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Conferencia: "la reforma protestante en España"

Círculos - Círculo carlista Aparisi y Guijarro

 

El día 15 de abril el círculo Aparisi ha organizado una conferencia sobre la reforma protestante en el salón de la parroquia del Buen pastor de Valencia, a cargo del Profesor de Geografía e Historia de Educación Secundaria, don Juan Ignacio Palanca Galindo. A continuación, transcribimos su conferencia.

La reforma protestante en la historia de España

 

El próximo año 2017 se cumplirá el quinto centenario de la publicación de las tesis de Martín Lutero que dieron vida a la conocida como Reforma Protestante y que marcaron un cisma en la Iglesia Católica de hace medio milenio. Incluso Su Santidad el Papa Francisco ha anunciado - a través de la oficina de prensa vaticana Aciprensa - que viajará hasta Suecia a finales de octubre para participar en la conmemoración de dicho evento. Pero realmente, ¿qué significó la aparición del protestantismo – a partir de las tesis publicadas por Martín Lutero – en España, en su contexto histórico del siglo XVI?

 

Cuando en aquel 1517 comienza a cambiar la Historia de la Religión Cristiana, hacía sólo 25 años que los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, habían concluido la dilatada Reconquista con la Toma de Granada el 2 de enero de 1492, el mismo año en que dichos monarcas decretaron la expulsión de los judíos de los Reinos de la España Cristiana y el mismo año también, en el que gracias al patrocinio de Isabel y Fernando, el enigmático navegante de origen genovés Cristóbal Colón, con tres naves y un puñado de hombres, llegaba navegando por el Oeste hasta América, aunque él mismo nunca lo llegara a saber.

 

Un cuarto de siglo después habían fallecido la Reina Isabel (en 1504), el propio Cristóbal Colón (en 1506), y el Rey Fernando (en 1516), después de haber conseguido que los reinos de Castilla, León, Aragón y finalmente, Navarra (hacía sólo un lustro), se unificaran en lo que ya se conocía fuera de nuestras fronteras como el Reino de España. Habían elaborado una hábil política exterior matrimonial con sus descendientes, y precisamente por ello, la Reina Juana I, hija de Isabel y Fernando, viuda del Rey Felipe I el Hermoso (fallecido en 1506), no llegó a reinar en sus dominios pero fue su hijo, el Príncipe Carlos, (nacido en Gante en 1500), quien iba a ser proclamado Rey de España con el nombre de Carlos I por las Cortes de Castilla, Aragón y Navarra tras la corta regencia del Cardenal Cisneros. Y fue él quien tuvo que lidiar con la nueva situación planteada aquel 1517 por las tesis de Lutero.

 

El fraile alemán Martín Lutero, nacido en Eisleben, en el Sacro Imperio Romano Germánico, en noviembre de 1483 en el seno de una familia humilde y muy cristiana, - pero que con el tiempo consiguió suficientes haberes como para mandar a su hijo Martín a estudiar a la Universidad de Erfurt -, se hizo fraile en el monasterio agustino de dicha ciudad en contra de la opinión de su padre y al parecer, tras haber sentido de cerca la llamada de Dios. Sin embargo, conforme pasaron los años, el muy riguroso Lutero comenzó a poner en tela de juicio una parte de la doctrina de la Iglesia Católica, especialmente aquella relacionada con las indulgencias. Llegó a predicar en contra de las mismas en 1516 y 1517 y éste último año publicó un conjunto de 95 tesis (que llevan su nombre), en la Iglesia de Todos los Santos o “del Palacio” (Schlosskirche) de Wittenberg, en las que cuestionaba abiertamente la eficacia de las indulgencias e incluso la autoridad del Papa y la Doctrina de la Iglesia. Con lo que el asunto llegó hasta Roma y al Sumo Pontífice.

 

León X, Giovanni di Lorenzo de Medici, elegido en 1513 como el 217º Vicario de Cristo, que acababa de clausurar el V Concilio de Letrán, ordenó a un profesor de teología dominico, Silvestre Mazzolini, que estudiara en detalle las 95 tesis redactadas por Lutero. Con el análisis quedó demostrado que Lutero estaba cuestionando abiertamente la autoridad papal, y en junio de 1520, León X publicó la bula Exvrge Domine en la que advertía al fraile agustino alemán que caería en excomunión si no corregía o repudiaba 41 de las 95 tesis por él defendidas en un plazo de sesenta días. Lutero no sólo se negó, sino que incluso mandó quemar la bula papal ante un grupo de estudiantes. En consecuencia, el 3 de enero de 1521, el Papa León X excomulgó a Lutero.

 

Apenas unos días después, el 22 de enero de ese año, el Rey Carlos I de España, coronado como Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico, inauguraba la Dieta Imperial en Worms. Allí fue convocado Lutero por el mismo emperador para que rectificara su postura pero el fraile agustino se mantuvo firme en su negativa llegando a cuestionar incluso la doctrina católica de los concilios ecuménicos. Por lo que el monarca firmó el Edicto de Worms en mayo de aquel año 1521 y en él declaraba a Martín Lutero como hereje y prófugo, prohibiendo, además, la publicación de sus obras.

 

Así comenzó a abrirse cada vez más una brecha insalvable entre la doctrina de la Iglesia Católica de Roma y las enseñanzas de Lutero que comenzaron a ganar adeptos desde entonces. Y mientras el fraile germano comienza a traducir la Biblia al alemán – otra de sus tesis -, diferentes príncipes del Sacro Imperio comenzarán a abrazar y defender las ideas de lo que ya entonces comenzó a conocerse como Protestantismo, quebrándose la unidad de la Iglesia Católica en Occidente.

 

En ese año 1521 se produce la muerte de León X y le sucederá en enero de 1522 Adriano VI. Y el Rey de España ya había tomado partido a favor de la Iglesia Católica de Roma por lo que comenzará también a ser cuestionado por los mismos príncipes alemanes que han aceptado las 95 Tesis del agustino que traducía la Biblia. El Emperador nieto de los Reyes Católicos, haciendo honor a dicha condición de Rey Católico de las Españas, decide pasar a combatir con las armas a los que ya se conocerán como Protestantes.

 

Y es que desde este momento, la política exterior del monarca hispano tendrá como uno de sus ejes fundamentales la lucha contra la Reforma Protestante y su extensión a diferentes territorios de Europa. Así fue cómo Carlos I se enfrentó a la denominada Liga de Esmalcalda o Schmalkalden (nombre de la ciudad donde se constituyó) que desde 1531 había formado un frente común contra el César Carlos y a favor del Protestantismo. Pero en abril de 1547, en Mühlberg, las tropas imperiales de Carlos I – mayoritariamente los Tercios Españoles – consiguieron una victoria decisiva frente a las tropas de la citada coalición.

 

Paralelamente, la Reforma Protestante será contestada desde el Clero con la Contrarreforma, que comenzó a tomar forma en el Concilio de Trento, convocado por el Papa Julio III en 1545 y que se prolongó hasta 1562, siendo clausurado por el Papa Pío IV. Al año siguiente de comenzar las sesiones de este concilio Ecuménico, fallecía en su ciudad natal, Eisleben, Martín Lutero.

 

Por su parte, en España surgieron asimismo una serie de figuras excepcionales como San Ignacio de Loyola – fundador de la Compañía de Jesús -, Santa Teresa de Ávila (el quinto centenario de cuyo nacimiento se celebró el pasado año y sin contar con la visita del Papa Francisco), San Juan de la Cruz o San Francisco Javier, que fueron, con sus virtudes y sus defectos, auténticos testigos de la citada Contrarreforma, mientras irónicamente, el científico español Miguel Servet (que se había distanciado de la Iglesia Católica), murió en Ginebra en 1553 víctima, precisamente, de una de las escisiones del Protestantismo, de los Calvinistas. Fue también una de las muchas consecuencias que para España tuvo la Reforma de Lutero. Y es que no todas fueron positivas.

 

Cuando Carlos I decidió abdicar en 1556 tras aceptar un año antes la Paz de Augsburgo, fue reemplazado en el trono por su hijo Felipe II y continuó luchando, como su imperial progenitor, en defensa de la Catolicidad en Europa Occidental contra los Países Bajos e Inglaterra, y defendiéndola del Islam en Lepanto. De hecho, durante todo el siglo XVI, la defensa de la Fé Católica fue, si no la principal, una de las fundamentales líneas de actuación (casi la “raison d´être”) de la política exterior de los Reyes de España.

 

Por lo que es importante recordar qué es lo que sería deseable conmemorar en España, si a Santa Teresa de Ávila, a San Ignacio de Loyola, y a aquellos a los que con toda su buena voluntad lucharon bendecidos por el Clero contra lo que consideraban la obra de un hereje (declarado como tal por el Papa León X), o simplemente, al menos recordarlos; o por el contrario, vamos también a subirnos al carro de las celebraciones de los reformistas que sembraron Europa Occidental de varias interpretaciones de la doctrina luterana (Calvinistas, Luteranos, Anglicanos, etc…). Quizá encontremos el término medio… o al menos intentémoslo. Sin ánimo de reproches, pero con la conciencia tranquila, pues al final el veredicto de la Historia pone siempre (a veces con retraso, a veces prematuramente y también en más de una ocasión artificialmente), a cada cual en su lugar. Aunque algunos no quieran reconocerlo, ni otros recordarlo.

 

 

 

 
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