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Presentación en Castellón del libro "Historias ocultadas del nacionalismo catalán

Círculos - Círculo carlista Aparisi y Guijarro

 

Tal y como estaba previsto, el miércoles 14 de diciembre, en la librería Argot de Castellón, ha tenido lugar la presentación del libro “Historias ocultadas del nacionalismo catalán” del sociólogo Javier Barraycoa, vicerrector de la Universidad CEU-Abat Oliba de Barcelona y Vicedecano de su Facultad de Ciencias Políticas y de la Administración, organizado por el Círculo Cultural Aparisi y Guijarro.

 

 

Vicente Ramón Porcar, delegado del círculo en la ciudad de La Plana, fue el encargado de presentar al autor. José Miguel Orts, jefe de publicaciones del Círculo Aparisi y Guijarro y consejero de la CTC realizó una breve exposición, en la que perfiló el concepto de nacionalismo. El autor, Javier Barraycoa, explicó su propósito al escribir su obra y desgranó algunos detalles de su contenido, que no pretende, en ningún caso, vilipendiar a Cataluña ni a lo catalán sino poner en evidencia las exageraciones, manipulaciones históricas y falsedades en que los nacionalistas catalanes han incurrido como estrategia de su discurso. El público refrendo las intervenciones con aplausos y solicitando la firma de Barraycoa en los libros adquiridos al efecto.

 

 

 

Palabras de don José Miguel Orts Timoner:

 

Señor Delegado del Círculo Cultural Aparisi y Guijarro en Castellón, señoras y señores:

 

La presentación de un libro siempre es un motivo de alegría por cuanto supone dar fe del nacimiento de una nueva criatura del mundo de la cultura, el “saber vivir humano” que decía mi recordado Maestro, el Profesor Julián San Valero. En este caso esta presentación sigue la estela de varias anteriores en otros puntos de España, y el libro viene precedido de otros muchos del autor, al que me unen vínculos de comunión en valores y amistad, desde un cuarto de siglo, cuando Javier Barraycoa era un joven universitario de 23 años que editaba un boletín combativo y yo aun disimulaba la calva con un poco de camuflaje.

 

Por ello he de agradecer al Círculo Aparisi y Guijarro la oportunidad de “apadrinar” en Valencia este libro que está alcanzando éxitos de ventas inauditos para un trabajo que nada contra corriente y que puede considerarse como “políticamente incorrecto”. El caso es que Javier Barraycoa se define como “una persona normal”. Así lo decía públicamente en un acto reciente en que compartimos micrófono. Normal en un contexto de cambio forzado de referentes y de pautas de normalidad. Pero, a lo largo de mi vida he encontrado a poca gente de su talla intelectual y humana. Así que, al menos estadísticamente Barraycoa no es muy normal, es decir, no es del montón. Juzguen Vds.:

 

Javier Barraycoa Martínez nació en Barcelona en 1963. Treinta años después se doctoraba en Filosofía por la Universidad de Barcelona con la tesis Poder de Dios y Poder de Estado. El protestantismo en la génesis de la modernidad política.

Actualmente es Vicerrector de Investigación y Calidad en la Universidad Abat Oliba CEU, Director de Estudios de Ciencias Políticas y de la Administración y Profesor de Sociología en la misma Universidad Abat Oliba CEU.

 

Estos son los títulos de los libros que ha publicado antes de “Historias ocultadas del nacionalismo catalán”:

 

-La Ruptura demográfica. Un análisis de los cambios demográficos

 

-El Trabajador inútil. Reinventando el proletariado

 

-Sobre el poder, en la modernidad y la posmodernidad

 

-Tiempo muerto. Tribalismo, civilización y neotribalismo en la construcción cultural del tiempo

 

-Los mitos actuales al descubierto

 

-Fundamentos sociológicos de la corrección política

 

Y está preparando:

 

-Imaginarios globales y utopías latinoamericanas.

 

Otras obras en colaboración:

 

.-Tradicionalismo y espiritualidad en Antonio Gaudí

 

.-El camino hacia el empleo en un mundo complejo

 

.-Narciso en el espejo

 

 

Colabora como articulista en las revistas Verbo, Cristiandad, Espíritu y Catholica (editada en Francia), y Ahora Información, fundada y dirigida por él durante 20 años.

 

Además de otros boletines y revistas menores, entre los cuales figura“Reino de Valencia” , órgano de los Círculos Aparisi y Guijarro y San Miguel.

 

Aparte está su faceta de editor, por la cual presentó el sábado pasado, en un acto entrañable en Benicarló la obra “Lo que la memoria olvida. Un estudio sobre la represión en Benicarló y el Maestrazgo, 1936-38, de Cristóbal Castán Ferrer, editada por Scire. Un libro que también nuestro Círculo presentará próximamente en Valencia.

 

Precisamente el haber escuchado la magistral intervención de Javier Barraycoa en Benicarló en la que hizo un estudio del concepto de martirio en la tradición católica y la lectura rápida de su libro me hizo ver el nivel del lío en que me ha metido nuestro Presidente, Pepe Monzonís al hacerme este honroso encargo. Menos mal que, aun en un ámbito culto como el de la librería Argot, cuento con la segura benevolencia de Vds y del mismo autor.

 

En el libro que presentamos, Barraycoa nos presenta una serie de contradicciones y exageraciones que ponen en evidencia al nacionalismo catalán. No se trata de un ataque a Cataluña. Es más: el amor de Javier Barraycoa por su tierra, por su pueblo, le lleva a aligerarla de mentiras y de odios. Mentiras y odios son ingredientes básicos de los nacionalismos. El nacionalismo no es negativo por ser, en este caso, catalán. O en otros vasco, gallego, valenciano o español. Empieza a ser problemático cuando traspasa el límite sutil del patriotismo, del amor preferente al prójimo, a lo próximo y se convierte en proyección del propio egoísmo, fundando pretendidas superioridades en la pertenencia a un grupo humano en el seno del cual el hombre ha venido al mundo sin ningún mérito por su parte.

 

Recordemos algunas nociones básicas sobre el fenómeno nacionalista.

 

Por nacionalismo los entendidos nos hablan de una ideología y de un movimiento social y político que surgió con el concepto liberal de nación, desde finales del siglo XVIII.

 

¿Qué es eso de nación para el llamado “derecho nuevo”?

 

Hasta entonces el esquema del Antiguo Régimen ponía el acento en la soberanía del Rey y la estructuración de la sociedad en los estamentos de clero, nobleza y tercer estado o estado llano. La Revolución Francesa, preparada ideológicamente por los ilustrados, teorizantes de la Monarquía absoluta anteriormente, redujo la nación a este tercer estado, cuyos integrantes pasaron a ser ciudadanos en lugar de súbditos. La potestad del monarca, derivada antes del origen divino del poder, pasó a la nación, el conjunto de los ciudadanos y la ley, desde entonces, fue la expresión de la soberanía nacional, identificada con la suma de las voluntades de los ciudadanos, la voluntad general, la soberanía del pueblo. Ante este nuevo soberano no cabe resistencia alguna ni su poder reconoce límites morales ni jurídicos ni por arriba, la Ley de Dios, ni por abajo, ningún tipo de cuerpos sociales. En nombre de ese mito aparentemente liberador la Historia nos presenta las tiranías y las atrocidades más increíbles.

 

Como ideología el nacionalismo proclama a la nación como único referente de identidad de la comunidad política: la soberanía nacional es la única base legítima del Estado. Es el principio de soberanía nacional.

 

Cada nación debe formar su propio Estado. Las fronteras del Estado deberían coincidir con las de la nación. Es el principio de nacionalidad.

 

El problema viene cuando hay que definir el factor determinante a invocar para considerar la existencia de una nación y cuando los límites de esa nación sin Estado entran en conflicto con los establecidos por Estados heredados de generaciones anteriores. Confines de geografía política que casi siempre han venido determinados por la espada, por la fuerza. Así pues la nación y el Estado como ideas están llamados a entrar en conflicto.

 

Los que enarbolan la bandera del nacionalismo unas veces parten de subrayar las “señas de identidad” heredadas: la lengua, la raza, la religión. Son los nacionalistas étnicos o culturales. De eso sabían mucho fascistas y nazis. También los islamistas y los sionistas de ayer y de hoy. Los imperialismos de los países cristianos tomaron asimismo la exportación de la fe como factor legitimidador.

 

Otras veces invocan el consenso de la población de una determinada región. La democracia como pretexto. Eso está muy de moda entre los nacionalistas cercanos a nosotros. Es el caso del que se cansa de llamarse Pérez y ser de Teruel y pasa a exigir llamarse Josep Lluís Carod Rovira y hacerse catalán de adopción, sencillamente porque eso “mola”. La izquierda opta por el voluntarismo del desarraigado; la derecha por enlazar con los rasgos heredados. Pero ahora no sabemos dónde terminan unos y otros.

En todo caso no hay mucha diferencia entre la atribución a un grupo humano de una conciencia propia como nación que inventar naciones donde no las hay. Ya se sabe el talento de los manipuladores de masas. Por eso hay quien ha relacionado la expansión de los sentimientos nacionalistas con ciertas condiciones como el desarrollo de los medios de comunicación y la economía capitalista y sus técnicas de manejo de mercados.

 

Los nacionalismos que hemos visto nacer, desarrollarse o morir son clasificables en diferentes categorías según el punto de vista desde el que se analicen:

 

Si varias minorías tienden a constituir una sola nación-Estado, hablaríamos de un nacionalismo centrípeto o integrador. Es el caso de las unificaciones alemana o italiana del siglo XIX.

 

Cuando minorías nacionales tratan de escindirse de su actual Estado, como en el caso kurdo, vasco o catalán el proceso sería centrífugo o desintegrador.

 

La clasificación se invertiría considerando el objetivo superpuesto al actual mapa político: El Kurdistán único, Euskadi a caballo entre Francia y España, los Países Catalanes, también a los dos lados del Pirineo… Desde esta óptica, esos nacionalismos serían centrípetos e integradores… de un futurible, de un proyecto político.

 

El tema del libro nos afecta obviamente a los valencianos. La mayor parte de los que se autodenominan nacionalistas en nuestras tierras, se sienten nacionales de esos Países Catalanes que han tenido sus modernos profetas y santones más notorios entre nosotros. Es un nacionalismo centrífugo mirado desde Valencia y centrípeto observado desde Barcelona. Un análisis reduccionista simplificaría los lemas del pancatalanismo a este silogismo burdo:

 

Los valencianos hablan catalán,

Los que hablan catalán son catalanes

ergo

Los valencianos son catalanes.

 

Ello en paralelo con la consideración de que ser catalán y ser español se excluyen recíprocamente. Y que la unidad de la lengua es un axioma científico inapelable. Por lo cual los que lo ponen en duda son reos de exclusión intelectual.

 

Si consideramos los criterios de normalización del catalán ideologizados en el sentido de “descontaminarlo” artificial y forzosamente del lógico parecido fronterizo con el castellano, aun a costa de sacrificar la espontaneidad de vocabulario, sintaxis y fonética, y las variantes regionales, notaremos también en esa estrategia la impronta nacionalista de superponer la ideología a la realidad. Ello nos alcanza a los valencianos por cuanto se nos imponen modelos ajenos a nuestra tradición lingüística y literaria en aras de la homologación pactada por los políticos.

 

El resultado de esa imposición es el fracaso estrepitoso en el uso habitual del valenciano como lengua de cultura, a pesar del dineral invertido desde antes del advenimiento del nuevo régimen en la enseñanza de la lengua normalizada, tanto en el sistema educativo como en los medios de comunicación. Véase el grado de éxito espontáneo de los doblajes cinematográficos de películas extranjeras a la lengua normalitzada y las cuentas de las emisoras de radio y televisión que han optado por “fer país” gracias a las subvenciones oficiales.

 

Antonio de Nebrija, primer gramático del español, advirtió en nuestro fecundo Renacimiento, que “la lengua es compañera del Imperio”. De esto han tomado buena nota los nacionalistas catalanes en su política de expansión del catalán y de integración de las variantes de los territorios ajenos a su jurisdicción administrativa estricta. Con ellos se diseña el mapa lingüístico, aparentemente inocuo.

 

Pero a partir del mapa lingüístico se construye el nuevo mapa político. En ese mapa, como botón de muestra, el trozo de Mediterráneo que se enmarca entre la Península Ibérica y las Islas Baleares es “la Mar Catalana”, en la cartografía de la Gran Enciclopèdia Catalana, que dedica varias páginas a la entrada “Països Catalans” que sucede alfabéticamente a “Països Baixos”. Y el inri del desacato lo podemos ver en las televisiones pagadas por la Generalitat de Catalunya anunciando las previsiones meteorológicas sobre las pretendidas líneas limítrofes de los dialectos y subdialectos, con la exclusión de las zonas castellanoparlantes, que en su día Joan Fuster, en “Nosaltres els valencians” sugería “devolver” a Aragón o a Castilla. Abusos y mentiras.

 

Ante estas falacias, una actitud típicamente nacionalista, aunque anticatalanista, es negar rotundamente la mayor minimizando los parecidos y exagerando las diferencias entre las hablas de las lindes administrativas, declarando independencias unilaterales a partir de normativas ortográficas particulares. O enfatizando los vulgarismos para castrar el uso culto de la lengua. Los que caen en esos “tics” reflejos lo hacen víctimas de mecanismos de defensa de su nacionalismo español más que valenciano. Y recordemos que el nacionalismo es nefasto por sus frutos, al margen de cuál sea el gentilicio que lo adjetive.

 

Las lenguas son un producto cultural creado por los pueblos para comunicarse, para entenderse. Utilizar cualquier lengua para transmitir mentira y odio es pervertirla. Previo al aprendizaje de cualquier instrumento de comunicación está la apertura al mensaje a recibir y el cuidado en la elaboración del mensaje a emitir. Y la adecuación del mensaje a normas éticas que incluyen respeto al otro, respeto a la verdad y respeto a la comunidad lingüística.

 

Hablar un idioma común no conlleva, como pretende el mecanismo mental nacionalista, la pertenencia a una misma comunidad política con pretensiones de nación. Como tampoco es determinante del pasaporte el color de la piel ni la fe religiosa. Máxime en una época marcada por la globalización y el multiculturalismo, aunque el recurso a los mismos sea tantas veces tapadera del pensamiento único. No hagamos de la lengua un entramado de intereses creados que pervive por parasitismo del presupuesto, en una encrucijada en que la precariedad se está convirtiendo en el pan nuestro de cada día.

 

La respuesta dialéctica al nacionalismo catalán no se puede formular en clave nacionalista antagónica. No hay que picar el anzuelo de contestar a sus provocaciones sistemáticas con insultos o descalificaciones generalizadas al conjunto del pueblo catalán que los nacionalistas presumen de representar. La espiral de agravios es precisamente el clima que necesitan los separatistas para reafirmar sus roles reivindicativos y victimistas.

 

No nos compliquen la vida los nacionalistas, soberanistas, independentistas o pantacatalanistas. Que la publicación de estas “Historias ocultadas” sirvan para que al menos los lectores del libro se den cuenta de adónde conduce exagerar esa agradable sensación de pertenencia a una nación inventada o por inventar, esa autocomplacencia narcisista en el grupo al que nos adscribimos, como una forma de sublimar y reforzar nuestro propio yo.

 

Gracias, Javier Barraycoa, por buscarte problemas diciendo la verdad sin mala uva.

 

Y muchas gracias a Vds por la atención prestada a estas reflexiones.

 

 
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