domingo, 24 de junio de 2007

Dios.Patria.Fueros.Rey Legítimo 

 

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24 de junio de 2007. Especiales. 30 aniversario de la muerte del rey Don Javier.

Homenaje al rey don Javier de Borbón Parma.

Don Javier, ejemplo para los jóvenes carlistas. por Luis Amorós

 

 

La primera pregunta que se hace un joven que conoce el mundo tradicionalista es ¿qué sentido tiene el carlismo en el siglo XXI? Pues, para aquellos que lo hemos encontrado, sin duda el de formar parte del pueblo de los españoles por antonomasia, de aquellos que, parafraseando los primitivos textos cristianos, viven con el sano temor de Dios, el respeto a sus mayores y el amor incondicional a su patria y a sus semejantes.

 

El pueblo carlista, verdadera reserva de los valores seculares de la Hispanidad católica que recobró una nación al Islam y evangelizó un continente, peregrina desde hace 170 años en esta España liberal que, poco a poco, se va deshaciendo, desmoronando y corrompiendo ante nuestros ojos. La fidelidad a nuestros principios de Dios, Patria, Fueros y Rey legítimo son el soporte y columna con el que continuamos firmemente en ese camino. Sin embargo, el hombre es débil, y el combate en solitario mina la moral del más bravo y convencido. Necesitamos los carlistas, como cualquiera, tener modelos y referencias, guías y autoridad que den ejemplo y aliento. En esta triste época para nuestra Causa, en la que tantos buenos carlistas se han separados en distintos grupos, o incluso se han desmovilizado por completo, en la que nuestros fundamentos morales y sociales se ven atacados por todas partes, no siendo la menos importante la de aquellos que los atacan so capa de su pertenencia a la Iglesia; en esta triste época, decía, sin duda los buenos ejemplos son más necesarios que nunca.

 

Para un joven carlista, por su cercanía en el tiempo, por su ejecutoria vital, por sus hechos y palabras, por su entrega absoluta a su deber, la figura del rey Don Javier se erige, sin lugar a dudas, como el gran referente de nuestro tiempo. Y la convicción del joven carlista debe partir de que “la Comunión Tradicionalista es católica antes que nada, patriótica en la unidad intangible de las variedades regionales y esencialmente monárquica a través del curso fecundo de una historia milenaria y auténticamente española”, en palabras de don Javier en el funeral de su augusto tío el rey don Alfonso Carlos, en octubre de 1936.

 

Y sabemos que ese camino emprendido es duro, como lo fue el de don Javier y como él mismo lo anunciaba con ocasión de su aceptación de la corona legítima de España, en Barcelona, en mayo de 1952, con estas palabras: “Rey de derecho es una bandera de justicia, un programa de reivindicación, un paladín de causa noble, una promesa de salvación. Pero además es un ejemplo y una vida de hondos sacrificios, totales renuncias, línea y camino, de padres a hijos, de servicios y trabajos”.

 

El programa de ese camino lo conocemos gracias a la síntesis que de él realizó don Javier en 1966: La monarquía, “institución verdaderamente popular que hoy ha de proteger a la sociedad contra los nuevos feudalismos políticos: los grupos de presión y los monopolios”. Una monarquía, la tradicional, que “no necesita de partidos monárquicos, mucho menos de un partido único, sino de doctrina monárquica seria”. Un sistema político “fuerte, que no de fuerza, que tenga una gran autoridad moral, con las necesarias libertades públicas, y que se vea adecuadamente fiscalizado por las Cortes Representativas”. En esta época de anarquía moral y destrucción de la autoridad, estas palabras de don Javier son las más oportunas y adecuadas, el verdadero remedio para los males de nuestra Patria. En sus propias palabras “monarquía católica, social y representativa, principios de derecho público cristiano, respeto a la natural y humana diversidad de opiniones, representación de tipo territorial y profesional, aplicación de la subsidiariedad, no sólo a las regiones, sino a toda la vida pública, unidad nacional foral y federativa, justicia social e iniciativa privada”. No se puede resumir mejor la acción política del carlismo, y la vigencia de este sumario llega hasta nuestros días. Como resumen de la acción del monarca, don Javier hacía suyas, y nosotros con él, las palabras de S.M.C don Carlos VII: “no daré ni un paso adelante ni un paso atrás de lo que diga la Iglesia católica”.

 

La trayectoria de don Javier es ejemplo también de coherencia, defendiendo desde el primero al último aliento los mismos principios, y en marzo de 1977, apenas dos meses antes de su fallecimiento, recordaba que el carlismo afirmaba “la confesionalidad católica, la unidad nacional y el conjunto de las tradiciones específicas de cada una de las Españas, la defensa de los fueros y la necesidad de la monarquía, por ser herencia permanente de autoridad, responsabilidad, independencia y continuidad”. Tal coherencia vital no fue imitada, para desgracia de nuestra Causa, por los príncipes que le sucedieron y debieron haber continuado su labor.

 

Termino parafraseando las últimas palabras públicas de don Javier: “Pido a Dios que el Carlismo, sin desviación alguna, siga fiel a sí mismo para el mejor servicio a España y la Cristiandad”. Que Dios ilumine a todos y bendiga a España.

¡Viva el Rey Legítimo!

Muchas gracias.

 

 

 

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