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Treinta años después de la muerte de D.
Javier, con todo el cariño del mundo, esta
humilde representación del pueblo carlista
valenciano nos hemos reunido en torno a su
memoria para rendirle un justo homenaje.
Desde el Cielo nos debe estar repitiendo las
palabras que dirigió a los carlistas en el
Montejurra de 1969, el primero tras la
expulsión: “Estoy entre vosotros, más
presente que nunca, y os agradezco con el
corazón vuestro entusiasmo y vuestra
inalterable lealtad […].”
Creo que todos los que estamos hoy aquí le
debemos mucho como carlistas: unos porque
tuvisteis la dicha de conocer y servir
lealmente al Rey, aprendiendo tanto de él y
otros, por edad, sólo podemos recoger ese
testigo que día a día nos vais
transmitiendo, un testigo lleno de amor a la
Causa y, por qué no, de “javierismo”, de un
carlismo forjado en la fidelidad a ese gran
príncipe cristiano que fue “nuestro viejo
rey”, D. Javier. Por experiencia personal
todos los buenos carlistas valencianos con
los que he tenido la suerte de tratar (JM,
Vicente, Pepes, Luís…) y de los que tanto he
aprendido, me han transmitido un afecto
especial a la persona de D. Javier. Lo que
quiero deciros es que si hoy estamos aquí,
si estamos en el carlismo es porque hubo un
grupo de personas leales que, contra viento
y marea, fueron fieles a unos principios y
al rey que los encarnaba, y gracias a ellos
la llama del carlismo no se ha apagado en
nuestra tierra y aunque sea hoy muy pequeña
sigue viva y dispuesta a expandirse…
Uno de esos principios del carlismo ha sido
siempre el del pacto entre el pueblo y la
dinastía, un pacto que se materializó en la
persona de D. Javier y que, como todos
sabemos, tristes acontecimientos lo fueron
truncando. Aunque sea de momento un sueño, a
muchos nos gustaría poder volver a
retomarlo. Sería el remate perfecto a la
lucha por los ideales de la Tradición…
Pero volvamos al mundo real. Quedémonos con
el ejemplo de D. Javier, una persona
auténtica, defensor de la Verdad a pesar de
todas las dificultades y persecuciones por
parte de totalitarismos de todo signo, aún a
riesgo de su vida; comprometido por la paz,
las libertades, la justicia, la dignidad de
las personas; fiel a sus obligaciones como
príncipe católico; heredero de la
legitimidad y rey de la Tradición de Las
Españas.
A pesar de tanto cómo le tocó sufrir, a
pesar de tantos padecimientos y decepciones,
de destierros, deportaciones y
persecuciones, de violencias contra él y los
suyos…él permaneció al pie del cañón, con
sus aciertos y errores – como todo el mundo
-, pero siempre dispuesto a servir a su
pueblo. Ése es el ejemplo que debemos tomar
de él. Su lealtad, su fidelidad, su
constancia, su valentía, su bondad y amor a
Dios deben servirnos de referente.
A pesar de nuestra aparente soledad, de
nuestra situación de pobreza “material”, de
sentirnos tantas veces incomprendidos, de
nuestra impotencia por no poder hacer más
por cambiar esta España en decadencia y
este mundo lleno de injusticias…no debemos
caer en el pesimismo. Siempre cerca de
Cristo y de su Iglesia y fieles a una Causa,
el carlismo, que como nos dejó escrito D.
Javier – citando a D. Alfonso Carlos –
“está fundado para el tiempo y para siempre,
porque es el alma misma de la España
caballeresca y fiel a su alta misión en el
mundo”.
Muchas gracias.
¡¡VIVA EL REY JAVIER!!
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