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Asistimos a celebrar el reconocimiento
solemne de la Gloria que han alcanzado ante
Dios unos hombres y mujeres como nosotros,
que supieron ser coherentes y firmes en la
fe hasta el último instante de sus vidas,
muriendo con un "Viva Cristo Rey" en sus
bocas y el perdón en sus corazones. Esta
actitud encierra un profundo tratado
teológico que invoca al Reinado Social de
Cristo en la Tierra (Reino de Paz, Amor y
Justicia). Junto a esta alegría espiritual
y trascendente, aparecen algunas sombras que
deslucen íntimamente la celebración. Con
todo el respeto que nos merece el Cardenal
Prefecto de la Congregación para la causa de
los Santos, hubiésemos deseado que en un
acto de tal envergadura y significación
histórica, con la plaza llena de peregrinos,
fuese presidida la celebración por S.S.
Benedicto XVI.
La intervención del Papa tuvo lugar al
finalizar la ceremonia de Beatificación,
desde su ventana al rezo del Ángelus,
dirigiéndose a los asistentes en lengua
española. Nos invitó a pedir a los nuevos
Beatos "que intercedan por la Iglesia en
España y en el mundo; que la fecundidad de
su martirio produzca abundantes frutos de
vida cristiana en los fieles y en las
familias".
El Santo Padre también proclamó que los
498 mártires "iluminan con su testimonio
nuestro camino a la santidad y nos alientan
a entregar nuestras vidas como ofrenda de
amor a Dios y a los hermanos". La
intervención de S.S el Papa fue acogida con
inmenso afecto y muestras de cariño por los
asistentes, con vivas, aplausos y ondear de
banderas.
Previo al comienzo de los actos, hubo una
llamada por parte de la megafonía para que
se retirasen las banderas que expresaban el
júbilo de los asistentes, dando color y
calor a la efeméride, además identificaban a
los participantes, indicando su procedencia
y adscripción, etcétera. La excusa o
pretexto esgrimido era que dificultaban la
visibilidad "simplemente es por esto" y
repetían "simplemente es por esto".
En realidad las banderas no entorpecían
ni dificultaban la visibilidad, puesto que
estaban elevadas. Nos preguntamos ¿qué
banderas molestaban y a quién? Excusatio
non petita acusatio manifiesta
Como un golpe bajo podemos calificar el
hecho de ignorar o despreciar la LENGUA
VALENCIANA, al no incluirla en la lectura
"Oración de los fieles", que sí fue leída en
catalán, gallego y vasco. Esta gravísima
afrenta al genuino pueblo valenciano por
parte de los organizadores de la ceremonia,
merece una urgente rectificación por parte
de los organizadores de la celebración
litúrgica, de los contrario caerán en el
descrédito y la desconfianza ante el pueblo
fiel valenciano.
Nosotros nos preguntamos si fue
consultado nuestro nuevo cardenal D. Agustín
García Gasco sobre tal proceder de la
organización ¿Cuál fue su actitud? Si no fue
consultado es un mal comportamiento de los
responsables que ignoran al Cardenal
Arzobispo de la segunda diócesis de España.
De cualquier forma han inflingido un
gravísimo agravio al pueblo valenciano y
ello produce desconfianza hacia su
jerarquía.
Con el disgusto que me oprimía el corazón
quería hacer constar mi desacuerdo por la
marginación de nuestra lengua valenciana. El
lunes 29 me trasladé a la Ciudad del
Vaticano y contacté con la Secretaría de
Estado. Me puso en comunicación con el
responsable de la Sección Española y le
expuse verbalmente mi queja, protesta y
denuncia por todo lo sucedido. Me atendió
muy amablemente y me pidió que presentáramos
por escrito todo lo que le expuse, que sería
acogido gustosamente.
A la vista de mi experiencia, sugiero a
las Instituciones, entidades y personas en
general que envíen sus protestas al
Secretario de Estado (Secretaría de
Estado, palacio Apostólico, I-00120. Ciudad
del Vaticano), para expresar el profundo
dolor y agravio que nos ha producido tan
nefasto comportamiento de desprecio a la
lengua valenciana. |