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Es cierto que el
evento ha sido un reto para la Comunión
Tradicionalista Carlista, pero puedo decir
desde la experiencia vivida por mí y por mi
familia, que se ha cumplido perfectamente.
Desde nuestra salida en Manises, donde
encontramos al responsable regional luciendo
ya la primera bandera española con el
Sagrado Corazón, la puntualidad en la salida
del vuelo, la llegada al aeropuerto, el
traslado en autobús a Roma, la llegada a la
residencia La Salle, un lugar acogedor, con
un personal atentísimo en todo momento,
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un lugar de
oración con una iglesia preciosa, las
habitaciones aseadas y cómodas, hasta los
desayunos en el comedor rodeados de grupos
de sacerdotes jovencísimos, con un
entusiasmo y una alegría en sus caras que
solo de verlos te llenaban de satisfacción.
Por cierto las
mochilas muy útiles y su contenido, tanto la
bandera como los calendarios han servido
para hacer el correspondiente proselitismo
hacia todo aquel que pasaba por nuestro
lado.
Pero llegó el gran
día, el domingo 28 de Octubre. Gran día para
la memoria histórica, aunque la Jerarquía de
la Iglesia Española ha querido suavizar el
acto de Beatificación por motivos políticos,
para que el gobierno ZP no se irritase (como
si con ello fuesen a evitar los ataques a la
Iglesia y a la religión por parte del
Socialismo), se produjo la gran sorpresa,
nadie sabe como, todos se miraban unos a
otros estupefactos, en la Plaza de San Pedro
se había vuelto a producir el milagro
histórico una vez más. ¿Pero como era
posible ver lo que estaban viendo? ¿Acaso el
carlismo no había desaparecido con el
Montejurra del 76? (que era lo que se
buscaba). En la Plaza de San Pedro empezaron
a ondear las primeras banderas de España,
todo parecía normal, pero de repente en la
explanada, en la zona central delante del
altar empezaron a erguirse los mástiles con
las banderas carlistas, al momento se
despliega una enorme pancarta con las
palabras de VIVA CRISTO REY, jalonadas por
la bandera de España y la Cruz de San
Andrés, a los pocos minutos comenzaron a
aparecer banderas carlistas por todos los
rincones de la Plaza, las miradas de
incredulidad y de sorpresa por parte de
las autoridades eclesiásticas y no digamos
políticas, presentes, como diciendo ¿de
dónde han salido éstos? ¿cómo han
conseguido reorganizarse y llegar hasta
aquí? Incluso los medios periodísticos
españoles presentes no daban crédito a lo
que estaban viendo con sus ojos. La
explosión de banderas blancas con la Cruz de
San Andrés acompañadas de cientos y miles de
banderas de España puso en jaque a los
organizadores de lo políticamente correcto,
que no podían evitar que aquel maravilloso
espectáculo, saliese a la luz a través de
las pantallas de televisión de toda España.
Alguien al leer estas palabras puede pensar
que no es posible que ese testimonio de
banderas carlistas que representaban a todos
los miles de requetés y margaritas caídos en
la Cruzada del 36 en el frente y durante los
años de persecución religiosa en España
pudiese molestar a la Jerarquía de la
Iglesia Española, pero así fue.
Tanto es así que
por los micrófonos de la Plaza se pidió que
se retirasen las banderas, poniendo por
excusa que tapaban la visión del acto e
insistiendo que en ningún momento se debía a
otra razón. Hipócritas. El acto transcurrió
con toda normalidad, con la suntuosidad a la
que nos tiene acostumbrados el Vaticano y
todos pasamos una jornada inolvidable frente
a San Pedro, rodeados de cámaras de
televisión que sin poder evitarlo mostraron
al mundo que el Carlismo sigue fiel a
Cristo, a pesar de muchos "cristianos".
Finalizado el
acto, eran las 12 del mediodía, tuvimos la
dicha de presenciar el rezo del Ángelus que
el Santo Padre dijo como es costumbre y
saludó a todos los presente en varios
idiomas, dándonos su bendición y cerrando
con ello uno de los días más felices de
nuestras vidas, por aquella mezcla de
situaciones que le llenan a uno de
entusiasmo y gracias a las cuales, tanto las
buenas como las malas, seguiremos adelante
cada día.
Conseguimos
reunirnos un grupo numeroso de carlistas con
nuestras banderas, en un extremo de la
plaza, la gente se iba dispersando por la
Avenida de la Conciliación y adyacentes.
Alguien dijo de colocarnos para hacernos una
foto de grupo para la portada de AHORA, lo
que se realizó rápidamente. Una vez hecha la
foto, entonamos el Oriamendi en plena Plaza
de San Pedro, supongo que alguien estaría
mirando y escuchando desde algún rincón del
Vaticano, lo que siento es que no sé si lo
escucharía con agrado o con desdén y
contrariedad. Qué pena.
Por último un
comentario, alguien dijo que un príncipe de
la Dinastía Legítima, oculto tras un traje y
sombrero gris y un par de muletas, se paseó
por la Plaza. ¿Sería verdad o tan solo un
espejismo producido por el enorme deseo de
que fuera realidad? Desde luego si estuvo,
pudo haberse dado a conocer, porque la
ovación y el cariño de un pueblo fiel a su
Dinastía no le hubiese faltado. Y si no
estuvo, o simplemente no se dio a conocer,
deja mucho que desear de la fidelidad de la
Dinastía Legítima, respecto a su pueblo y a
la Causa.
Enhorabuena Luis,
enhorabuena Javier, enhorabuena a todos los
que habéis participado en la organización de
este viaje, porque la CTC ha demostrado
tener capacidad para hacer lo que se
proponga. Sigamos dejándolos con la boca
abierta. Porque el Carlismo sigue siendo la
Guardia Suiza de la Religión Católica en
España, a pesar de los pesares y pese a
quien pese.
Un fuerte abrazo y
hasta la próxima.
Jesús Blasco y familia |
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Atendiendo la petición de un lector que
se acoge al derecho de réplica a este
artículo, publicamos dicha réplica, llegada
a nosotros el día 4 de noviembre, a
continuación
consejo editorial del Portal Avant
Queridos correligionarios:
Leyendo el siempre
interesante portal ¡Avant! me
encuentro con un comentario injusto y
desafortunado.
Me refiero
concretamente al artículo que escribe Jesús
Blasco con ocasión de su estancia en Roma.
En concreto al párrafo siguiente:
Por último un
comentario, alguien dijo que un príncipe de
la Dinastía Legítima, oculto tras un traje y
sombrero gris y un par de muletas, se paseó
por la Plaza. ¿Sería verdad o tan solo un
espejismo producido por el enorme deseo de
que fuera realidad? Desde luego si estuvo,
pudo haberse dado a conocer, porque la
ovación y el cariño de un pueblo fiel a su
Dinastía no le hubiese faltado. Y si no
estuvo, o simplemente no se dio a conocer,
deja mucho que desear de la fidelidad de la
Dinastía Legítima, respecto a su pueblo y a
la Causa.
El señor Blasco es
muy libre de tener las consideraciones
personales que quiera sobre la Familia Real
(otra cosa es que un medio carlista deba
difundir esas consideraciones), sin embargo
falta tajantemente a la Verdad al realizar
las insinuaciones que vierte en este
artículo. La presencia de S.A.R. Don Sixto
en Roma era pública y conocida desde semanas
antes del domingo 28. Si dicha información
no le llegó tiene a su disposición las
imágenes de televisión en la que se aprecia
claramente al Señor acompañado de miembros
de su S.P. O la nota que difundió un eficaz
servicio de prensa y documentación carlista.
Poner en duda la presencia de S.A.R. Don
Sixto en Roma es simplemente demencial. Asimismo
el tratamiento que se da a la figura de
S.A.R. roza en el chabacanismo republicano.
S.A.R. estuvo en la tribuna de autoridades,
por lo que no estuvo "paseando por la Plaza"
ni estuvo "oculto" detrás de nada ni de
nadie. S.A.R. no "se tiene que dar a
conocer" ante los carlistas, pues desde su
nacimiento es miembro de la Familia Real
Española y ha hecho honor a su condición de
príncipe cristiano en todos sus escritos
públicos que son más que conocidos y
accesibles. Si alguien hubiese deseado
realmente tributarle el reconocimiento al
que apela el señor Blasco correspondería,
según las normas de estilo, acercarse a
realizar el saludo protocolario. Sin
embargo, los que hemos tenido ocasión de
tratar a S.A.R. Don Sixto podemos dar fe de
su cariño y cercanía al pueblo carlista. Si
en esta ocasión no pudo darse un contacto
más fluido (me consta que era algo deseado
por la mayor parte de la peregrinación de la
CTC) con los carlistas fue debido a razones
de apretada agenda que llevó al Señor a
reunirse durante su estancia en Roma con
destacados sacerdotes, profesores
universitarios, políticos católicos,
miembros del Patriciado romano emparentados
con la nobleza aragonesa, así como con
dirigentes carlistas en la Península
Itálica.
Por lo expuesto
creo que el párrafo citado hace mucho daño a
la Santa Causa. En lugar de valorar
positivamente el hecho de que la Familia
Real estuviese presente en sitial de honor
en las beatificaciones -frente a la ausencia
de los actuales inquilinos de la Zarzuela-
se hacen desde la mentira una serie de
consideraciones que faltan al respeto debido
a un príncipe de la Dinastía Legítima.
Os pediría que
consideraseis la retirada de dicho párrafo.
O en cualquier caso la inserción de esta
carta a modo de réplica.
En Cristo Rey,
Víctor Javier
Ibáñez |