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Portal Avant de los carlistas del Reino de Valencia Pensamiento tradicionalista Vicente Pou Marca El triunfo de la usurpación

El triunfo de la usurpación

Pensamiento tradicionalista - Vicente Pou Marca

Si por un momento se reflexiona sin prevención, que los cristino-liberales tuvieron en sus manos todos los recursos materiales del Reino, todos los medios de defensa, y el poder de un gobierno establecido que tanto vale para dominar una Nación, aunque sea intruso y meramente de hecho; si se consideran la grande fuerza que les daba la alianza con todas las Naciones vecinas que están en más inmediato contacto con la España; y por otra parte se atiende que la causa de Carlos V se halló destituida de todos esos elementos; no parecerá estraño que ésta no triunfara de la usurpación, antes bien será en cierto modo inconcebible que el gobierno usurpador no pudiera impedir que la misma tomara consistencia, y que sus fuerzas engrosaran en términos de poner ya en balanza, y muy equilibrada a lo menos, el éxito de la lucha.

En efecto, no me cansaré de repetirlo para que todo el mundo lo comprenda: ¿cómo la causa de Carlos V sin recursos materiales llegara al estado en que la vio y admiró la Europa cinco años atrás, si no hubiese tenido en su favor poderosos elementos morales, principios, nacionalidad, fuertes simpatías en los pueblos, y capacidad en sus caudillos? ¿Cuándo jamás se han presentado tantos obstáculos, se han atravesado más dificultades, y se han agolpado más fuerzas contra el progreso de esta causa? Ocupada toda la Península con la fuerza militar y la revolucionaria armada al intento, y cerradas herméticamente todas las fronteras y aun los mares por los aliados del gobierno de Isabel, ni podían reunirse los elementos dispersos, ni recibir impulso o socorro alguno del extranjero. A excepción de las dos pequeñas provincias de Vizcaya y Álava donde por peculiares circunstancias pudo proclamarse a Carlos V en las mismas capitales, los primeros movimientos debieron hacerse entre las bayonetas de la usurpación y a la vista de los cadalsos.

 

Como prisioneros que se escapan del campo enemigo, los hombres leales iban a reunirse en las aldeas y en los montes, sin llevar generalmente más armas y municiones de guerra, que su decisión y valor. Con los fusiles tomados al enemigo en los combates, se armaron a millares los voluntarios en Navarra, en Aragón, en Cataluña. La provisión de municiones tuvo que hacerse en el principio como de contrabando por las fronteras con inminentes peligros y un coste inmenso. ¡Cuántos en el acto de evacuar estas comisiones, o en el de pasar alguna comunicación de Navarra a Cataluña, fueron arrastrados en el territorio francés, y sin otro delito conducidos de prisión en prisión con la cadena al cuello al interior de la Francia, o expulsados de ella por las fronteras de Alemania! Los gobiernos de Francia, de Inglaterra y de Portugal no satisfechos de prestar todo género de socorros al de Isabel, se comprometieron a hostilizar a los defensores de Carlos V con todo género de embarazos y vejaciones; pudiendo muy bien decirse que el poder de la mitad de Europa se empeñó decididamente a impedirles el triunfo, y lo ejecutó con un celo que parecerá increíble. Es muy digno de observarse, que en todos los momentos más críticos la mano del extranjero fue la que decidió la suerte y frustró las más fundadas esperanzas.

 

Cuando a principios de 1834 un sacudimiento general hacía temblar el nuevo trono de Isabel, vino la cuádruple alianza a sostenerle: una bala inglesa en 1835 arrebató al leal ejército del Rey su gran capitán, cuyo nombre difundía el terror entre las filas de la revolución: poco después la legión argelina desembarcando oportunamente en Tarragona, restituyó el aliento a los partidarios de Cristina en Cataluña, quienes azorados con el levantamiento de los catalanes abandonaban en todas partes el campo: a últimos de 1836 los ingleses dieron el impulso a Espartero y a su ejército acobardado, para penetrar en Bilbao cuando la plaza estaba a punto de rendirse; y el gobierno de Madrid lo reconoció así distinguiéndoles con el título de salvadores de Bilbao: cuando en el mismo año y siguiente las armas de Carlos V, victoriosas y pujantes en las Provincias del norte, en Cataluña, en Aragón y en Castilla obligaban al gobierno de Isabel a las más explícitas confesiones de su impotencia, pidiendo con instancia el auxilio de sus aliados; las legiones inglesa y portuguesa con la argelina reforzada, y la marina real de Inglaterra conjuraron aquella crisis. Por último la traición de Maroto y el convenio infame de Vergara ¿habrían acaso podido verificarse sin la intervención de Lord John-Hay, y las garantías dadas a los traidores y convencionistas por las Potencias amigas de Isabel?

 

Aún hay más. La revolución europea haciendo causa común con la usurpación española unió desde luego con ella todas sus fuerzas para combatir la causa de Carlos V, como el enemigo común; de modo que este Príncipe con sus defensores han tenido que luchar y han luchado efectivamente por el espacio de ocho años con ese poder colosal subterráneo, que en tres días desbarató por segunda vez la Monarquía de Luis XIV, que han hecho temblar alguna vez a todas las Potencias de Europa, y contra el que se hallan sobre las armas más de un millón de soldados, siempre en actitud de defensa para mantener el orden establecido. Los hombres que no conocen a fondo el carácter español, en vista de tan fuertes y numerosos enemigos juzgaban una temeridad el empeño, al paso que admiraban el heroísmo en sostenerle; y a buen seguro tuvieran ahora que confesar el error de sus cálculos, si la usurpación y la revolución no hubiesen tenido otras armas que la fuerza y los recursos militares. Mas lo que no pudieron los ejércitos y el valor, lo han conseguido la infame perfidia, y la intriga dirigida por agentes poderosos con el oro, y fecundos en todo género de insidiosos manejos.

Vicente Pou. La España en la presente crisis. 1843

 
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