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Portal Avant de los carlistas del Reino de Valencia Pensamiento tradicionalista Álvaro D´Ors Sobre la licitud de la sublevación armada

Sobre la licitud de la sublevación armada

Pensamiento tradicionalista - Álvaro D´Ors y Pérez-Peix

 

La cuestión que se nos plantea a propósito de la sublevación es esta: ¿cuándo es lícita la violencia de una sublevación armada?

 

 

Ya hemos dicho que, siendo el mantenimiento de un orden- aunque sea injusto- el fin primario de la potestad, puede quedar ésta ilegitimada cuando la sociedad comprueba que la potestad no puede o no quiere mantener un orden. Ante este vacío de potestad no puede menos de resultar lícito el intento de un grupo social que pugna por desplazarlo aunque sea con las armas: es un caso de legítima defensa contra la anarquía. Pero es más complejo el caso de una sublevación contra el orden establecido que se considera injusto. Tal sublevación debe ser armada, pues, contra quién detenta las armas no puede haber una sublevación que no sea también con armas. Tal sublevación armada, en principio, es ilícita, porque- repetimos- la potestad debe ser respetada, y sólo cabe contra sus actos singulares una desobediencia pasiva, según las reglas de la prudencia, como antes se ha dicho. Sin embargo, la legitimidad o no de la sublevación sólo puede determinarse “ex eventu”. Si tal sublevación armada prevalece, esto ha venido a demostrar que la potestad era más débil que su adversario y, por ello, que no merecía seguir siendo potestad. La fuerza vencedora en la contienda viene entonces a quedar legitimada por la victoria de las armas, aunque inicialmente su alzamiento fuera ilegítimo. A esto aludía la doctrina escolástica cuando ponía como una de las condiciones para la licitud de la guerra la expectativa fundada de victoria. Tal expectativa puede ser muy subjetiva, y sólo permite un juicio moral de intenciones; pero se puede objetivar por el resultado. En efecto, si tal sublevado es vencido por la potestad contra la que se subleva, ello es prueba de la definitiva ilegitimidad de su intento, y la represión implacable de tal sublevación es del todo correcta.

 

La cuestión, sin embargo, tiene otro carácter cuando la sublevación es propiamente militar, es decir, de todo el Ejército o de una gran parte de él. Porque el ejército es precisamente el órgano oficial para la defensa armada del pueblo. No se trata entonces de sublevación armada contra la potestad detentadora de las armas, sino de un alzamiento en ese mismo órgano de la defensa armada contra el poder al que, en principio, debe obedecer. Para esclarecer la cuestión de esta sublevación militar conviene determinar previamente cuál es la función propia del Ejército dentro de la comunidad a que pertenece. En otras palabras: ¿qué es lo que el Ejército debe defender?

 

Álvaro D´Ors. La Violencia y el Orden. 1987.

 

 
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