domingo, 24 de junio de 2007

Dios.Patria.Fueros.Rey Legítimo 

 

 Índice

 

 Círculos carlistas

 C. C Aparisi y Guijarro

 C. C. C. San Miguel

 C. C. La Lealtad

 

 Secretaría de prensa

 Comunicados

 Noticias

 Notas de prensa

 Especiales

 

 Opinión

 Política

 Bióetica y moral

 El rincón de Federico

 

 El carlismo

 Artículos de historia

 Pensamiento   tradicionalista

 Documentos históricos del carlismo

 Monografías

 Biografías

 Archivo histórico carlista

 

 Jóvens carlistes

 

 Crítica literaria

 

 Extras

 Himnos y canciones

 El carlismo en tu PC

 

 Prensa carlista

 Boletín Reino de Valencia

 Ahora Información

 

 Enlaces

 Comunión Tradicionalista Carlista

 Cruz de Borgoña

 

 Bazar carlista

 

 

 

 

 

 

24 de junio de 2007. Especiales. 30 aniversario de la muerte del rey Don Javier.

Homenaje al rey don Javier de Borbón Parma.

Don Javier de Borbón Parma, nuestro último Rey. por Luis Pérez Domingo

 

 

El tiempo, ese juez implacable pero justo, acaba poniendo a cada uno en su lugar, porque sus sentencias exentas de la influencia de las pasiones del momento, no se ven mediatizadas por intereses de clase alguna. La distancia que imponen los años tiene la virtud de sedimentar las polémicas, atemperar las opiniones, aquilatar  los aciertos en su exacta medida y, con frecuencia, nos ayuda a comprender los errores al ubicarlos en su contexto histórico. De ahí que hoy, liberada al fin de la ganga acumulada, nos sea posible contemplar en su prístina grandeza, en su precisa dimensión, aureolada por el juicio de la historia, la figura de D. Javier de Borbón Parma, nuestro último Rey.

 

Verdad es que quienes nos mantuvimos siempre leales a D. Javier no hemos necesitado del transcurso de los años para depurar la visión que teníamos –y mantenemos- del largo período que permaneció al frente de la España carlista. A su  lado estuvimos y con él sufrimos y trabajamos por la mejor de las causas. Es cierto, y sería inútil negarlo, que en tan prolongada trayectoria hubo luces y sombras. Más –muchas más- de las primeras que de las segundas. Pero no es menos cierto que el paso de los años ha prestado nueva luz que permite entender sin las suspicacias de aquellos días las motivaciones que le impulsaron a adoptar decisiones comprometidas, a veces de difícil percepción.

 

Don Javier, nuestro rey, enarboló la bandera de la Tradición durante una etapa compleja. Una guerra civil, cruenta y dolorosa con singulares connotaciones bien conocidas, que terminaron con una República cicatera, ruin, enemiga declarada de la Religión católica. Un régimen político no deseado, nacido de aquella ocasión, que bien lejos de valorar la aportación carlista y el sacrificio de tantas vidas  generosamente ofrendadas  en los campos de batalla y en la retaguardia, pretendió –nada menos -acabar con la misma existencia del Carlismo. Una posguerra ardua y fatigosa, que nos condenó a vivir en la semiclandestinidad, plagada de celadas en las que cayeron los más débiles o los menos convencidos. En este marco perturbador, con enconados enemigos dentro y fuera, D. Javier tuvo que pilotar la nave carlista. No era una tarea sencilla. Que lograra salir indemne da muestra de su temple, capacidad y esfuerzo. Al final, inmerso en un juego político con las cartas marcadas, D. Javier peleó con denuedo, realizando arriesgados equilibrios para salvar el depósito de la Tradición que le había sido confiado. De que lo consiguió, nosotros, aunque pocos, somos concluyente prueba. Porque a despecho de torpedeamientos internos y asaltos externos, el Carlismo se mantiene vivo. Maltrecho, pero vivo.

 

Todavía ahora, después de tantos años, nos sentimos conmovidos por la muerte de nuestro anciano rey y por las circunstancias que la rodearon. Y quienes hemos iniciado ya la recta final de nuestra propia existencia, comprendemos y hacemos nuestro el inmenso dolor de nuestro Señor al verse traicionado por quienes estaban destinados a ser ejemplo de fidelidad, continuando y perfeccionando su obra. Una obra sentada  sobre el legado acumulado de sus antecesores, la Dinastía de la Legitimidad, ahora torpemente destrozada por el capricho, la soberbia y la impaciencia  de quienes llevaban su sangre.

 

Nuestro consuelo se cifra en la convicción de que Dios Nuestro Señor, En su infinita misericordia, habrá premiado ya a quien tanto le amó y sirvió desde el puesto a que fue llamado, y las penas y sufrimientos que experimentó en su peregrinaje por este mundo, se habrá trocado en el gozo eterno reservado para los justos que le confesaron sin rubor. Que quien fue nuestro rey en la tierra, nos tienda su mano cuando Dios nos convoque a su presencia, siendo nuestra boina roja la prenda que nos identifique, porque es la limpia expresión de nuestra militancia carlista y la confesión inequívoca de nuestra fe religiosa.

 

Valencia, 24.6.07

 

 

 

Esta página está editada por la Comunión Tradicionalista Carlista del Reino de Valencia. Las opiniones vertidas son responsabilidad de sus autores salvo aquellas sin firma, de las cuales se responsabiliza el editor de la página. Se permite la reproducción de los textos e imágenes, siempre que se utilicen de buena fe y se cite autor, si lo hubiere, y procedencia