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Exaltación de la Cruz de mayo

Círculos - Círculo carlista san Miguel

Líria, o la fe que nunca muere. Estas inmortales palabras vuelven al imaginario carlista cada 2 de mayo, cuando los socios del círculo cultural carlista de san Miguel celebran la tradicional celebración de la cruz de mayo, el mes de María, instaurada por S.M.C D. Alfonso Carlos. Como todos los años, como cada año, un grupo de margaritas del círculo ha confeccionado la hermosa cruz de flores, símbolo, como ha recordado nuestro presidente, don José Miguel Orts, ya no de tortura y muerte, sino de vida y liberación del pecado. La cruz ha sido izada en el frontispicio del círculo.

Los socios del círculo, junto a los amigos carlistas de Valencia, Aldaya y otras localidades cercanas, hemos compartido una opípara cena de confraternización. Como siempre, la atención del personal del bar, inmejorable. Tras café, brindis con cava y breves discursos.

Primero, don Miguel Vergara, presidente del círculo, ha dado la bienvenida a todos los presentes y ha introducido el acto; posteriormente don José Romero, secretario del círculo san Miguel e historia viva del carlismo valenciano ha efectuado una breve alocución en la que ha agradecido a las mujeres que han confeccionado la cruz, como todos los años, las verdaderas protagonistas de la fiesta.


Finalmente don José Miguel Orts, presidente de la Junta Regional de la Comunión Tradicionalista Carlista del Reino de Valencia, ha realizado el discurso central, una emotiva alocución en la que ha recordado la misión importantísima del acto público de la exaltación de la cruz de mayo, como paralelismo con la presencia pública que debemos tener los católicos en la vida pública, frente al régimen liberal que trata de recluir a nuestra fe en las sacristías. Todos los discursos, y sobre todo el último, han concluido entre atronadores aplausos.


DISCURSO DE DON JOSÉ MIGUEL ORTS, PRESIDENTE REGIONAL DE CTC

VIGILIA DE LA SANTA CRUZ EN LIRIA

 

Sr. Presidente y Sres. Directivos del Círculo San Miguel, correligionarios carlistas y amigos todos:

 

Un año más hemos de dar gracias a Dios por permitirnos compartir la casa y la mesa de los carlistas de Liria en la víspera del Día de la Exaltación de la Santa Cruz, para cumplir la voluntad del Rey Don Alfonso Carlos I.

 

Este acto que tiene una parte íntima y otra pública, en la calle, viene a significar la necesidad de la coherencia entre lo que se cree en la privacidad de la conciencia y lo que se practica en la vida familiar, profesional, cultural, social y política. El liberalismo tolera el hecho religioso siempre que no transcienda al exterior ni influya en las decisiones de gobierno. Quieren un Dios irrelevante, que es lo más parecido a un Dios inexistente.

 

Pero el Dios de los cristianos es un Dios que interviene en la historia, un Dios que se hizo hombre por amor al hombre. Que llevó ese amor al extremo de la muerte. Y que venció a la propia muerte y nos abrió la puerta de la esperanza. Los hombres, sean tiranos o mayorías democráticas, no tienen derecho a reducir  la realeza de Cristo al límite de las sacristías y de los ámbitos sagrados.

 

 

Benedicto XVI reprocha a la Europa política su olvido de las raíces cristianas que constituyen sus cimientos históricos. Esa omisión denunciada en la fracasada Constitución europea fue en su día aclamada como fruto del consenso democrático en el texto constitucional español de 1978 por casi todos, excepto una minoría en la cual nos contamos, en su día,  los carlistas.

 

Ese vacío en las leyes es un pecado colectivo que está dando sus frutos. Los más amargos el homicidio despenalizado de ya millones de seres humanos inocentes en el vientre de sus madres, la ruptura de la familia, pilar fundamental de la sociedad, la violencia doméstica, la equiparación de las uniones civiles de personas del mismo sexo al matrimonio tradicional, la proliferación de sectas y falsas religiones…

 

 

Que este acto, humilde y fuera de los noticiarios, sirva de homenaje a la Cruz, que más que un instrumento de tortura y de muerte, significa para nosotros la única esperanza de salvación para las personas y las sociedades. El Señor nos enseña a llevar cada uno nuestra propia cruz y a seguirle en su camino. Que Él nos dé fuerzas para cumplir con nuestros deberes y para defender nuestras libertades. Sobre todo la santa libertad de obedecer a Dios antes que a los hombres.

 

Que venga a nosotros su Reino. Y que nuestro trabajo y nuestro esfuerzo se dirijan a ese supremo fin.

 

¡Viva Cristo Rey!

¡Viva España!

¡Viva el Rey legítimo!

 

Liria, 2 de mayo de 2007

 

 
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