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Ideología de género y educación

Opinión - Opinión bioética y moral

 

 

 

Al abordar el tema de la Ideología de género y la educación no puedo sino recordar unas palabras de Santiago Arellano: “No hay peor crimen que el de no educar a los niños en la virtud.”¿Por qué? Pues porque de lo contrario estamos creando monstruos, pero, no tanto es responsabilidad suya sino nuestra y este es el quid de la cuestión.

 

 

Recuerdo las películas como “Frankenstein” o su moderna versión “Blade Runner”, donde el humano ensoberbecido se otorga el privilegio sólo reservado a Dios de crear la vida. Los engendros que produce acaban en un momento dado volviéndose contra él creando muerte y destrucción. Alguien dijo “El sueño de la razón produce monstruos”

Pues este va a ser el resultado de la educación en género. Individuos con el ego dañado, a los cuales se enseña que pueden redefinirse en pro de lo que sienten, cual modernos Frankenstein que incluso llegan a mutilarse y caricaturescamente imitan un sexo que nunca tendrán. Un cuerpo no es un traje que puede hacerse a medida o que podemos usar a nuestro antojo.

Esto ya lo estamos viviendo algunos en las aulas, adolescentes con problemas de disforia de género, desorientación y multitud de traumas que producen este tipo de adopciones de familias artificiales en el menor, mientras los profesionales como psicólogos, psicopedagogos, etc, miran para otro lado en aras de una corrección política o, en el peor de los casos, contribuyen con falsas premisas al proceso destructor. Todo esto va a ir creando un malestar social in crescendo del que las consecuencias son imprevisibles: falsas familias, falsas identidades, falsos individuos…y la consecuencia de la mentira es siempre alienación, muerte y destrucción.

Dios perdona siempre, el hombre a veces, la naturaleza no perdona nunca”. ¿Pues qué hace la Ideología de género?. Atacar la naturaleza. Pensemos en las personas que han sufrido operaciones del llamado “Cambio de sexo”. El daño ya es irreparable, Numerosos testimonios avalan nuestra tesis. No se puede cambiar lo que la naturaleza nos da. Mejorarlo sí, cambiarlo no.

Este proceso de confusión global y alienación de la persona viene realizándose en tres frentes, el mediático, el educativo y el legislativo. Primero, como siempre hemos tenido unos años el frente mediático, esto es: películas, canciones, libros (la llamada “Cultura de la muerte.”), posteriormente se han creado grupos de presión (lobbies) que en nombre de la Igualdad y los Derechos Humanos para finalmente acabar invadiendo los ámbitos educativos y legislativo atreviéndose incluso a sancionar a padres o profesionales que trabajen en sentido restaurador de las identidades. Esto supone algo tan grave como anular la patria potestad y la libertad individual. Paradójicamente hay libertad para cambiar de sexo pero no para hacer una terapia reparativa.

A todo esto se añade la dinámica de separación del hijo con el padre, cuya custodia se da sistemáticamente a la madre en caso de divorcio, produciendo graves trastornos en los muchachos que maduran sin el modelo masculino o que perciben uno negativo.

Estamos produciendo un daño en la naturaleza de la sociedad; es un daño en lo más íntimo. Y esto ha creado un monstruo sin alma que va dando bandazos e intenta apropiarse de lo más valioso: la inocencia que antes le ha sido arrebatada. Este monstruo ya está en marcha. Sólo que por poco tiempo, pues no tiene vida propia, pero de todos los creados por las distintas ideología que ha sufrido la humanidad, es el peor, y me temo que va a crecer de forma exponencial dado el caldo de cultivo. Cada revolución crea un orden más perverso que el precedente, la última de todas la “revolución sexual” el peor de todos.

Ante toda esta catástrofe en la que estamos viviendo, alienación y desnaturalización del individuo, no olvidemos que todo está relacionado. Sí, hay una relación entre las playas nudistas, la pornografía, la banalización de la sexualidad, precocidad en las relaciones, desorientación y destrucción. ¿Por qué un abuso es tan malo? Puede darse un abuso sin daño físico, incluso consentido, es un fuego encendido cuando no toca y que quema la persona. No olvidemos que muchos abusadores han sido antes abusados.

No quisiera cerrar mi escrito sin unas palabras de aliento: revistámonos con la armadura de la Fe, contra la cultura de la muerte que nos invade. Siempre dando la batalla con argumentos sólidos y mostrando que nuestro combate al error es fruto del amor hacia la persona. Es posible la esperanza.

 

 

 
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