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“Mi marido y yo trabajamos fuera de casa, y
con nuestro sueldo no nos llegaba para
contratar a una persona que cuidara de mi
padre, ni para internarlo en una institución
donde estuviera bien atendido. Recorrimos
varias instancias oficiales solicitando
ayudas para nuestra situación, pero todo
eran trabas administrativas”.
Junto al sonriente matrimonio y su padre se
halla el pequeño Ibrahim, de 12 años y
deslumbrante sonrisa blanca. Ibrahim nació
en Sierra Leona, en una familia pobre,
condenado al hambre, la guerra y la muerte.
Ahora, gracias a la esclavitud, un futuro
muy diferente le espera en España.
María Soledad y su marido pertenecen al
grupo de pioneros españoles que, antes de
que el parlamento termine de tramitar la ley
sobre trabajadores dependientes humanos,
adquirieron un esclavo africano hace ya un
año y medio. Lo lograron a través de un
amigo de Gambia, cuyo nombre quieren guardar
en el anonimato. “Todavía hay mucha
incomprensión y además existe riesgo legal
para él, hasta que no se apruebe la ley” nos
cuenta María Soledad, “pero desde luego
nosotros le estaremos profundamente
agradecidos siempre por su ayuda”.
Desde que compraron a Ibrahim, “todo por
medios transparentes y ante notario, no
queríamos problemas”, su vida ha dado un
cambio radical. Ahora Ibrahim se queda en
casa con José Luis y le cuida, además de
hacer las faenas del hogar.
“Es muy cariñoso con mi padre, le lava y le
da de comer. Yo me voy a trabajar muy
tranquila. Además hace las tareas del hogar.
Mi marido y yo tenemos más tiempo libre y
nuestro matrimonio ha mejorado claramente
gracias a él”, añade María Soledad.
Jesús vive en una ciudad dormitorio del
cinturón de Madrid, cuyo nombre no quiere
decir porque “aún hay mucha intolerancia con
estas cosas”. Posee un pequeño colmado en el
que vende de todo: prensa, chucherías,
comida, refrescos o incluso los típicos
artículos para turistas, como el célebre
toro de plástico. Tras el mostrador está hoy
Samuel, de 15 años, proveniente de Gabón.
“Con la competencia de los grandes almacenes
y de las tiendas de los chinos, que trabajan
veinticuatro horas al día, era imposible
sacar adelante el negocio- nos cuenta Jesús-
Tenía que trabajar más de 15 horas al día, y
aún así no me llegaba, porque Hacienda se
queda con un porcentaje muy alto de mis
ingresos”. Hace 7 meses compró a Samuel
gracias a un amigo que conocía una red de
compraventa de trabajadores. Desde entonces
Jesús ha visto a su negocio dar un giro
radical. “Es un chico muy listo, en un mes
había aprendido el suficiente español como
para dejarlo ya solo. Desde que está él
puedo tomarme descansos y pasar más tiempo
con mi familia. Me era imposible contratar a
un trabajador, pero con él si puedo, ya que
solo gasto en comida y ropa. Es mucho más
competitivo”. A los que tienen reparos sobre
el impacto que la esclavitud puede generar
en la economía, Jesús les responde “Ahora
tengo más beneficios y pago más impuestos,
que servirán para hacer más carreteras y
hospitales ¿a quién perjudica?”
Teresa Fernández es la portavoz de la CTD
(Coordinadora por el trabajo dependiente),
federación de varias entidades territoriales
a favor del trabajo esclavo en toda España.
“Tenemos más de 6.000 asociados en toda
España. Hemos impulsado numerosas campañas
para concienciar a la sociedad de la
necesidad de afrontar un problema que está
presente. Solo queremos regularizar una
situación que ya existe de hecho para
beneficiar tanto a los propietarios como a
los trabajadores dependientes”. Según la CTD,
el trabajo esclavo ahorraría aproximadamente
300 millones de euros al año al estado en
asistencia social, y a las familias más del
doble en contratos laborales privados. Según
su informe correspondiente a 2006, más de
15.000 niños y adolescentes africanos y
asiáticos fueron comprados y trasportados a
España para trabajar en calidad de esclavos,
principalmente en tareas del hogar y como
auxiliares laborales de pequeños autónomos,
aunque también en sectores muy variados, que
van desde la agricultura a los servicios
sexuales. “Es imprescindible regularizar
esta situación; en nuestra iniciativa
popular, que ha obtenido más de 150.000
firmas, solicitamos a las autoridades que se
regule el tráfico de trabajadores en
propiedad, para evitar los fraudes que
actualmente se producen”. Según Teresa, “el
gobierno actual ha sido muy sensible al
problema y ha comenzado a articular
soluciones legislativas para poder
regularizar la esclavitud”. La polémica
levantada en torno a esta proposición por
sectores que consideran que el trabajador en
propiedad menoscaba la dignidad y libertad
de las personas ha abierto un debate a nivel
nacional. “Nuestro objetivo es que una
situación que el avance social y la
desigualdad económica han creado de facto no
siga siendo ignorada por más tiempo. Pedimos
que los propietarios de trabajadores no
vivan con el temor constante a una
persecución policial. Los esclavos suponen
un ahorro importantísimo para las familias
de clase media y baja, a las que ayudan en
sus oficios y en el hogar. Para miles de
africanos condenados a morir de enfermedades
curables o como niños soldados, es además
una oportunidad para sobrevivir y ser
útiles. En España reciben una alimentación
adecuada y vacunación”. La CTD, contra lo
que afirman los que opinan que regularizar
los trabajadores en propiedad aumentaría
esta práctica, sostiene que solo la
legalización de la esclavitud y las
inspecciones de las administraciones
públicas garantizarán un correcto
funcionamiento: “la seguridad en el
transporte desde África, la higiene, la
reglamentación de los contratos de
compra-venta y una legislación que regule
las horas de descanso o que prohíba los
malos tratos garantizan el bienestar tanto
del dueño como del trabajador en propiedad.
Actualmente los esclavos son introducidos en
nuestro país ilegalmente, transportados y
alojados en condiciones infrahumanas y en
muchas ocasiones, al estar en situación
ilegal, se les maltrata o abusa sexualmente
de ellos ¿Es esto lo que queremos? ¿Cómo
pueden los que se oponen al trabajo
dependiente hablar de dignidad, pidiendo que
se mantenga la situación existente, cuando
todos conocemos las condiciones en las que
se realiza actualmente esta actividad?”.
Y es que existe no poca polémica y una
fuerte oposición en sectores conservadores y
en la Iglesia católica a la legalización de
la esclavitud. Según un portavoz del
episcopado matritense: “el ser humano
mantiene su dignidad como persona desde el
primer momento y en cualquier
circunstancia”. No obstante sus palabras y
la postura oficial de la Iglesia, miles de
católicos han recurrido al trabajo en
propiedad, agobiados por el aumento del
coste de la vida. A ello responde Teresa
“nosotros nos preocupamos también del
trabajador dependiente, garantizando sus
condiciones sanitarias, e incluyendo en el
modelo de contrato que hemos redactado, la
obligación del dueño a velar por su salud e
integridad física. Actualmente en África
miles de niños mueren cada mes por las
terribles condiciones en las que viven ¿Qué
es lo que sugieren, que les dejemos morir
sin utilidad alguna y sin esperanza? A mí
eso me parece un argumento hipócrita y
anclado en prejuicios morales superados. Con
el trabajo en propiedad podemos salvar de la
muerte y el sufrimiento a cientos de miles
de niños y niñas de África y algunas partes
de Asia y América latina, y aliviar las
condiciones de vida de muchos españoles y,
esperamos que en un futuro, europeos”.
Otra de las objeciones que recibe el trabajo
dependiente es la falta de escolarización de
los niños esclavos. Teresa asegura que están
estudiando introducir una adenda al proyecto
de ley, por el cual los niños recibirían
clases gratuitas pagadas por el estado en
sus horas libres. Sin embargo la
escolarización completa “no es posible
actualmente, puesto que supondría una
pérdida importante de competitividad, por lo
que podrían ser rechazados por sus dueños y
quedar abandonados en manos de las mafias de
la esclavitud ilegal”. No obstante, según su
iniciativa los trabajadores dependientes
“podrían realizar trabajos por su cuenta en
sus horas libres, ahorrando dinero con el
cual, a partir de cierta edad, podrían
comprar la ruptura de su contrato de venta”.
Con este acto ganarían la libertad con
plenos derechos civiles. De la muerte en las
secas llanuras africanas a una vida de
libertad y derechos en Occidente.
El dilema ético de legalizar la esclavitud
arranca una amarga sonrisa a María Soledad.
Mientras el proyecto de ley se debate en las
cámaras y probablemente salga adelante, ella
le da un beso a su padre, acaricia a Ibrahim
en la cabeza y nos dice: “Yo tenía mis dudas
antes, pero cuando estás en esta situación
te das cuenta de lo fácil que es hablar
desde fuera. Nuestra vida ha cambiado desde
que Ibrahim está con nosotros, ahora apoyo
la esclavitud totalmente. No sé, creo que
todas las opiniones son respetables, pero no
se puede detener el progreso por ideas
anticuadas; el que tenga reparos éticos no
tiene porqué tener esclavos, pero se debe
permitir a quién sí los necesita tenerlos”.>
Estimado lector. Tal vez al leer las líneas
que preceden hayas sentido asombro, tal vez
repulsión, tal vez interés. Probablemente te
preguntes el por qué de esta aparentemente
disparatada crónica ficticia.
Y sin embargo, a poco que reflexiones, te
darás cuenta de que los argumentos empleados
por el autor de este falso reportaje
periodístico son los mismos que han
conseguido que la sociedad acepte el aborto,
la experimentación con embriones o el
matrimonio entre personas del mismo sexo
como avances del progreso social y
legislativo sin dilema moral alguno.
Piénsalo, estimado lector. Hoy en día cosas
más terribles que las aquí relatadas son
legales y están aceptadas socialmente. Si
los que tal pensamiento moderno diseñan, así
lo deciden algún día, tal vez este artículo
deje de convertirse en ciencia ficción para
transformarse en terrible realidad.
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