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Portal Avant de los carlistas del Reino de Valencia El carlismo Artículos de historia 1968. Montejurra y Quintillo

1968. Montejurra y Quintillo

El Carlismo - Artículos de historia

 

Domingo gris, nebuloso, cargado de humedad con esporádicas lluvias que parecían querer zancallidear la jornada que se preparaba. Sin embargo, desde primeras horas de la mañana, bien de madrugada, las boinas rojas se encargaron de poner una nota de color mucho más alegre, y fueron llegando uno y a otro lado de Irache centenares de autobuses y miles de pequeños turismos abarrotados de gentes ufanas, juventud y personas mayores con un entusiasmo que hacía presumir lo imponente de la manifestación. Además, los caminos de acceso a Montejurra, de todos los pueblos de sus inmediaciones e incluso de otros separados por varios kilómetros, estaban repletos de carlistas marcando la ruta con el trazo rojo de sus boinas como amapolas que hubieran sido intencionadamente sembradas entre los verdes trigales de la comarca. De forma que a las nueve de la mañana, las inmediaciones de Irache estaban totalmente repletas, acudiendo gentes de toda España a la llamada de los altavoces que entonaron himnos carlistas, con intercalación de consignas.




Apoteósico recibimiento

Aproximadamente a las diez de la mañana llegaron directamente a la campa de Irache la princesa Doña Irene y la Infanta Doña María Teresa que fueron acogidas atronadoramente. Los requetés de escolta se las vieron y desearon para proporcionarles un mínimo espacio vital, mientras las Señoras saludaban gentilmente a todos.

Sus Altezas pasaron revista a dos Tercios de Requetés, ac ompañadas del Jefe regional, señor San Cristóbal, y del comandante Elena. Presidieron a continuación el desfile de los voluntarios que marchaban con banderas y bandas.

Doña Irene vestía un traje beige-blanco y se cubría con boina blanca, flordelisada; Doña María Teresa vestía un traje sport verde y se tocaba con boina roja.


Vía Crucis

A pesar de la lluvia, las Señoras iniciaron a pie la subida, siguiendo con todos el rezo del Santo Rosario y el ejercicio del Vía Crucis, que dirigía el catedrático y capellán de la Hermandad don Joaquín Vitrián.

En la cumbre

A la cumbre comenzaron a llegar los primeros grupos densos a eso de las 11’30. En los micrófonos, don Pedro Lombardía y el estudiante don José Fermín Arraiga, glosaban la significación del acto. La perfecta separación entre lo puramente religioso y lo netamente político, y en lo religioso, el sentido de este momento masivo en sufragio de las almas de nuestros héroes y mártires. Se prohibió terminantemente el reparto de octavillas durante las celebraciones religiosas.

Cuando faltaban cuatro cruces para que llegaran a la cumbre las Señoras y el grueso de los peregrinos ya la cumbre estaba literalmente rebasada. Ningún año ha estado tan absolutamente llena y desbordada como este.

Durante la espera, la banda de cornetas y tambores del Requeté y Círculo de Sangüesa amenizó a los congregados, y entonó la Marcha de Infantes cuando llegaron sus Altezas, que fueron recibidas con enorme entusiasmo. A pesar de los esfuerzos del Requeté de contención, que mandaban Bonafau y Astrain, el cordón fue roto.


Santa Misa

Celebró la Santa Misa el capellán de la Hermandad. Dirigió oraciones, salmos y cánticos el párroco de Cizur, don Javier Lorente. Las Señoras ocuparon reclinatorios. En lugares destacados vimos, entre otros, a don Manuel Piorno y don José Puig, delegados regios y miembros de la Junta Suprema: don José María de Zavala, secretario general de la Comunión, el Jefe regional de Navarra y los miembros de esta Junta, señores Martínez Erro y Jordán de Urries.

La Misa fue emocionantemente comunitaria. Comulgaron Señoras y algunas autoridades.

Un detalle elegante: una avioneta del Real Aeroclub de Navarra arrojó un ramo de claveles, que Doña Irene entregó para que se depositara a los pies del Cristo negro.

Se rezaron responsos por todos los Mártires, por un requeté riojano muerto en accidente cuando venía a Montejurra –también murió según nos comunican una margarita vizcaína- y por uno de los fundadores del Vía Crucis: el señor Larumbe.



Dicastillo, Irache, Estella

Las señoras, que fueron despedidas con amor de delirio, bajaron a Dicastillo, donde visitaron a las familias Barbarín y Landa, y gustaron un vino navarro. De allí, por expreso deseo de Doña Irene y a pesar del pésimo tiempo, regresaron a Irache para almorzar al aire libre, en medio de centenares de carlistas. Les acompañaban, entre otras damas, las señoras Palomino, Zavala y doña María Asunción Suárez de Figueroa, señora de San Cristóbal –que el día anterior había ofrecido a Sus Altezas y autoridades de la Comunión un agasajo en su casa de Pamplona- y Pilar Díaz Iribarren.

En Estella, bares, fondas, restaurantes y asadores estaban no ya al completo, sino con las escaleras llenas de aspirantes a una silla vacía. El almuerzo oficial tuvo lugar en El Oasis, y fue presidido por el Presidente de la Junta Suprema, don Juan José Palomino –que fue muy ovacionado a su llegada-, María Pilar Fernández, como secretaria de la Hermandad, y los señores Piorno, Puig Pellicer, Zavala, San Cristóbal, Martínez Erro, Jordán de Urríes, el capellán nacional don Edistio Sancho y don Julio Ros, en representación de la Junta de Estella. Hubo numerosísimos comensales.

Aplausos bajo la lluvia

Las Señoras, en un jeep descubierto y bajo la lluvia –pues quisieron, tanto durante el almuerzo como a la tarde, participar de las incomodidades debidas a la adversa meteorología-, entraron en Estella y dieron una vuelta a la plaza de los Fueros. Es imposible describir aquel ahogo de apreturas, aquel atronar de ovaciones, aquel continuo oír vivas a la Familia Real de España. Baste un dato: en recorrer el trayecto entre la estación y la plaza, y circunvalar esta, las Señoras –conducidas por don Juan Andrés Ruiz de Alda- tardaron casi media hora. Era imposible contener el entusiasmo, a pesar de que los Requetés y los legionarios de escolta se emplearon a fondo.

Después, las señoras, acompañadas del secretario de Don Carlos, señor Romera, emprendieron viaje de regreso a Madrid.



Acto Político

La multitud, como puede verse en las fotografías, abarrotaba absolutamente la plaza –salvo espacio cercado de las obras del quiosco- y las bocacalles y calles adyacentes. Y escuchó en un impresionante silencio, solo roto por los aplausos, los discursos. Ningún año anterior habíamos observado tal silencio, incluso en los bares y en los porches. La multitud quería oír lo que oyó, y refrendó las palabras con ovaciones múltiples. Pancartas muy rotundas pedían autenticidad y representatividad sindicales, soluciones para la Universidad de oportunidades culturales, políticas y sociales.

El Jefe regional saludó a todos y leyó un Mensaje de Don Javier. El procurador en Cortes por Navarra, don Auxilio Goñi, pronunció un discurso muy meditado y muy bien acogido. El abogado riojano don Santiago Coello hizo vibrar a todos con su parlamento, en nombre de la juventud. Finalmente, el secretario general de la Comunión leyó una declaración de la Junta Suprema sobre el actual momento político. Declaración que ha sido facilitada a la Prensa y que sentimos no poder publicar, por causas que no son falta de deseo.

Todos fueron muy ovacionados. Finalmente, y a la voz del Presidente de la Junta Suprema, señor Palomino, todos entonaron el Oriamendi, dieron vivas a Cristo Rey, a España, a los Fueros y a la Familia Real.

Queremos señalar que este año, el horario se cumplió a rajatabla, y como siempre, el orden fue perfecto.



Quintillo 1.968

En competencia con Montejurra, el Quintillo dio este año una colosal concentración, con asistencia de las mismas personas reales que en Montejurra, Doña Irene y Doña María Teresa de Borbón Parma. Nuestros lectores podrán admirar distintas escenas, en el altar, formación de requetés, etc., y en la tribuna con Doña Irene y Doña María Teresa a Don Manuel Fal Conde, Duque de Quintillo.


Artículo y fotos publicados en el número 37 de la revista Montejurra. Mayo de 1.968

 

 
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