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Conferencia "El Reinado Social de Cristo"

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El sábado 18 de octubre tuvo lugar en los locales del Círculo Cultural ‘Aparisi y Guijarro’ una interesante conferencia a cargo del insigne historiador del Carlismo, don Manuel de Santa Cruz.

 

 

La presentación del conferenciante corrió a cargo del presidente de la entidad, don José Monzonís Pons, quien realizó un esbozo de la trayectoria profesional y política de Manuel de Santa Cruz: Guipuzcoano de nacimiento y carlista desde la cuna, militó en la Asociación de Estudiantes Tradicionalistas (AET) en su juventud. Fue responsable de los homenajes que la Comunión Tradicionalista (CT) realizó a los asesinados en el Cuartel de Caballería y a Don Javier de Borbón tras su liberación del campo de concentración de Dachau, donde estuvo preso de los nazis. Asimismo, colaboró con el Jefe Delegado de la CT, Don José María Valiente, y formó parte del Consejo Privado del Rey Don Javier.

 

Manuel De Santa Cruz comenzó su conferencia recordando la bella costumbre de los propagandistas católicos de iniciar sus tertulias con estas palabras: “soy católico, apostólico y romano, de tal manera que si en el trascurso de la palabra se desliza una palabra contraria al Magisterio de la Iglesia, téngase por no dicha”. Aunque no lo parezca –manifestó Manuel De Santa Cruz- la confesionalidad católica está muy presente en la actualidad nacional, pero con la otra cara de la misma moneda: con el laicismo que se ha impuesto en nuestra Patria.

 



 

Prosiguió el conferenciante indicando que hay unos documentos áureos en la defensa de la confesionalidad católica de España. El primero de ellos es el testamento político de Don Alfonso Carlos I, aprobado por Real Decreto de 23 de enero de 1936, por el que nombra Regente de la Comunión Tradicionalista a Don Javier de Borbón - Parma, y donde se establecen los cinco fundamentos intangibles de la legitimidad española, que deberá tener presente tanto el Príncipe Regente como sus sucesores. Entre estos cinco puntos se encuentra la defensa de la confesionalidad católica de España y la apuesta por la reconstrucción de las cosas al estado anterior al derecho nuevo, el derecho que se funda con la expulsión de Dios de la cosa pública.

 

 

Otros documentos áureos, indicó Santa Cruz, son la Manifestación de Ideales Tradicionalistas al Jefe del Estado Español, Francisco Franco y las negociaciones de los dirigentes carlistas José Luis Zamanillo y José María Valiente con el general Mola en los días previos al Alzamiento Nacional. El primero de los documentos fue firmado por don Manuel Fal Conde, aunque redactado también por otros destacados tradicionalistas, y fue consecuencia de la factura que le emite la Comunión Tradicionalista al dictador después de una Victoria en la que el Carlismo participó poco o nada. El segundo de ellos dejó patente la exigencia de los mandos carlistas a los militares sublevados de que el Estado que emergería tras la Victoria tendría que ser necesariamente católico, o no contaría con la ayuda del Requeté. En concreto, la propuesta que Zamanillo entregó al General Mola ponía dos condiciones ineludibles: la presidencia del general Sanjurjo y garantizar "que la futura política responda a los dictados de la religión y acometa la reconstrucción política del estado sobre las bases sociales y orgánicas para acabar con el parlamentarismo y el sufragio universal".

 

En relación al Concilio Vaticano II, Santa Cruz manifestó que este Concilio tuvo carácter pastoral y no dogmático, y que con la libertad de cultos se contravino todo aquello contra lo que habíamos luchado los carlistas. Indicó, asimismo, el ponente que la definición más precisa de lo que es la confesionalidad católica del Estado se encuentra en el punto 2º de los principios del Movimiento Nacional (Ley Fundamental de 17 de mayo de 1958, por la que se promulgan los Principios del Movimiento Nacional: “La Nación española considera como timbre de honor el acatamiento a la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional, que inspirará su legislación”. Una definición, prosiguió el ponente, que fue aceptada por la Iglesia Católica. Estos principios, prosiguió Manuel de Santa Cruz, desaparecieron cuando en el año 1978 se aprueba la Constitución apóstata actual.

 

En el orden Magisterial, el conferenciante citó el Syllabus Errorum y las Encícilicas “Vehementer Nos”, de Pío X y la “Quanta Cura”, de Pio IX, documentos que tienen una base teológica inmutable sobre la que formular la confesionalidad católica de los Estados.

 

 

Indicó el ponente, que la base fundamental de la confesionalidad es la 'teológica' y después la 'instrumental', dado que la base teológica está fundada en la misma Revelación. En este sentido indicó Santa Cruz que Marcelino Menéndez Pelayo, en su Epílogo de los Heterodoxos Españoles, da un sentido instrumental y no teológico a la confesionalidad católica de España, cuando en su cita más conocida afirma: "España, evangelizadora de la mitad del orbe; España martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio...; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad; no tenemos otra. El día en que acabe de perderse, España volverá al cantonalismo de los arévacos y de los vectores o de los reyes de taifas." Es decir, los Estados deben ser católicos no solo porque así contribuyen a la difusión de la Fe (base instrumental), sino porque Dios quiere que todos los Estados sean católicos (base teológica).

 

 

 
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