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Conferencia "el carlismo y la defensa de las señas de identidad del Reino de Valencia", por Pascual Martín-Villalba

Círculos - Círculo carlista Aparisi y Guijarro

 

Esta tarde ha tenido lugar en el círculo cultural Aparisi y Guijarro la conferencia “El carlismo y las señas de identidad del Reino de Valencia”, a cargo de don Pascual Martín Villalba, historia viva del valencianismo de los últimos 30 años y actual vicepresidente del círculo. El ponente ha hecho un repaso, a lo largo de una hora y media, de la apasionante trayectoria del valencianismo político a los largo de la mal llamada transición española, como testigo privilegiado en primera línea.

 

Tras una breve introducción, su charla ha comenzado desde el punto de partida inevitable: el único movimiento político que a lo largo del siglo XIX defendió el foralismo y la autonomía regional fue el carlismo, hechizados los demás por el espejismo modernista del centralismo uniformalizador. A principios de los 70, en plena dictadura, el círculo cultural Aparisi y Guijarro fue el germen donde se gestó el valencianismo político. Fue entre sus miembros donde nació la idea de crear el Grup d´Acció Valencianista, el verdadero movimiento político valencianista (abierto a todas las ideologías que amaran la patria valenciana y española y se opusieran al nacionalismo catalán) surgido de una escisión del histórico Lo Rat Penat (en cuya fundación a finales del siglo XIX, por cierto, también participaron no pocos carlistas) excesivamente academizado. Así, uno de los iniciadores, y el más importante presidente, el ponente, vino de las filas del carlismo. El retrato de los agitados años del fin de la dictadura de Franco y el comienzo de la democracia parlamentaria (partitocracia con ausencia de división de poderes, en frase del propio ponente), confeccionado a base de las anécdotas de Pascual Martín, nos deja un tapiz de tensiones, conflictos y respuesta desesperada de un pueblo que veía perder sus señas de identidad tradicionales a manos de una casta política heredada del franquismo y plagada de hombres dispuestos a ceder frente a los ideólogos de la universidad invadida por el nacionalismo catalán desde unos años antes (con el terrible caso del cátedro de filosofía Ubieto, que hubo de regresar a su Zaragoza natal tras recibir amenazas de muerte a su propia familia por parte de grupúsculos nacionalistas, posteriormente “demócratas de toda la vida”).

 

 

Nombres evocadores como Giner Boira, Sanchis Guarner, Xavier Casp, Joan Fuster, Manuel Broseta, Fernando Abril, Emilio Attard, desfilan ante nuestros ojos con sus interioridades y sus miserias. Así, sabemos que la UCD trató de absorber al GAV ofreciendo a algunos de sus miembros concejalías en el ayuntamiento de Valencia, que la traducción de la constitución del 78 al valenciano que se imprimió fue realizada por miembros del GAV y de la RACV por afán de los gobernantes del momento de congraciarse con el valencianismo para no perder votos, que a la hora de aprobar el estatuto de autonomía todos los grupos habían decidido aceptar la cuatribarrada como bandera del Reino, aceptándose finalmente la senyera coronada tradicional gracias a la firme defensa que el GAV, entre otros, hizo de los símbolos del pueblo valenciano. Como que Manuel Broseta amenazó al terco Martín Villalba (empecinado en defender la bandera coronada, y no simplemente con franja azul) con que la “sangre que se pueda verter por los conflictos que cause esta intransigencia caigan sobre su conciencia”, para que finalmente todo el afán de vender los símbolos de Valencia en aras al “consenso” se limitaran a una maniobra para conservar el poder, que a la postre perdieron a manos del PSOE en cualquier caso. Como que en el acto convocado por la Coordinadora d´Entitats Valencianistes, (promovida y presidida por otro carlista, don Eduardo Chuliá Vicent, a la sazón presidente del Círculo Cultural Aparisi y Guijarro) en la plaza de toros, en defensa de la senyera coronada (con gran éxito, por cierto), el presidente el día anterior fue invitado por los jerifaltes de las fuerzas políticas valencianas a suspenderlo, primero amablemente y luego (en palabras del comunista Antonio Palomares) con amenazas de montar una algarada con violencia que generara muertos que desprestigiaran al valencianismo “como en Montejurra”. Como los dimes y diretes, y las prohibiciones del gobernador o del ayuntamiento para celebrar el acto del Parterre en el 9 d´octubre, como que la denominación de Reino de Valencia para nuestra región estaba pactado por UCD y PSOE que los primeros la presentarían en cortes pero secretamente harían lo posible (como así ocurrió) para que no saliera adelante, salvando la cara cínicamente ante el valencianismo. Como que la discusión acerca de la lengua o idioma o dialecto valenciano se planteó en aquellos días, con una nueva traición de la UCD y de todo el antiguo aparato franquista en Valencia, permitiendo, en beneficio a una supuesta concordia social (que los nacionalistas catalanes jamás buscaron), que el debate siga abierto hasta nuestros días.

 

 

En resumen, una conferencia cálida, ocurrente, apasionante, que nos ha hecho viajar 30 años atrás y nos ha permitido conocer el germen de los símbolos valencianos que se han podido conservar y aquellos que se han perdido, en el cambio de régimen, por culpa de una derecha entregada y una izquierda nacionalista enemiga de nuestra historia y nuestras tradiciones.

También ha hecho un repaso breve a la situación presente del valencianismo, a la que ve desde la lógica distancia de su ya largo retiro, lamentando que la desunión y los personalismos hayan echado al traste un proyecto valencianista que hubiese podido ser clave en la gobernación de nuestro Reino. En ese sentido ha definido con gran sagacidad a los movimientos políticos. Según él, existen los partidos de ideologías, con principios claros y firmes pero escasos simpatizantes, como puede ser el propio carlismo, los partidos coyunturales, que surgen en respuesta a una amenaza concreta, como puede ser el valencianismo, o el nuevo partido de Rosa Díez, y por último los partidos de opción de poder, los cuales, como su nombres indican, únicamente se mueven por el afán de ocupar puestos de poder, como el PSOE o el PP. Por último, ha lanzado un mensaje a Coalició Valenciana: su presidente gusta de llamar a su partido “foralista”, nombre precioso que, no obstante, ha de ser llenado de contenido, y no quedarse en un simple adjetivo lustroso. Los fueros son las costumbres hechas ley. Y en ese sentido, el único movimiento político que ha sido siempre y será foralista es el carlismo.

 

 

A la conclusión se ha abierto un turno de preguntas, aún más vivo e interesante si cabe, y una cerrada ovación al ponente. Finalmente se ha servido un vino de honor a los asistentes, que han abarrotado los locales del círculo.

 
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