Get Adobe Flash player
Portal Avant de los carlistas del Reino de Valencia Vocalía de Prensa Noticias del carlismo valenciano Festividad de san Carlos Borromeo

Festividad de san Carlos Borromeo

 

Misa en sufragio en Santo Tomás

Como todos los años, los carlistas valencianos han celebrado la festividad de san Carlos Borromeo, patrón de la dinastía legítima. El primero de los actos ha tenido lugar el día 2 de noviembre; la Comunión Tradicionalista Carlista del Reino de Valencia, junto a los socios y correligionarios del Circulo cultural Aparisi y Guijarro, han asistido a la Santa Misa de difuntos, celebrada a las 19:30 horas en la Iglesia de Santo Tomás y San Felipe Neri de Valencia, la cual se realiza cada año en memoria de todos los carlistas o simpatizantes, así como los socios del círculo fallecidos.


Este año la Misa se ha ofrecido también por el alma de SAR don Carlos Hugo de Borbón Parma dado su reciente fallecimiento el pasado mes de Agosto, pidiendo cristianamente por su alma para que el Señor lo acoja en su seno. Tras la Misa ha habido un rato de tertulia a la puerta de la Iglesia.

El día 4 de noviembre ha sido la onomástica de san Carlos, santo patrón de 4 reyes legítimos proscritos, SSMMCC don Carlos V, don Carlos V, don Carlos VII y don Alfonso Carlos. Se ha conmemorado el viernes día 5 de noviembre, con una cena de confraternización entre carlistas y socios del círculo valenciano, incluyendo algunos amigos no carlistas, en la sede del círculo de la calle Garrigues, celebrando asimismo la ampliación de los locales del círculo, precisamente en la nueva sala. Tras el animado ágape, el presidente de la Comunión Tradicionalista Carlista, Jesús Blasco, ha tomado la palabra y ha pronunciado un pequeño discurso, ocupado casi en su totalidad por fragmentos de textos fundamentales del tradicionalismo político español, de don Antonio Aparisi y Guijarro, y de Juan Vázquez de Mella, en los que se resume con trazos firmes y profundamente fieles a la Tradición hispánica, el concepto de monarquía católica y federativa, el alma de la corona.

Cena de confraternización el 5 de noviembre

Tras la breve alocución, ha tenido lugar un animado debate político, en el que, como es lógico, no han quedado orillados los trascendentales momentos políticos que vivimos en el seno del carlismo, a propósito de los hechos recientes que han tenido lugar en la familia a la cual corresponde por origen la legitimidad de la corona española. La asunción de los principios de la Tradición Española, en la forma en que los sintetizó SMC don Alfonso Carlos en su testamento político, y reafirmó SMC don Javier poco antes de morir, son el fundamento indispensable para reclamar del mismo modo la legitimidad de ejercicio, en los príncipes llamados por sus sangre a ocupar el Trono de san Fernando.


Textos leídos:

Antonio Aparisi y Guijarro

Los derechos personales:

"No hay derechos ilegislables; pero sí principios que la Ley humana debe respetar como derivados de una superior".

Su filosofía política:

"Ideologías e instituciones, adquieren su verdadero sentido y se comprenden mejor, cuando se contemplan como la proyección de un sistema de filosofía política cristiana".

El derecho natural:

"Dios, autor del mundo material, lo es del mundo moral. Dio leyes a aquél, que sin conocer obedece; dio leyes a éste, que conociéndolas, debe obedecer.

Algo hay en el derecho positivo que es contingente y variable y que viene de los hombres; mas la parte esencial del mismo viene de arriba. No crea una Constitución los derechos y deberes sociales; no hace más que formularlos".

La ley es una regla fundada en el derecho:

"Puesto que el hombre es hijo de Dios y puesto por Dios para vivir en sociedad con otros hombres, claro es que hay derechos y obligaciones anteriores y superiores a toda ley escrita".

La Autoridad:

"Dios es el Creador del hombre y el autor de la sociedad. Ha debido, pues, dar a ésta los elementos necesarios para vivir, progresar, y perfeccionarse según las miras divinas.. El primero de estos elementos es la autoridad, que anima y gobierna el cuerpo social, como el alma el cuerpo humano.

Aunque establezcan los hombres en su país la forma de gobierno, aunque elijan la persona que ha de ejercer la autoridad, no es obra suya.

Habrá disolución en toda sociedad, en que se niegue o se prescinda de Dios y se coloque el origen de la soberanía en el hombre".

La forma de gobierno:

"Omini potestas a Deo Est, las formas de gobierno vienen de los hombres. Y aun cuando medito sobre esta última proposición, paréceme que sería más exacta y verdadera si dijese: que los hombres concurren con Dios para dar a cada pueblo la forma que más conviene que tenga en él la soberanía, que es divina.

La verdad es que cada pueblo tiene su índole especial, su lengua, sus tradiciones, costumbres, hábitos, necesidades, gustos. Todo ello constituye el patrimonio del pueblo, el alma del pueblo, el mismo pueblo. El gobierno mejor para este pueblo es aquel que está por siglos acostumbrado, que de seguro no es obra de charlatanes, sino la obra mixta de Dios y de los hombres.

Todas las formas de gobierno pueden ser buenas o malas para una sociedad según que en ella sean honrados o despreciados los grandes principios que viene de Dios y que entrañan un armónico conjunto de obligaciones y derechos primordiales y esenciales. La verdad política deriva de la social, como ésta de la religiosa. De los derechoa del hombre para con Dios, nacen sus derechos respecto a los hombres.

Ahí tenéis una gran Constitución.. los Mandamientos de la Ley de Dios. Esta es la Constitución moral de la sociedad humana. ¿Cual será la mejor Constitución política? La que mejor asegure el cumplimiento de aquella Constitución moral. Esto es vulgar, dirán mis amigos los liberales. Yo lo creo, no hay cosa más vulgar que las grandes verdades".

Aparisi y Guijarro, como hombre de convicciones arraigadas nunca fue servil, porque su lealtad era consecuencia de un sistema de principios, y así nos dice refiriéndose a él mismo: "Un hombre dijo a un rey digno de que se le hable la verdad porque sabe oírla: Si se tratara simplemente de una corona, no me levantaría de esta silla y andaría seis pasos. Una corona no vale esa pena".

Y que esa frase no era mera retorica lo indica el que como leal Consejero, habló claro y alto al Rey, cuando fue necesario.Ante la publicación de una carta del Secretario de S.M. Emilio Arjona, en la que decía: "La verdadera doctrina monárquica entraña la obediencia como libre y espontáneo acatamiento a los principios que simboliza el Rey; rechaza toda discusión de los actos soberanos y no admite la duda sobre la perfecta equidad de sus determinaciones".

A ella replica Aparisi y Guijarro ( junto con Navarro Villoslada, Gabino Tejedo y Canga Argüelles) con fecha de 23 de Febrero de 1872: "Esa Señor, no es la verdadera doctrina monárquica.; eso Señor, no se ha dicho jamás y aprobado en república cristiana; esas cosas, Señor, sólo pueden decirse de Dios".

Rey:

"La monarquía no la hicieron en España estos o aquellos hombres; nos la han hecho los siglos. Yo me inclino ante el sagrado principio que representa el Rey, no me inclino ante el hombre que ha de morir como yo.

El sabe que el pueblo no está hecho para el Rey, sino el Rey para el pueblo, porque la realeza no es beneficio sino ministerio. Sabe que no puede tocar a las leyes fundamentales del pueblo porque esas leyes son obras mixtas de Dios y de los hombres. Sabe que no puede proceder por capricho sino conforme a las leyes y con consejo; y sabe que la monarquía española fue siempre acompañada o de los Concilios de Toledo, o de la Cortes de Aragón o de los consejos de Castilla. Un rey sin consejo, no es rey".

Libertad:

Aparisi y Guijarro era un amante apasionado de la libertad. Es imposible esquematizar su pensamiento en este punto, porque se encuentra expreso, latente y reiterado hasta la saciedad en todos sus escritos. Entresacamos alguna citas de muestra: "¡Viva la justicia! ¡Viva la libertad! Nadie tema decir ¡Viva la libertad!, que la libertad es cristiana. No hay más sino que la cosa nos pertenece y por descuido nuestro se nos despojo del nombre… Donde está el espíritu de Dios, dice San Pablo, allí está la libertad.

Un hombre sin libertad no sería hombre, sino máquina; un hombre sin Dios no es hombre, sino bestia. Estupenda aberración llamarse liberal un hombre que niega a Dios".

Juan Vázquez de Mella

La Monarquía y sus atributos

Cristiana y Personal:

"La Monarquía cristiana, nacida de un acto de adoración en el portal de Belén al Rey de los Reyes, postrado en trono de míseras pajas para que la humildad y la autoridad marchasen siempre juntas como una virtud sirviendo de pedestal a un derecho; ungida con sangre divina en el calvario y orlada con diadema de espinas, símbolo de las asperezas del deber que recuerda a los reyes, que la suprema investidura del manto, antes es carga que galardón, creció embellecida con la palma del martirio bajo la tiara de los Pontífices y abrazada con el dolor de las catacumbas y con la gloria del circo; vio centellear en los cielos su enseña y su blasón en la Crus de Constantino; bajó reverente la cabeza con Teodosio ente las amonestaciones del Obispo de Milán; y cuando Roma fue despedazada por el hacha de los bárbaros y aventadas sus cenizas por todos los dominios del Imperio y a la voz divina cesaron las tempestades y se serenaron los horizontes, la Historia al amparo de la Iglesia, volvió a empezar con una nueva creación y todas las instituciones se renovaron, bañándose en el Jordán de la gracia, en la frente de un rey español, el suevo Requiario y limpia la mancha del pecado de la barbarie por las aguas bautismales, apareció otra vez antes que en las sienes de Clodoveo, la corona de las monarquías Cristianas, abrillantada más tarde por Carlomagno y por Alfredo, sublimada por Pelayo y Alfonso el Grande, orlada con laureles inmortales por Sancho el Fuerte, Pedro III y Don Jaime, llegada a la plenitud de sus esplendores al convertirse en ese siglo caballeresco, el más espiritual de los siglos cristianos, en aureola de santos, como en Isabel de Hungría, Luis de Francia y Fernando de Castilla; y aunque las escorias paganas la cubran de muchos puntos, trocando las diademas de la humanidad en argolla de servidumbre, todavía al despuntar la Edad Moderna, aparece radiante como una alborada en los reyes católicos y en Carlos I y en Felipe II, luchando contra protestantes y turcos; y de tal manera ensancha el circulo que ella abarca, que el sol mismo no puede mandar sus rayos a la tierra, sin hacerlos antes pasar por el aro de aquella corona que pareció en un momento el ecuador del planeta y con eclipses y fulgores, arrojada al cesto de la guillotina con la cabeza de Luis XVI, rodando ensangrentada entre las piedras de las barricadas o ametrallada por los cañones en días de paroxismo y de locura, será siempre, como decía Saavedra Fajardo, “ esfera de la majestad y cetro de la justicia” y el único emblema de la autoridad que pueden llevar en la cabeza del Estado los pueblo verdaderamente libres.

Por eso cuando la fiebre pasa y las aguas recobran su nivel y se encierran en el primitivo cauce, la Monarquía cristiana vuelve a surgir en los arenales revolucionarios como el verde oasis bajo cuya fronda opulenta se renueven la fuerza quebrantada y la salud marchita, las víctimas que logran sobrevivir del simoun y la tormenta".

Del Discurso en el Congreso, 17 de Junio de 1914

"La Monarquía Tradicional, nacida al amparo de la Iglesia y arraigada en la historia, es magistratura tan magnífica y se presenta de tal manera rodeada de majestad y grandeza a la mente del filosofo y al corazón del poeta, que ninguno que se llame monárquico, aunque sea de las monarquías falsificadas que ahora se estilan, si posee alguna ilustración y entendimiento, puede dejar de rendirse ante ella y cantar sus glorias y ponderar sus maravillas si, forzado por las circunstancias, tiene que luchas contra los secuaces de la forma republicana.

Porque defender el parlamentarismo monárquico contra el parlamentarismo republicano sin apelar para nada a la Monarquía representativa tradicional, es tarea imposible, como lo demuestran evidentemente los doctores constitucionales cuando, por medio de un vulgar sofisma, procuran hacer de la Monarquía histórica y la revolucionaria una misma institución, con el propósito de atribuir a la segunda las glorias y prestigios de la primera".

 

SMC don Carlos VII

Parte de la carta dirigida por don Carlos VII a su hermano Alfonso Carlos, en Junio de 1869

“Yo no puedo mi querido Alfonso, presentarme en España como pretendiente a la Corona; yo debo creer y creo que la Corona de España está ya puesta sobre mi frente por la santa mano de la Ley. Con ese derecho nací, que es al propio tiempo obligación sagrada; más deseo que ese derecho mío sea confirmado por el amor de mi pueblo. Mi obligación, por lo demás, es consagrar a este pueblo todos mis pensamientos y todas mis fuerzas; morir por él o salvarle.

Decir que aspiro a ser Rey de España y no de un partido, es casi vulgaridad, porque ¿ qué hombre digno de ser Rey se contenta con serlo de un partido? En tal caso se degrada a si propio, descendiendo de la alta y serena región donde habita la majestad y adonde no pueden llegar rastreras y lastimosas miserias. Yo no quiero ser Rey sino de todos los españoles; a ninguno rechazo, ni a los que se digan mis enemigos, porque un Rey no puede tener enemigos; a todos llamo y llamo afectuosamente en nombre de la patria; y si de todos no necesito para subir al trono de mis mayores, quizá necesite de todos para establecer sobre sólidas bases la gobernación del Estado y dar fecunda paz y libertad verdadera a mi amadísima patria.

La España antigua necesitaba de grandes reformas; en la España moderna ha habido grandes trastornos. Mucho se ha destruido; poco se ha reformado. Murieron antiguas instituciones algunas de las cuales no pueden renacer; se ha intentado crear otras nuevas, que ayer vieron la luz y ya se están muriendo. Con haberse hecho tanto está por hacerse casi todo. Hay que acometer una obra inmensa de reconstrucción social y política, levantando en este país desolado, sobre bases cuya bondad acreditan los siglos, un edificio grandioso, en que puedan tener cabida todos los intereses legítimos y todas las opiniones razonables.

No me engaño hermano mío, al asegurarte que España tiene hambre y sed de justicia, que siente la urgentísima e imperiosa necesidad de un Gobierno digno y energético, justiciero y honrado, y que ansiosamente espera a que con su disputado imperio, reine la ley, a la cual debemos estar todos sujetos, grandes y pequeños.

España no quiere que se le ultraje ni ofenda la fe de sus padres; y poseyendo en el catolicismo la verdad, comprende que si ha de llegar cumplidamente su encargo divino, la iglesia debe ser libre.

Sabiendo y no olvidando que el siglo XIX no es el siglo XVI, España está resuelta a conservar a todo trance la unidad católica, símbolo de nuestras glorias patrias, espíritu de nuestras leyes, bendito lazo de unión entre todos los españoles.

El pueblo español, amaestrado por una experiencia dolorosa , desea en verdad que su Rey sea Rey de veras y no sombra de Rey; y que sean sus Cortes ordenada y pacífica Junta de independientes e incorruptibles procuradores de los pueblos; pero no asambleas tumultuosas y estériles de diputados empleados o de diputados pretendientes, de mayorías serviles y de minorías sediciosas.

Ama el pueblo español la descentralización y siempre la amó ; y bien sabes, hermano mío, que si cumplieran mi deseo, así como el espíritu revolucionario pretende igualar las provincias vascas a las restantes de España, éstas semejarían o se igualarían en su régimen interior con aquellas afortunadas provincias.

Yo quiero que el municipio tenga vida próspera y propia y que la tenga la provincia previendo sin embargo y procurando evitar abusos posibles.

Nosotros hijos de Reyes, reconocemos que no es el pueblo para el Rey sino el Rey para el pueblo: que un Rey debe ser el hombre más honrado de su pueblo, como que es el primer caballero; que un Rey debe honrarse con el título especial de padre de los pobres y tutor de los débiles.”

 
Visitantes de Avant!
Tenemos 66 invitados conectado(s)