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La celebración de la
festividad de Cristo Rey del Mundo, justo
antes del adviento, en la que se conmemora
la realeza de Cristo sobre todos los pueblos
de la Tierra, se ha convertido, poco a poco,
en el acto más significativo de cuantos
celebran conjuntamente los carlistas en
España. En una sociedad en la que se niega,
no ya la soberanía de Cristo, sino incluso
su presencia pública, los tradicionalistas
españoles reafirmamos con más ahínco que
nunca el primero de los principios de
nuestro cuatrilema.
Como todos los
años, una representación de carlistas del
Reino de Valencia se ha unido a nuestros
correligionarios de toda la Patria para
celebrar la festividad en el tradicional
emplazamiento del Cerro de los Ángeles, en
Getafe, donde un monumento conmemora la
consagración de España al Sagrado Corazón de
Jesús y el cumplimiento de la promesa hecha
por Él mismo en la revelación : "Reinaré en
España, y con más veneración que en otras
partes del mundo". Un autobús fletado por el
Círculo Cultural Aparisi y Guijarro y
algunos coches particulares han partido
desde la ciudad de Valencia y varios pueblos
de alrededor. En la explanada del Cerro nos
hemos unido con nuestros amigos que iban
viniendo de toda España: Navarra, Sevilla,
Zaragoza, Asturias, Cantabria, Barcelona...
curiosamente, como suele ocurrir, los
madrileños, los más cercanos, han sido los
últimos. En su disculpa diremos que los
anfitriones tuvieron que estar ajustando
problemas típicos derivados del programa de
actos hasta el último momento. En total más
de 200 personas, representantes de los
carlistas de toda España.
La jornada
ha comenzado con una solemne misa en la
ermita del Cerro, regida por los carmelitas
descalzos. Las banderas carlista y española
han presidido junto al Altar la celebración
del Sagrado Misterio. En la homilía se nos
ha recordado que el reinado de Cristo debe
figurar ante todo en nuestros corazones y en
nuestros hogares, para que desde nuestras
familias reine en toda la sociedad. En las
preces, muchas peticiones singulares: por
nuestra desgraciada España, por la Comunión,
por los mártires de la Tradición pasados y
los futuros.
Si el día
había comenzado con nublado y fresco, a la
salida de misa nos recibió un sol espléndido
y calor. Abrazos, reencuentros, saludos y
puestas al día; amigos que nos dejaron desde
el año pasado y nuevas incorporaciones. El
ritual habitual de todos los reencuentros y
mucha alegría. También no carlistas pero
simpatizantes de nuestra causa, entre ellos
algún que otro conspicuo cronista religioso.
A la puerta de la ermita se han hecho las
fotos de rigor y luego todos nos hemos
dirigido al restaurante Los Olivos para
disfrutar de una opípara comida.
La sala de
banquetes se ha quedado pequeña para los
varios centenares de personas congregadas
allí, entre ellos muchos niños que han
tenido que ser enviados a otra sala para
comer. A los postres ha tenido lugar el acto
político. Tras una breve introducción del
consejero económico Javier Zazu, que ha
aprovechado para pedirnos, entre grandes
risas, que parte del dinero de nuestros
bolsillos pasara a la caja de la Comunión,
ha tenido lugar la primera intervención, a
cargo de Ana Fal Conde, de Sevilla, en la
que nuestra querida amiga y capitana de Cruz
de Borgoña ha hecho un sentido y emocionante
resumen de lo que para un carlista, para la
gran familia de los carlistas, supone
aceptar a Cristo como Rey en nuestra vida.
Ante todo, tomar la cruz que ello nos impone
como personas, cruz en ocasiones muy dura y
dolorosa, y también poner una mano para
llevar la cruz que como Comunión y como
familia todos los carlistas hemos de llevar
conjuntamente. Desde esa doble condición,
Ana nos ha expresado con hermosas palabras
cómo debemos actuar con caridad y
convencimiento en nuestra vida diaria como
carlistas, con nuestros amigos, conocidos, o
compañeros de trabajo, que, aunque perdidos
y alejados de Cristo, aunque incluso
corresponsables de la degradación moral de
España, siguen siendo nuestros hermanos. Ni
debemos callarnos ni, como los hermanos
Boanerges, desentendernos de aquellos que
nos desprecian y odian, deseando su
destrucción, sino hacer apostolado cristiano
y carlista, que esta sociedad nos está
pidiendo. En uno de los momentos más
emotivos del acto, Ana Fal Conde ha
expresado su convicción de que se acercan
momentos de martirio para los carlistas,
tanto metafórico como literal, y que debemos
estar preparados, y no tener miedo a seguir
proclamando a Dios y su Reinado en la
sociedad. Por último ha expresado que
nuestra guía debe ser la disponibilidad
personal, poniéndose jocosamente como
ejemplo de disponibilidad a la Junta de
Gobierno, que le había encargado un discurso
que ella no deseaba ni se sentía capacitada
para hacer. Ha sido despedida con una gran y
larga ovación.
El segundo
discurso ha estado a cargo de Javier Vives,
de Barcelona, centrado en el estado de
España y lo que los carlistas podemos hacer.
El repaso a la degradación moral y la
descomposición social de España que ha hecho
Javier, no por menos conocido ha sido menos
contundente y oportuno. Ante ello el propio
ponente ha reconocido que su discurso se
asemejaba en gran medida al anterior, puesto
que las soluciones para la sociedad deben
partir del reinado de Cristo en nuestros
corazones, para desde allí proyectarse a
todos los españoles. Ha sido muy
contundente, y aplaudido, cuando nos ha
recordado que la acción política debe
presidir la vida de todo carlista, que no
debemos desanimarnos, ni asustarnos, ni
tener miedo del "qué dirán", que no debemos
dejar que nos gane el "escapismo" o el
autismo social de vernos en ocasiones
superados por la escalada de odio a Cristo
de nuestros semejantes. La segunda parte de
su alocución ha estado centrada en la figura
de su padre, don Carlos Vives, un grandísimo
carlista, recientemente fallecido, de quién
ha hecho un emocionado y personal bosquejo,
como ejemplo de persona y de carlista,
siendo despedido con muchos aplausos.
Ha terminado
el acto con unas palabras de la presidenta
de la Junta de Gobierno, doña María Cuervo
Arango, que nos ha animado a todos a poner
en práctica aquello que habíamos escuchado
de los ponentes, a orar incesantemente por
España y por la Comunión y también a asistir
al congreso general de la Comunión que
tendrá lugar el próximo año. Con el canto
del Oriamendi y los tradicionales y
emocionados gritos de ¡Viva Cristo Rey!
¡Viva España! ¡Viva el Rey Legítimo! y
¡Vivan los fueros! ha concluido el acto.
Un largo
trayecto desde Valencia, pero sin duda bien
vale la pena. Nos unimos a la presidenta de
la Junta de Gobierno en las oraciones por
España y por la Causa.
Hasta el año
que viene |