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Tras capitular el emir moro Zaen el día 28
de septiembre de 1238, En Jaume el
Conqueridor, rey de Aragón y de Mallorca,
conde de Barcelona y Urgel, y señor de
Montpellier, hizo su entrada en la ciudad de
Valencia el día 9 de octubre, día de san
Dionís.
Con este acto, que celebramos los
valencianos anualmente desde entonces, el
rey tomaba Valencia, ante todo para Dios y,
como el mismo afirma en su Crónica, "para
mayor gloria de María Santísima", integrando
el reino en la Cristiandad; secundariamente
en los estados que don Jaime gobernaba en la
Corona de Aragón. Fue su soberana voluntad,
contra el deseo de los magnates aragoneses y
catalanes que deseaban repartirse las
tierras, que se fundara un reino enteramente
nuevo, sobre la base de los pueblos y
castillos moros, desde Burriana al río Júcar,
que dependían de la ciudad, vinculado
directamente a la corona. Creó para ello
unos fueros, nacidos pocos años después, en
los que, sobre el andamiaje legislativo
inspirado directamente en el derecho romano,
se engarzaran, como joyas en una diadema,
los usos y costumbres valencianos ya
existentes antes de la conquista.
Los fueros, junto a las Cortes y las
magistraturas adecuadas para el
funcionamiento administrativo del naciente
señorío cristiano, supusieron el alma y
personalidad del Reino de Valencia, y
dictaron su historia durante cuatro siglos y
medio. Un rey borbón, S.M.C. Felipe V, los
abolió a principios del siglo XVIII, tras
una crudelísima guerra civil y dinástica.
Pero fue otro borbón, S.M.C Carlos V, quién
hizo solemne promesa de restaurarlos.
Promesa, ay, fallida, cuando la Causa de la
Tradición fue derrotada por el liberalismo y
los ejércitos extranjeros de la revolución.
Pero el pueblo valenciano no ha olvidado su
alma y su esencia. Y sigue esperando el
momento de recuperar las instituciones y
leyes que nuestro fundador, don Jaime, nos
legó.
Y este día
nueve de octubre de 2006, como cada año, los
tradicionalistas nos unimos a la procesión
cívica y a los diferentes actos que con
motivo de esta efeméride se celebran, para
reivindicar una vez más el reino católico y
foral de Valencia. Este año ha sido un grupo
de jóvenes (y algunos no tan jóvenes)
carlistas el que ha testimoniado con su
presencia ese recordatorio. Con señeras
coronadas y cruces de san Andrés hemos
vuelto a dar una nota de color
tradicionalista al acto.
Ha comenzado el
nou d´octubre en la plaza del Ayuntamiento,
con el descenso de la Real Senyera por el
balcón del ayuntamiento. Desde el año 1365 y
por privilegio otorgado por el Rey Pedro el
Ceremonioso, la senyera valenciana no puede
inclinarse ante nada ni ante nadie.
Seguidamente nos hemos dirigido al solemne
Te Deum de la catedral, donde no han
permitido el paso a los grupos cívicos,
siguiendo el trayecto plaza del
Ayuntamiento, san Vicente, plaza de la reina
y entrada en la Seo por la puerta barroca,
acompañados por la banda municipal que
interpretaba el himno de Valencia, y los
coraceros a caballo de gala del ayuntamiento
valentino.
En la espera a
que continuara el acto, como siempre, mucha
curiosidad y simpatía por parte de los
asistentes. "¿Qué significa esta bandera?",
"Es la bandera de la Tradición, la de los
carlistas", "¿y qué hacéis aquí?", "defender
la Valencia católica y foral". Muchas
felicitaciones y ánimos. Una señora ya
entrada en años me cuenta, con estas exactas
palabras, que su abuelo militar fue
degradado y perdió su empleo al no acatar la
proclama liberal saguntina del infante
Alfonso, por ser fiel al Dios, Patria y Rey.
La Lealtad, con mayúsculas, una vez más es
la verdadera bandera de los carlistas.
Posteriormente
hemos marchado, junto a la charanga, las
consignas antinacionalistas y la curiosidad
de los asistentes, por la calle de la paz
hasta la plaza de Alfonso el Magnánimo,
popularmente conocida como el Parterre,
donde, junto al monumento ecuestre a Don
Jaime, se ha ofrendado a la memoria del rey
conquistador una corona de laurel y flores,
y han concluido los actos del día de los
valencianos. Que sean muchos los
aniversarios que podamos vivir y que ellos
mantengan en el pueblo valenciano, atacado
como el resto de las Españas por los virus
malignos de la ideologización y la
desmemoria, el recuerdo de lo que fuimos y
un día podemos y debemos volver a ser.
Acudamos todos hermanados, a una sola voz,
para ofrendar nuevas Glorias a España. |
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