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Mártires de la Tradición 2018

 

Un año más, Bocairent se convierte en el Montejurra de los valencianos. El lugar donde con mayor fervor, sentimiento y confraternización se rememora el sacrificio de los mártires de la Tradición. En un día soleado y ventoso, la plaza mayor del pueblo ha sido lugar de encuentro para muchos tradicionalistas del Regne que no encuentran otro momento en el año para verse.



El programa es conocido de memoria para todos los carlistas valencianos. Devotísimo Via Crucis en las catorce estaciones que nos conducen a la ermita del Santísimo Cristo del Monte Calvario. Dirigida por el padre rvdo. Don Francisco Suárez, consiliario del círculo Cultural Aparisi y Guijarro, han participado varios lectores con hermosas rimas piadosas del siglo XVII, y todos los presentes con su fervor y amor al cristo sufriente y crucificado.


 

Arriba, misa en memoria de los mártires de la Tradición a lo largo de dos siglos, los cristianos perseguidos por el Islam o el marxismo, y las víctimas del Terrorismo, oficiada por el padre Suárez, con un seguimiento piadoso de todos los presentes, y escoltado por las banderas de la Cruz de san Andrés, España y la Real Senyera coronada del Reino de Valencia.

Posteriormente, tradicional acto de homenaje a los caídos en la batalla de Camorra en 1873, junto a la cruz en memoria y recuerdo erigida por los carlistas en 1912, y que ruega una oración por los que allí reposan, fuesen del bando que fuesen. Tras el responso del páter, el vocal del círculo Aparisi, don Jesús Blasco, ha leído unas palabras del consejero nacional de la Comunión Tradicional Carlista, don José Miguel Orts, que no ha podido acudir al acto. Al finalizar se ha recordado al exconsejero don Luis Pérez Domingo, fallecido hace dos días, y se ha cantado un emocionado Oriamendi.


 

Posteriormente, comida de confraternización en la hostería de la ermita, con asado casero y muy buen humor. Tras el postre y los cafés, cada uno ha regresado a su casa, tras cumplir con la obligación perpetua de honrar a los que nos precedieron, sacrificando libertad, hacienda y vida en defensa de Dios, la Patria, los fueros y el Rey legítimo.

Texto leído de don José Miguel Orts en el homenaje a los caídos en la batalla de Camorra:

Carlistas y amigos reunidos un año más en el Pla de Camorra:

¿Qué sentido tiene en 2018 acordarse de los muertos y perseguidos?

Los carlistas no somos nigromantes ni espiritistas. No hemos subido a la Sierra de Mariola a comunicarnos con fantasmas en rituales esotéricos.

La fe nos revela el misterio de la Comunión de los Santos, que nos dice que en el tiempo de vida terrenal que se nos ha dado podemos y debemos orar por los difuntos para que Dios se digne admitirlos en su gloria una vez purificados de las huellas de sus pecados.

No hablamos, pues, con los muertos: hablamos con Dios.

Y de los muertos evocamos su ejemplo y rendimos homenaje a la lealtad que los llevó a sacrificar lo que tenían: vida y hacienda.

El recuerdo de los Mártires de la Tradición lo extendemos a las Víctimas del Terrorismo, que quieren enterrar definitivamente los que quieren pasar página y pactar con sus asesinos.

Y a los cristianos perseguidos a causa de su fe en los cinco continentes. Su sangre clama contra los que los traicionan.


 

También hablamos entre nosotros para darnos fuerza para resistir el temporal sin odiar. Como lo hicieron ellos.

Y desde este túmulo coronado por La Creu dels Carlistes, nos dirigimos al Reino de Valencia, a España y al mundo. A pesar de que parece que sólo se enteran de nuestra presencia los pájaros y las nubes, los helicópteros y drones de la Guardia Civil y los satélites artificiales, no os quepa duda de que, para bien y para mal, nuestras banderas y nuestras boinas no van a pasar desapercibidas. Ni siquiera nuestras palabras y nuestros argumentos.

Al Reino de Valencia le decimos que refuerce sus defensas ante los ataques de que es objeto, ante los intentos de anexión y abducción.

Por dentro lo quieren desnaturalizar, lo quieren desgajar de las Españas para embarcarlo como “País Valencià” en una quimera llamada “Països Catalans”, construida sobre la mentira y el odio.

A España le decimos que tiene el deber de reaccionar ante los embates de la Revolución, porque en ello le va la vida y la libertad, que es más que la vida para las naciones.

Ante la Revolución que azota a personas, familias y patrias, enfrentando a generaciones, sexos, clases, regiones… entre sí, no es suficiente responder con criterios economicistas, con estadísticas tranquilizadoras de empleos conseguidos y altas en la Seguridad Social.

“No sólo de pan vive el hombre”. Es necesario volver a encontrar la argamasa que una firmemente las piezas y los elementos que conforman la Patria española. Y sin una base de creencias comunes, sin una misión que cumplir todos juntos, no hay freno posible para la desintegración que nos amenaza.

Sin Dios, no tienen significado los derechos humanos.

Sin Dios, no se sostiene la dignidad del hombre.

Sin respeto a la dignidad del hombre sobran declaraciones universales ni constituciones.

El futuro que nos preparan es el de una inmensa granja. De un hormiguero gigante.

Por eso le decimos al mundo que no permita la implantación de la nueva ideología de género.

Que las organizaciones supranacionales no se conviertan en instrumentos del Nuevo Orden Mundial.

Que no se usen las guerras y el hambre para desplazar a la fuerza a pueblos y desarraigarlos de sus creencias y sus costumbres.

Que la tecnología esté al servicio de las personas y de sus cuerpos sociales básicos.

Que se respete la vida desde la concepción a la muerte natural.

Sin la familia basada en el matrimonio natural de hombre y mujer no hay salvación para el mundo.

Que la Iglesia vuelva a proponer el Reinado Social de Cristo como paradigma de armonía universal sin mimetismos ni concesiones al mundo.

Y que el Carlismo sepa renacer de sus cenizas, buscar su unidad, a pesar de la debilidad de sus elementos humanos, para servir a los valores de siempre: la legitimidad de la política, el patriotismo sin odio, las libertades concretas, la monarquía como garantía de la continuidad y la funcionalidad de las estructuras.

¡Viva Cristo Rey!

¡Viva España!

¡Gloria a los Mártires!

¡Viva el Rey!

 

 
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