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20 de
junio de 2005. Opinión bioética y
moral. Conceptos básicos en la
investigación con células madre. por Luis
Ignacio Amorós Sebastiá |
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Introducción
Células madre, clonación, fecundación in
vitro... términos técnicos reservados a los
especialistas hasta hace poco se han
convertido en moneda de uso corriente en los
medios, debido a las modificaciones
legislativas que, con respecto a la
investigación con células madre, se han
producido en los últimos años en España.
Como suele suceder, este tema técnico y
moral se ha convertido rápidamente en una
disputa política por mor de los grandes
partidos. |
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Es moneda común la circulación de lugares
comunes, tergiversaciones, calumnias,
simplificaciones burdas y, sobre todo, la
más triste y absoluta de las ignorancias
sobre los conceptos más básicos en torno a
estos temas, no sólo entre el común de la
sociedad, sino entre periodistas y hasta
funcionarios encargados de legislar sobre
estos asuntos. Dado que el posicionamiento
de la moral católica sobre la investigación
con células madre es con seguridad el más
atacado por los medios de comunicación de
masas, conviene conocer cuanto menos las
bases científicas y morales que entraña este
tema para poder entender lo que se lee y
hablar con propiedad sobre lo que se habla.
No pretendemos con este modesto resumen
hacer un estudio exhaustivo sobre el tema, y
hemos omitido tanto la legislación actual
sobre el tema como así también la
actualización de todos los estudios clínicos
que se realizan actualmente por docenas en
todo el mundo (y que confirman, por cierto,
el avance más rápido de las investigaciones
realizadas con células madre adultas sobre
las realizadas con células madre
embrionarias); sino exponer con la mayor
sencillez y síntesis posibles términos y
conceptos de difícil comprensión para
alguien sin las bases científicas precisas.
Confiamos que al terminar su lectura tal
comprensión haya sido posible.
La célula: el ladrillo del organismo
Nuestro organismo está formado por trillones
de células, las unidades funcionales
autónomas más pequeñas. La célula humana se
asemeja a un globo relleno de líquido, en
cuyo interior hubiera otro globo. El globo
interno se llama núcleo y su función
es contener toda la información genética del
sujeto delimitada por una membrana. El resto
de la célula se denomina citoplasma,
y su misión es llevar a cabo todas las
funciones necesarias para la supervivencia
de la célula por medio de diversos órganos.
Estos órganos reciben las órdenes acerca del
tipo de función o producto que deben
realizar desde el material genético
contenido en el núcleo.
El material genético se halla dentro del
núcleo, situado en genes condensados
por millones y organizados en 46 estructuras
independientes llamados cromosomas.
Estos cromosomas están duplicados, esto es,
se trata en realidad de 23 pares de
cromosomas idénticos, procedentes de la
fusión de los cromosomas de los
progenitores. Todas las células del
organismo tienen 46 cromosomas y se llaman
dihaploides, exceptuando 2 tipos de
células específicas, una para cada sexo: el
óvulo y el espermatozoide, que
sólo poseen la mitad de la información: 23
cromosomas sin par, y que son denominadas,
por ello, haploides.
Es importante recalcar que todas las células
dihaploides del organismo tienen toda la
información completa para realizar cualquier
función. Sin embargo cada célula específica
sólo empleará los genes necesarios para su
función: la célula muscular cardiaca sólo
empleará los genes que le permitan
contraerse, la hepática sólo los que hagan
que secrete bilis y así todas.
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El mecanismo por el que cada célula conoce
cual es su función específica es todavía en
parte desconocido, aunque sí se sabe que
unas pequeñas proteínas llamadas enzimas,
que son las encargadas de seleccionar los
genes con la información necesaria que va a
emplear cada célula, tienen la clave. El
resto de genes no se emplean, y quedan
“durmientes". |
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Concepto de célula madre
Entre la célula resultante de la fusión de
espermatozoide y óvulo y un individuo
completo median millones de divisiones
celulares y de especializaciones. La primera
división celular del embrión genera células
indiferenciadas, todas sus hijas además de
multiplicarse irán diferenciándose
(especializándose) para dar lugar a las
diferentes células del organismo: unas serán
células de la piel, otras del intestino,
otras formarán la pared de las venas y
arterias, etc.
Se denomina célula madre a toda
célula capaz de madurar y dar lugar a una o
varias células diferentes y más
especializadas, que llamamos células
hijas. El ejemplo más clásico de célula
madre es de la célula madre sanguínea: todos
los tipos diferentes de células presentes en
la sangre (glóbulos rojos, glóbulos blancos
en sus diferentes subtipos, plaquetas)
provienen de una sola célula. Esta célula se
halla en la médula ósea y se puede
diferenciar en uno u otro tipo de célula
hija según las necesidades. Las células
hijas, en cambio, no pueden evolucionar de
uno a otro tipo.
Las células madre se dividen en tres tipos
según su capacidad de diferenciación. Es
importante retener la definición de cada
tipo (aunque sea ciertamente arduo
distinguirlas) para poder entender lo que
desarrollaremos después.
1) Célula madre totipotencial: es
aquella célula madre capaz de dar lugar a un
individuo completo, con todos sus órganos y
sistemas.
2) Célula madre pluripotencial:
aquella célula madre capaz de dar lugar a
cualquier órgano o sistema del organismo,
pero no a un individuo formado.
3) Célula madre multipotencial:
aquella célula madre capaz de dar lugar a un
solo sistema u órgano completo del
organismo.
Desarrollo embrionario
Tanto el espermatozoide como el óvulo son
células especializadas del organismo para la
reproducción de los individuos de la especie
humana. Su única misión es unirse para dar
lugar a una nueva vida, posibilidad que, en
la naturaleza, no tiene ninguna otra célula.
El óvulo, además, posee otra singularidad:
los órganos de su citoplasma están
“activados” para dividir la célula y su
núcleo aceleradamente. Lo único que les
frena es el requisito de que su núcleo tenga
46 cromosomas. El óvulo sólo posee 23, por
lo que no se dividirá hasta que un
espermatozoide junte su núcleo con el del
óvulo y sumen 46. En ese momento deja de
haber 2 células y aparece el cigoto,
comienza la división celular y una nueva
vida.
Entre el primer y el cuarto día el embrión
se halla en la trompa de Falopio y se divide
hasta dar un total de 12 células, todas
ellas totipotenciales. Es la fase llamada de
Mórula (por el aspecto de mora del
embrión).
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Entre el cuarto y el decimocuarto día el
embrión entra en el útero, y se divide hasta
dar un total de 2000 células, todas ellas
pluripotenciales. Es la fase llamada de
Blastocisto. Estas 2 primeras fases
(hasta el día 14 aproximadamente) son
llamadas en la clasificación embrionaria
preembrión. Es importante subrayar que
tal denominación es puramente taxológica,
y no implica consideración apriorística
alguna sobre la cualidad de persona del
embrión. A efectos de fácil comprensión,
la clasificación preembrión-embrión-feto
dice tanto sobre la cualidad de persona del
sujeto como la clasificación
lactante-escolar-adolescente. |
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En el momento en que se implanta en el
endometrio de la pared uterina se le
denomina propiamente embrión. Tal
inserción tiene lugar entre los días sexto a
décimo. Entre la implantación y el día 14
las células resultantes de la división del
embrión dejan de ser en un momento dado
pluripotenciales y pasan a ser
multipotenciales.
¿Qué rige la capacidad de diferenciación de
una célula madre?
¿Por qué una célula madre evoluciona hacia
un tipo de célula hija y no otro? Esta
cuestión aún no está del todo resuelta en
nuestros días, pero se apuntan varios
factores responsables. En primer lugar el
propio genoma, es decir, toda la
información genética de la célula. De algún
modo en los planos de cada célula está ya
inscrito cual va a ser su función.
Por otra parte en diversos momentos del
desarrollo embrionario, existen ciertas
hormonas y proteínas que influyen en la
especialización de cada célula madre.
Asimismo se ha comprobado que cada célula
especializada segrega una sustancia que
influye sobre las células madre (no
especializadas) vecinas que les influye a
diferenciarse en la línea de la célula
diferenciada.
Todas estas piezas forman parte de un puzzle
que aún no se ha podido armar.
Regeneración celular
Las células del organismo envejecen y mueren
o son destruidas por las enfermedades de
forma aguda o degenerativa.
El organismo adulto tiene una capacidad
limitada de regenerar las células muertas a
partir de células madre propias. Estas se
hallan en muchos órganos (no en páncreas o
corazón) pero en cantidades variables, y
disminuyen con la edad hasta desaparecer en
algunos casos (sistema neural) o
persistiendo de por vida (médula ósea,
piel).
En teoría la investigación con células madre
permitiría tratar enfermedades celulares
degenerativas (Diabetes, Parkinson,
Alzheimer). Por tanto la investigación con
células madre permitiría un avance
importante a la medicina regenerativa.
La posibilidad de curar enfermedades
causadas por la pérdida masiva de células
imposibles de reponer quedaría abierta.
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Fuentes de obtención de células madre
1) Blastocistos creados por fecundación in
vitro
2) Blastocistos creados artificialmente por
clonación (inserción de núcleo adulto en
óvulo enucleado)
3) Células madre procedentes de órganos de
fetos abortados
4) Células sanguíneas del cordón umbilical
en el momento del nacimiento
5) Células multipotenciales adultas
procedentes de tejidos como la médula ósea
6) Células adultas modificadas para
comportarse como células madre por
clonación.
De estas 6 fuentes, las 3 primeras precisan
la destrucción de un embrión humano. Estas
tres primeras fuentes son las moralmente
reprobables.
Vamos a estudiar brevemente todas estas
formas de obtención de células madre.
Fecundación in vitro
La fecundación in vitro consiste en generar
la fusión de espermatozoide y óvulo de forma
artificial.
Tras estimular hormonalmente a la mujer
donante para que libere más óvulos de los
habituales para cada ciclo, se procede a
tomar entre 4 y 10 óvulos del ovario por
medio de una aguja aspiradora guiada por
ecografía. Esta técnica no está exenta de
riesgos.
Los óvulos obtenidos se fecundan en una
probeta con esperma y una suspensión
nutricia estéril. Normalmente el esperma
también es filtrado y tratado previamente
para asegurar su calidad, y obtener el mayor
número posible de fecundaciones. Tras la
fecundación se obtiene un número variable de
embriones que por ley no deben de sobrepasar
el número de 12.
Los embriones obtenidos se congelan y se van
implantando en la mujer receptora. Dado que
en la naturaleza el porcentaje de
implantaciones naturales de óvulos
fecundados ronda el 33%, se implantan 3
embriones en cada sesión, número con el
cual, estadísticamente, se producirá una
fecundación.
Si la primera implantación fracasa, esta se
repetirá hasta 4 veces, con 3 embriones cada
vez. El éxito de la fecundación in vitro
oscila entre el 15 y el 45% de los casos,
según series.
Si la implantación tiene éxito y genera uno
o más fetos, bien en la primera o en las
sucesivas, el resto de embriones que no se
han llegado a implantar se conservan
congelados. La legislación de 1989 sobre
fecundación in vitro no previó ningún
destino para estos embriones, dejándolos
legalmente en suspenso.
La razón por la que se prefiere conservar
los embriones congelados tras la
fecundación, en lugar de conservar los
óvulos y fecundarlos antes de cada
implantación es que los óvulos precisan una
menor temperatura de congelación. Más frío
supone más electricidad, por tanto resulta
mucho más económico conservar embriones que
óvulos.
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Clonación
La clonación supone la creación de un
embrión sin fecundación.
Se basa en el principio, antes comentado, de
que el óvulo es una célula activada para la
división y el crecimiento, sólo frenada por
que su núcleo tiene 23 cromosomas en lugar
de 46. En condiciones naturales, la única
manera de que el óvulo tenga 46 cromosomas
es que sea fecundado por un espermatozoide,
momento en el que pasa a convertirse en
cigoto. |
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La clonación procura al núcleo del óvulo 46
cromosomas sin precisar espermatozoide. Para
ello lo que se hace es aspirar el núcleo
haploide (23 cromosomas) del óvulo y
sustituirlo por el núcleo dihaploide (46
cromosomas) de cualquier célula adulta del
donante. En ese momento el citoplasma
interpreta que ya se ha llevado a cabo la
fecundación y comienza el proceso de
división y crecimiento, según las pautas
directrices del material genético del núcleo
implantado.
De esta forma se genera un embrión sin
fecundación, que será genómicamente
idéntico al donante de ese núcleo: un clon
del mismo.
Como hemos comentado antes, las razones por
las que una célula madre se diferencia en
uno u otro sentido aún permanecen en buena
medida desconocidas. Este es la razón
principal de que la clonación experimental
en animales, que lleva muchos años
intentándose haya fracasado hasta el caso de
la famosa oveja Dolly, en Edimburgo. Así y
todo es un auténtico misterio como
evolucionarán los individuos adultos cuyo
origen sea la clonación y no la fecundación,
ya que el proceso de la formación de la vida
humana aún está por descubrir en su
totalidad. Sin duda sería mucho más prudente
realizar estudios con animales a muy largo
plazo.
La clonación humana ya se ha comenzado a
realizar. Existen dos tipos de clonación:
1) Terapéutica, en la cual se crea un
embrión gemelo clónico de un paciente afecto
de una enfermedad degenerativa que es
destruido para obtener de él células madre
que implantar en el donante para su
curación.
2) Reproductiva, en la que el gemelo clónico
se crea para dar lugar a un ser completo y
adulto, compatible genéticamente para
extraer de él células madre adultas con las
que curar a su hermano.
Problemas en la investigación con células
madre
1) Uso de células de ratón para estimular
crecimiento (xenotransplante o
transplante de células de distintas
especies).
2) Dificultades para que las células
aisladas sobrevivan y den lugar a una línea
celular.
3) Derechos de propiedad intelectual de las
líneas de investigación con células madre.
4) Falsas expectativas acerca de los
tratamientos que aparecerán cuando se
levanten las restricciones legales a la
investigación
Ventajas del uso de células madre adultas
1) Al proceder del propio paciente evitan el
rechazo (y por tanto no necesitan
tratamiento inmunosupresor) y la transmisión
de virus o priones (pequeños
segmentos de ADN que pueden transmitirse de
forma letárgica y pasiva, causantes de
enfermedades raras y potencialmente mortales
como la enfermedad de Creutzfeld-Jakob).
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2) Al no tener capacidad totipotencial
tienen muy pocas posibilidades de producir
cánceres.
3) Se puede preveer cual será su línea de
diferenciación.
4) Se les puede desdiferenciar hasta
convertirlas en totipotentes (aún en
investigación).
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Ventajas e inconvenientes del uso de células
madre embrionarias
1) Al no precisar un proceso artificial de
desdiferenciación previa y existir
actualmente un gran depósito de embriones
procedentes de la fecundación in vitro, la
investigación es mucho más barata.
2) Pueden dar lugar a cualquier línea
celular, mientras las adultas sólo pueden
dar actualmente la línea de la cual deriven.
Teóricamente esto las convierte en mejores
para la experimentación, si bien en la
práctica se ha visto que los resultados son
similares a los obtenidos con células madre
adultas.
3) Al proceder de un donante con código
genético diferente del receptor, el paciente
precisa, como en todo transplante, un
tratamiento inmunosupresor a base de
corticoides, fundamentalmente, para evitar
el rechazo. Por la misma razón existe un
riesgo de transmisión de priones o virus.
4) Se ha demostrado que su capacidad
totipotencial puede generar crecimiento
desordenado y ser causa de cánceres. Este
descubrimiento ha frenado en gran medida los
avances en este campo, ya que el crecimiento
desordenado de las células madre
embrionarias se ha revelado más frecuente de
lo que se creía
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La postura de la Iglesia católica ante la
investigación con células madre
La Iglesia alienta toda investigación
científica encaminada a prevenir o curar
enfermedades. Asimismo observa con esperanza
el avance en la investigación con células
madre para poder aliviar o resolver
enfermedades crónicas y degenerativas que
afectan a tantos seres humanos.
El catecismo de la Iglesia católica
considera que la vida humana debe ser
respetada desde el momento de la concepción,
y que desde el primer momento el embrión
debe ver reconocidos sus derechos como
persona, comenzando por el derecho a la vida
(CIC 2270-2275). Por ese motivo condena
el uso o destrucción de embriones humanos
para obtener células estaminales por
cualquier motivo o circunstancia. Nadie debe
ser usado como medio para otro fin, no
importa cuán laudable sea este último. Toda
persona es un fin en sí misma y posee una
dignidad intrínseca y absoluta.
La Iglesia alienta, en cambio, la obtención
de células madre para la investigación
procedentes de fuentes que no incluyan la
destrucción del embrión, como las células
madre adultas o las procedentes del cordón
umbilical.
El católico no puede aprobar un desarrollo
científico que no esté inspirado por los
preceptos éticos cristianos de respeto a la
vida y de investigación orientada al bien
común.
Para saber más:
Catholic.net
bioeticaweb.com
Embrios.org
Hayalternativas.com
Vatican.net
Lahora.com |
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