquella designación iba a ser tan acertada como decisiva,
para la historia contemporánea del Carlismo
y de España.
Tras la terminación de la segunda guerra mundial y una vez
fue liberado del campo de concentración nazi
de Dachau, donde sufrió terribles
penalidades, Don Javier se puso al frente
del Carlismo, para dirigir junto a Don
Manuel Fal Conde la organización política de
la Comunión Tradicionalista Carlista, frente
a un Estado totalitario, que nada tenía que
ver con la Monarquía Católica, Social y
auténticamente Representativa que siempre ha
defendido el Carlismo y su Dinastía
Legítima.
Como príncipe Regente, el 26 de Junio de 1950 jura los
Fueros vascos en Guernica, ante el Árbol de
la Libertad, cuya historia y significado hoy
se oculta o tergiversa por el nacionalismo
separatista vasco.
En Diciembre de 1951, juró los Fueros catalanes en
Montserrat, otro lugar sagrado que
representa las libertades del pueblo
catalán, hoy también negadas y pisoteadas
por el nacional-socialismo separatista.
Y por fin el 31 de Mayo de 1952, durante el Congreso
Eucarístico Internacional, el Consejo
Nacional de la Comunión Tradicionalista le
manifestó solemnemente la decisión de que “a
su Alteza le correspondía la sucesión
legítima de la Corona de España”. Y tras 16
años de regencia la gran mayoría del pueblo
carlista le reconoció como Rey con el nombre
de JAVIER I. |
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Dos instantáneas de la reunión de S.M.C
don Javier con el entusiasta pueblo carlista
valenciano, durante su visita a nuestro
Reino en 1951; esta ocasión corresponde en
concreto con el banquete ofrecido en la
finca de Puchades, en la población de
Alberique. Los carlistas valencianos
expresaron su afecto al Rey de forma muy
emotiva, prodigándose abrazos y peticiones
de firmas, como se aprecia en la fotografía
de arriba. La mayoría de las personas que
aparecen en estas instantáneas son anónimos
tradicionalistas, que acudieron a saludar al
Rey. Don Javier estuvo acompañado en este
viaje por el entonces Príncipe de Asturias,
don Carlos Hugo, como se aprecia en la foto
inferior, sentado a la mesa. |
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Desde ese momento y a pesar de ser expulsado de España por
el régimen de Franco, a quien molestaba y
estorbaba para sus fines, el Rey Javier se
paseó por todas la provincias españolas,
siempre que pudo y por supuesto que lo
tuvimos en Valencia. Fue durante el mes de
Noviembre de 1951. Haciendo referencia a las
palabras escritas en el
libro dedicado a Don
Javier, por los Círculos
Carlistas Valencianos en Diciembre de 2002,
de nuestro querido amigo y correligionario
Luís Pérez Domingo fue “un acontecimiento
que pese a las limitaciones impuestas por el
Régimen, puede ser calificado de apoteósico”
el encuentro que se iba a realizar en
Alberique, en la finca de la familia
Puchades, se calculaba “para doscientos
comensales, pero sin restricción alguna para
aquellos que sin serlo, quisieran acudir a
saludar a Don Javier. Pronto comenzaron a
organizarse los desplazamientos para los que
cualquier medio era válido. Autobuses,
camiones, dos trenes especiales y coches
particulares, aseguraban la presencia de más
de quince mil carlistas”. Lógicamente aquel
movimiento multitudinario de fieles
carlistas valencianos para ver a su Rey fue
prohibido por las autoridades de la
Dictadura y la comida prevista reducida a 40
comensales. “Don Javier encontró, en efecto
un carlismo que era todo corazón”. En todos
los pueblos por donde pasó, el fervor
popular obligaba a detener la caravana. Un
sentimiento de adhesión y entusiasmo
desbordaba en los corazones de los carlistas
valencianos y reflejaba una autentica
dimensión de fidelidad a la Causa. La
anécdota la cuenta Luís referente al Jefe
Carlista de Villarreal que acercándose a Don
Javier le dijo “Señor, pocos días me quedan
de vida, pero muero feliz después de haber
visto a vuestra Alteza”; don Javier,
emocionado, apenas pudo expresar palabra.
“El príncipe contemplaba una vez más ante
sus ojos la realidad del Carlismo y el latir
del corazón de sus leales”. Lo mismo
presenció en Torrente, en Sagunto y en
Valencia: en una de las audiencias un
requeté le enseñó la foto de su padre Mártir
en la Cruzada y Don Javier, besando la foto,
le contestó “Hijo mío, nuestros muertos no
mueren, porque están siempre con nosotros”.
El calor popular que siempre despertó y rodeó a su Alteza,
quedó impregnado en nuestros corazones, así
como la humanidad, el amor, la humildad, la
gentileza y por supuesto la santidad que
desprendía Su egregia persona.
Y quizás porque le tuvimos y le disfrutamos de cerca, al
igual que tantos otros carlistas del resto
de España, quienes le conocimos y pudimos
arrodillarnos ante El, seamos los que más
echamos de menos la presencia de la Dinastía
Legítima, sin cuyo compromiso con todo
el pueblo carlista, jamás cumplirá la
sagrada misión que tiene encomendada por la
historia, de defender la tradición de las
Españas, contra el liberalismo, contra el
socialismo, y contra el separatismo que
están destrozando la Patria y tratando de
relegar de nuestras tierras la sagrada
Religión de nuestros padres.
Que sepa la Dinastía Legítima, que el pueblo carlista
siempre ha sido fiel vasallo, pero
tal vasallo necesita un buen Señor, lo
tuvimos en Don Javier, ya sé que dejó el
listón muy alto, pero… ¿quién va a merecer y
digo bien, merecer, sucederle en tan
alta responsabilidad?
In memoriam |
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Año 1978. Tumba de S.M.C. don Javier de
Borbón Parma en la localidad de Solesmes,
departamento de Sarthes, cerca de Tours, al
sur de París. En el primer aniversario de la
muerte del Rey se celebró un acto privado de
homenaje, al que asistieron su viuda, su
majestad doña Magdalena, y sus hijos, sus
altezas reales don Sixto Enrique y doña
María Francisca. En ese acto una escuadra de
jóvenes requetés, al mando de don José
Arturo Márquez de Prado, rindieron honores
al túmulo del monarca (en el centro). Varios
de ellos eran valencianos, como el autor de
esta fotografía, inédita hasta hoy, que ha
tenido la gentileza de permitirnos su
publicación. |
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