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El informe Estrela

Opinión - Opinión bioética y moral

 

Hace un par de meses, en un frío diciembre de Estrasburgo, un nutrido grupo de personas se conjuró delante del edificio principal del Parlamento Europeo, en cuyo interior, pocas horas después, iba a tener lugar un debate, y una votación, sobre el llamado "informe Estrela", llamado así por el nombre de la ponente, la diputada portuguesa Edite Estrela.

 

 

El informe en sí, un sonrojante alegato abortista, camuflado bajo el nombre de "derechos a la salud sexual y reproductiva de las mujeres", estaba lleno de los lugares comunes que vemos a diario en casi cualquier cosa que hacen los partidos de izquierda, y en no pocos de los de derecha. Jurídicamente, sin embargo, el informe no iba a pasar de ser un paso en la dirección equivocada que vemos que toma la sociedad con una pertinacia incomprensible, pero no más, ya que la Unión Europea, y por tanto también el Parlamento Europeo, no tiene competencias en esta materia, al menos competencias claramente definidas, y no puede legislar válidamente.

 

 

 

El peligro, sin embargo, está ahí. Las competencias de la Unión Europea (y de su antecesora más importante, la CEE) se han venido desarrollando de una manera hasta cierto punto inesperada para sus miembros. Todo lo que afecta a una de las cuatro libertades (movimiento de los trabajadores, de mercancías, de capitales y de servicios) ha sido susceptible de ser regulado por la Unión, que ha acabado regulando materias que sólo de refilón tocaban alguna de las cuatro libertades. Los estados miembros han hecho incluir en la última reforma de los tratados el principio de subsidiariedad, para que las competencias comunes no se expandan más allá de lo deseable, pero el principio de subsidiariedad está igualmente sujeto a interpretación y siempre puede, y podrá, argumentarse que tal o cual medida está mejor tomada si se hace a nivel europeo.

 

 

 

Y éste es uno de esos casos. El Parlamento Europeo, en su composición actual, y hasta las elecciones de dentro de unos meses, no tiene mayoría de izquierdas. El grupo hegemónico, aunque no tiene mayoría absoluta, es el grupo parlamentario popular, que en su versión europea sigue llamándose demócrata cristiano. Junto con los conservadores, liberales y los no inscritos, la mayoría de los cuales son nacionalistas euroescépticos de derecha, cuenta con más votos que los socialistas, comunistas y verdes, que son, obviamente, quienes están detrás del informe.

 

 

 

Las manifestaciones que ha habido siempre que se ha estado avecinando una medida contra la vida, en España y donde sea, siempre han sido bastante explícitas, con consignas muy claras contra el aborto.

 

 

 

Sin embargo, el grupo que se estaba concentrando en Estrasburgo coreaba consignas que a cualquier observador le resultaban, cuanto menos, chocantes. Sí había pancartas contra el aborto, pero los gritos eran "por el principio de subsidiariedad" ¡Singular causa! No se oponían al aborto: se oponían a que la Unión Europea pudiera regularlo, pero dejaba a los países miembros que hicieran lo que quisieran.

 

 

 

Unas horas después tuvo lugar la votación, que fue muy reñida. El texto venía de una comisión parlamentaria, la de Derechos de las Mujeres, que, ésa sí, está dominada por las izquierdas, y donde fue aprobada sin más problema que el voto particular de una diputada polaca que no quiso sumarse a la indiferencia que el texto causaba entre los representantes de la derecha en la comisión y que incluyó una declaración sobre la inmoralidad del aborto. Como obstáculo, nada realmente peligroso.

 

 

 

En el pleno, finalmente, sí se impuso la mayoría de la derecha, pero por un margen muy escaso. Estaba claro que había habido fugas hacia la izquierda que, sin embargo, no fueron suficientes para que el texto fuera adoptado. Las derechas adoptaron un texto alternativo, muy breve, que venía a decir que esos asuntos son competencia de los estados miembros, y que cada cual los regulará como mejor les parezca. Subsidiariedad.

 

 

 

La reacción de las izquierdas fue iracunda. La mayoría de los debates en el Parlamento Europeo son sobre cuestiones meramente técnicas, que no dan pie a mucha discusión salvo que haya diputados con muchas ganas de gresca; aquí, las emociones se dispararon desde un principio. En la explicación de voto, que es un momento en que los diputados tienen un minuto para pronunciar un brevísimo discurso, los diputados de izquierdas llamaron de todo a los de la mayoría, pero fundamentalmente retrógrados, oscurantistas y fundamentalistas. Los de derechas, por su parte, acusaron a los de la izquierda de su mal perder (que era evidente) y, por regla general, aplaudieron su texto y su pomposa defensa de la subsidiariedad. Sólo un diputado austríaco y algún polaco hablaron de la defensa de la vida, y sólo el austríaco empezó su discurso con un "gracias a Dios".

 

 

 

Es realmente muy triste que la única manera de derrotar el informe Estrela, tan sumamente criticable, y que la única manera de aunar los votos suficientes para sacar adelante una propuesta alternativa, haya consistido en ignorar el problema y cifrarlo en una defensa de la subsidiariedad y de que cada uno se apañe como mejor considere. Es muy triste, igualmente, que los bienintencionados manifestantes del exterior del Parlamento Europeo, de cuya actitud provida no es posible dudar, se hayan limitado a defender, igualmente, ese concepto de subsidiariedad que, sí, será muy católico, pero que no puede ser el motivo principal para tumbar un informe tan malintencionado, tan falso, tan engañoso y tan potencialmente asesino como el que se estaba sometiendo al pleno.

 

 

 

Las perspectivas no son buenas. No se sabe lo que depararán las próximas elecciones europeas, que son imprevisibles casi por definición, pero lo que sí es seguro es que el frente del Parlamento Europeo se acaba de abrir y, frente a la práctica unanimidad de las fuerzas de izquierdas, sus oponentes aparecen divididos y acobardados, sin atreverse, salvo en contadas ocasiones, a oponer principios cristianos a la parafernalia de ideología de género que se les viene encima. Las únicas voces claramente contrarias vienen de algunos diputados de Europa del Este que saben bien, porque lo han vivido, lo que significa vivir en una sociedad que persigue la religión. En España, quizá haga demasiado tiempo desde nuestra experiencia en ese sentido para que los que vivimos hoy tengamos memoria de lo que sucedió entonces, pero parece que vamos a tener que repetirlo.

 

 

 

* * *

 

 

 

Y, como recurrir a la subsidiariedad de forma tan hueca es sumamente fácil de atacar, finalmente ha acabado pasando lo que ha pasado. Esta semana, una nueva propuesta anti-familia y anti-vida, el informe Lunacek, ha sido aprobada por el pleno del Parlamento Europeo. En la propuesta se insta a la Comisión para que elabore una hoja de ruta para proteger los derechos de las personas LGTBI (lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersexuales... por cierto, ¿qué serán los intersexuales?), eso sí, respetando las competencias de los países miembros. Anti-familia, pero, ojo, la subsidiariedad se respeta. La gran mayoría de los diputados presentes del PP español han apoyado el informe. Sólo cuatro han votado en contra: uno no está ya en el PP, otro ha decidido no presentarse a las próximas elecciones y una tercera ha votado en contra por error ¿Cómo pueden todavía engañar a alguien?

 

 
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