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En cuanto a nuestra
participación a los actos y ceremonia de la
beatificación, he de decirte que mi
impresión es que fue muy impactante en todo
el ambiente de la plaza de San Pedro, puesto
que nuestras banderas españolas y del
requeté lucían y destacaban sobre todas las
demás.
También para mí, fue una gran sorpresa ver
que los carlistas éramos un grupo muy
numeroso que llamábamos la atención a la
gente, y que muchos nos preguntaban y se
interesaban por el significado de nuestros
símbolos, boina y bandera. Sentíamos gran
satisfacción en explicarles su significado,
el ideario y programas de la Comunión
Tradicionalista Carlista. Mucha
gente coincidía en ellos, y algunos también
nos manifestaban que antecesores familiares
suyos eran carlistas, y otros que aún
conservaban la boina roja en su casa. Hablé
con unas señoras vascas de Ondárroa, y me
dijeron que conocían mucho a toda la familia
Arrizabalaga.
Para el carlismo el acto de la
beatificación, fue un medio muy eficaz- sin
pretenderlo- de darnos a conocer, y ver que
existimos en España, a pesar de que como
todos sabemos los principales medios de
comunicación nos hicieron el boicot, para no
aparecer en sus reportajes. Otra cosa
interesante fueron las entrevistas que nos
hicieron algunas televisiones, una local de
Barcelona entrevistó al Secretario de la
Comunión Javier Garisoain.
Resultó también de una gran emoción el ver a
tantos españoles, religiosos y laicos; una
satisfacción contemplar esa multitud
enfervorizada y entregada a alabar y
ensalzar nuestros sentimientos religiosos,
aquellos por los que los mártires supieron
derramar su sangre.
Y finalmente para los católicos españoles, y
órdenes religiosas, que tenían sus mártires,
fue un gran día, pues se demostró que en
España no todo esta perdido y que esa
semilla que los mártires de la persecución
religiosa sembraron con su sangre, ha dado
algún fruto, visible en la gran cantidad de
fieles que en ese acto se concentraron en
Roma.
Una consecuencia práctica que los carlistas
deberíamos sacar de la celebración y
recuerdo de esta beatificación de los
mártires que dieron su vida por la fe, es la
de que hemos de acrecentar más nuestra
voluntad en dar testimonio de nuestra fe
católica, en todos los ambientes de nuestra
vida, y la de proclamar los ideales que el
carlismo defiende y representa.
En fin, el recuerdo de esta celebración debe
estar presente siempre en nuestras vidas,
más aún en estos tiempos en que como
católicos y carlistas, tenemos la
responsabilidad de defender nuestra en fe
ante los innumerables ataques que la Iglesia
esta sufriendo.
Estas son mis sencillas impresiones y
reflexiones que he sacado de este viaje a
Roma. Un abrazo a todos.
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