martes, 26 de febrero de 2008

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23 de febrero de 2008. Jóvens carlistes. Círculo de formación "Unidad católica: apuntes sobre la confesionalidad católica de España"

Hoy ha tenido lugar en los locales del círculo cultural Aparisi y Guijarro de Valencia el primero de los círculos de formación para jóvenes que, con motivo del 175 aniversario del carlismo y tomando como base los ideales de nuestro cuatrilema, organiza para este año la vocalía de juventud de la Comunión Tradicionalista Carlista del Reino de Valencia. El primero de ellos, basado en el primer lema de nuestro ideario, se ha titulado "Unidad católica: apuntes sobre la confesionalidad católica de España", y ha estado a cargo de Víctor Javier Ibáñez. Se ha dado la circunstancia de que, al realizarse apenas media hora tras la finalización del acto de presentación de las candidaturas de la CTC en Valencia, en el mismo local, muchos de los asistentes al mismo, se han unido a los jóvenes que han acudido a la conferencia, por lo que esta ha sido muy concurrida.

El ponente ha comenzado recordando al papa León XIII, que en la encíclica Inmortale Dei llama a evitar el peligro de escindir el cristianismo público del privado, insistiendo en que la fe debe tener un reflejo en la vida política. No de otra manera lo afirmaba Juan Pablo II en la encíclica Veritatis Splendor. El ponente ha dividido su exposición en 3 conceptos.

El primero ha sido el del Reinado Social de Cristo. Pío XI, en la encíclica Quas Primas, instituía la festividad de Cristo Rey con el objeto de recordar a las sociedades la obligación de reconocer públicamente el Reinado de Cristo. En aquellas sociedad tradicionalmente creyentes tal reinado se manifiesta en símbolos públicos como los crucifijos o las diversas advocaciones religiosas que toman las asociaciones privadas. Este es un principio teológico y sociológico.

De índole política y filosófica, no obstante, es el segundo concepto, el de la confesionalidad católica de los estados. Este se basa en sabios imbuidos en retazos de la Verdad, algunos previos a Cristo, y por tanto paganos, como Platón o Aristóteles, y otros convertidos a la fe salvadora, como san Agustín. Todos ellos reconocían la tendencia social correcta hacia la Virtud, y como de esta se derivaba el conocimiento por la misma, y por su fuente, que es Dios. Por ello deducían que existe una necesidad de que la sociedad conozca a Dios y se agrupe en torno a una ortodoxia religiosa. Ya el profesor Francisco Canals estimaba que "sin políticas cristianas se descristianiza un pueblo". De la certeza de su aseveración es prueba palpable el ejemplo de España, sociedad descristianizada en 30 años gracias a políticas anticristianas. Es por tanto, además de su corrección teológica, razón de eficacia pastoral promover la confesionalidad católica. Federico Wilhelmsen afirmaba que "todas las sociedades han de tener ortodoxia pública". Así también la tienen los estados liberales, que sustituyen los mandamientos divinos por la declaraciones de los derechos del hombre, que han conducido a las sociedades al nihilismo y a los enfrentamientos internos. Con toda lógica, el filósofo estadounidense postulaba que "O la soberanía de Cristo, o el caos".

El Catecismo de la Iglesia Católica, de 1992, estipula que la Ley natural es el fundamento de la Justicia. Basada esta en la ley de Dios, y siendo por tanto perfecta, se concluye que la organización natural y cristiana lleva la paz y el orden de Cristo a la sociedad. En un estado católico, la Iglesia podría incluso ocupar el antiguo brazo eclesiástico que siempre tuvo en las Cortes tradicionales (en la figura del primado), pero principalmente su papel es el del poder indirecto: en lo tocante a moral y costumbres, el príncipe cristiano viene obligado a someterse a la doctrina de la Iglesia, dejándose libertad en aquellas cuestiones que no afecten a Verdades intangibles.

El tercer concepto es el de la Unidad católica, concepto particular sobre todo en el caso español. Viene derivado del devenir histórico: la unión de los pueblos hispánicos sobre la fe, excluyendo a los cultos que la niegan o atacan, que fue más estrecha en los momentos de mayor gloria de nuestra patria, no por mera casualidad. Cándido Nocedal afirmaba que "la unidad católica es la constitución secular de España, en la que se configura como nación", postulado en el que coinciden todos los grandes pensadores tradicionalistas, desde Donoso Cortés hasta Juan Vázquez de Mella. La Constitución Dignitates Humanae, del Concilio Vaticano II, permite la libertad religiosa, pero confirma la doctrina anterior sobre el particular, que en España, al contrario que en otras naciones de realidad pluriconfesional, establece la Unidad católica, tradición a la que ni concilio ni papado nos obligan a renunciar. Tres argumentos avalan la eficacia y bondad de la Unidad católica: 1) Previene a las almas débiles contra sectas y falsas religiones, 2) Garantiza la moral pública, sobre todo de cara a la formación de la juventud, y 3) Permite el libre albedrío religioso de las minorías (como en el pasado católico de España se toleró a judíos y moriscos), porque no se puede imponer la fe, pero sin permitirles la difusión de sus falsos cultos.

El carlismo, basándose en los gloriosos siglos de la monarquía hispánica, sigue defendiendo la Unidad católica, con más ahínco cuando más se le ataca, atesorándola como fundamento de una sociedad futura española, católica y tradicional, en cumplimiento del mandato del mismo Jesús en nuestra primera y más universal oración: "Venga a nosotros Tú Reino, y hágase Tú voluntad, así en la tierra como en el Cielo".

La charla ha concluido con un animado debate, que se ha alargado más de media hora, en el que se han planteado diversas cuestiones, que han girado en torno a las diferencias de criterio dentro de los carlistas acerca del alcance de la Unidad católica en nuestro ideario. Esta previsto que el próximo círculo verse sobre el concepto de Patria en el ideario carlista.

 
 
 
 
 
 
 
 
     

 

 

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