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Por resumir de forma escueta el alcance de
este avance, destacaremos, como han hecho
todos los medios de comunicación, que a
partir de ahora ya no será preciso el uso de
células embrionarias, bien procedente de
embriones congelados, bien de la creación de
los mismos por clonación, para obtener
células madre pluripotenciales. El
desarrollo científico deja así sin
argumentos a los defensores de la creación y
destrucción de seres humanos en fase de
embrión para investigar en el campo de la
medicina regenerativa, cuando afirmaban que
era el único camino para obtener resultados
positivos y "curar enfermedades". He
querido echar un vistazo a la prensa
generalista (la que lee la mayoría de los
españoles informados) para ver como se acoge
esta noticia. Para no dejarme influir por
medios digamos más o menos embebidos de
valores cristianos, he optado por consultar
la noticia en el diario oficial de la moral
relativista, el progresista "global" El
País. La noticia merece dos páginas, a
cargo de Milagros Pérez, y se puede decir
que, en líneas generales, hace una
descripción bastante precisa del tema para
tratarse de prensa no especializada.
Con todo, se hace un cierto lío en la
segunda página entre células
pluripotenciales (pueden dar lugar a
cualquier célula, pero no a un individuo),
células totipotenciales (pueden dar lugar a
un individuo completo) y células estaminales
(células creadas por la naturaleza para
perpetuar la especie), al considerar que el
núcleo desdiferenciado de unas células
adultas de ratón reprogramadas hace un año
en el experimento precursor de Jaenish (del
Instituto White Head, en Estados Unidos)
podía dar lugar a un individuo completo al
introducir su núcleo en un óvulo de ratón,
conservando las características de la célula
donante. Tal camino de clonación no es
exactamente lo mismo que se ha hecho en este
caso. Tales confusiones no las sufrirán los
lectores del Portal Avant! puesto que
hace ya dos años tratábamos estos términos y
conceptos en un
artículo anterior.
En realidad, lo que entonces apuntábamos,
es decir, que el camino de avance de la
medicina regenerativa iba por el éxito de
las células adultas desdiferenciadas y no por
el de las embrionarias, no ha hecho más que
confirmarse en este tiempo. Las células
embrionarias, dejando de lado lo más
importante, esto es, que proceden del
asesinato de seres humanos (bien
"sobrantes", bien creados artificialmente
con este propósito), presentaban problemas
añadidos importantes, como la dificultad de
conducir artificialmente su diferenciación,
y sobre todo su capacidad oncogénica, esto
es, de crecer anómalamente y producir
cánceres. Este problema, que proviene del
hecho fundamental de que estamos manipulando
células y seres vivos cuyos mecanismos
apenas comprendemos parcialmente (en una
versión renovada del aprendiz de brujo), ha
sido el principal obstáculo para la
investigación en esta línea (si no podemos
curar el cáncer por desconocer adecuadamente
su origen genético ¿cómo vamos a controlar
el crecimiento oncogénico de las células
embrionarias, que conocemos menos aún?), y
ha supuesto el fracaso de todas los estudios
terminales que, al calor del incentivo económico de
obtener el material de investigación barato y la
teórica facilidad para desarrollarse,
habían generado estas células. La desdiferenciación de células adultas, con
ser un proceso más lento y caro, ha
demostrado resultados mucho más sólidos, y
ya existen equipos que curan enfermedades
con células adultas desdiferenciadas
parcialmente. Es la fábula de la liebre y la
tortuga, actualizada. Con la diferencia de
que la liebre asesina seres humanos para
llegar antes a la meta.
La meta es, por supuesto, la curación, en
un futuro, de enfermedades causadas por degeneración celular. Pero,
no lo olvidemos, para los investigadores
supone un doble aliciente más: el del
prestigio profesional (pasar a la historia,
vaya) o simple vanagloria, y el de la
ganancia económica que obtendrá el que
patente la célula madre "panacea".
Mucha, mucha ganancia. El camino
para llegar a esa meta parecían las células
embrionarias, pero ahora que las
evidencias científicas van en otro camino,
todos se apuntan en esa dirección. No lo
olvidemos, antes de elevar a los altares de
la ciencia ética a, por ejemplo, el señor
Thomson, de Wisconsin, apasionado defensor
de la investigación con células embrionarias
hasta hace muy poco.
Más aún, esta desdiferenciación extrema
que parecen haber logrado los equipos
japonés y estadounidense, probablemente sólo
sea una etapa del proceso. Ellos mismos
informan de los problemas que pueden generar
sus procedimientos para no despertar la
euforia prematura. Por ejemplo, los
japoneses, para lograr la desdiferenciación,
utilizaron un retrovirus. Tal vector no se
puede emplear en la práctica clínica: no se
puede infectar a alguien con un virus
incurable para tratarle de una enfermedad.
Los yanquis, por su parte, han empleado
varios genes para obtener la
desdiferenciación, un de ellos un oncogen (o
gen que provoca cáncer). Otra contrariedad.
Es más, de hecho las células adultas
desdiferenciadas al extremo han resultado
ser, como las embrionarias, tendentes a la
oncogenia. Parece existir un clara
inclinación de las células más
indiferenciadas al crecimiento descontrolado
y al cáncer. ¿Por qué, pues, los embriones
humanos, llenos de células indiferenciadas
en la naturaleza, no se convierten en
cánceres, en vez de en personas sanas? La
sabiduría de la vida, que aun no podemos
conocer (si es que algún día llegamos a
conocerla completamente), pero ya deseamos
manipularla (principalmente por dinero, no
nos engañemos). Probablemente el futuro se
halle en células adultas mínimamente
desdiferenciadas, provenientes del propio
paciente (evitando el rechazo que generan
las embrionarias) y de tejido sano del mismo
órgano: la auto-reparación, con manipulación
más clínica que experimental, mínima pero
eficaz. El abandono definitivo de la piedra
filosofal de una célula totipotencial
mágica, que más de un investigador de
laboratorio espera que le permita convertir
en oro lo que toque. Para terminar, he
querido fijarme, en el diario de PRISA, en
las valoraciones éticas del caso, que son
las que más nos interesan, a nosotros (los
católicos) y a ellos. Ante todo, hasta la
semana pasada, la "opinión común" era la del
triunfo de la moral utilitarista: si en un
futuro servía para curar enfermedades, poco
importaba que el embrión fuera persona o no.
Debía ser sacrificado, y quienes se oponían
a ello eran prisioneros de una moral
superada y obsoleta que entorpecía el avance
de la ciencia. Todo el pensamiento
filosófico (con escaso conocimiento, en
general, de los términos técnicos del
asunto), todos los medios de comunicación, y
todos los partidos políticos del sistema
(Unió democrática de Catalunya dijo en voz
baja que, hombre, habría que reconsiderar el
asunto con detenimiento, para callarse
rápidamente) estaban de acuerdo con ese
planteamiento. La ley de técnicas de
reproducción humana asistida, aprobada sin
oposición por el parlamento a principios de
2006, y contra la cual nos manifestamos los
carlistas en un
comunicado,
permitía y alentaba todo tipo de
barbaridades experimentales con los
embriones humanos: despiezarlos, crearlos
ex novo, mezclarlos con células de
animales... Solamente la Iglesia y algunos
grupos de científicos
éticos concienciados y
minoritarios (triste es decirlo) se oponían
a estas salvajadas y defendían la dignidad
del ser humano no nacido. Cuando los medios
(incluido alguno liberal y supuestamente
neoconservador) hablaban del "conflicto
ético" de la investigación con células madre
embrionarias, era con hastío, y añadiendo
comentarios de investigadores o políticos
que ponían a parir a quién no seguía la
moral relativista. Con el actual ministro de
sanidad, Bernat Soria (el más mediático y
politiquero, pero no el más brillante de los
investigadores con embriones), a la cabeza.
Pues bien, ahora descubro, gracias a
Milagros (¡Milagro!) Pérez y al diario
"global" que hay un gran gozo porque "el
hallazgo deja obsoleta la polémica sobre
embriones y clonación" y que "para obtener
tejidos humanos no será necesario crear ni
destruir embriones". Y lo dicen como si
ellos no llevaran más de 5 años apostando
por la destrucción de embriones y hubiesen
tildado con todos los epítetos más oscuros
al que se oponía por motivos éticos. Mucho
me congratulo en la recién descubierta
sensibilidad de PRISA y la progresía hacia
el debate ético y el respeto por los
embriones. Es más, el artículo destaca la
siguiente declaración de José López Barneo
(Laboratorio de investigaciones biomédicas
de la universidad de Sevilla): "toda la
disputa que tanto ha entorpecido la ciencia,
unos por tratar de frenarla, y otros por
acelerarla en exceso, ha sido estéril. Una
vez más la ciencia ha puesto las cosas en su
lugar". Aparte del ciencismo manifiesto de
suponer a "la Ciencia" (así, sin más) como
una especie de oráculo objetivo e infalible
(como mucho se podría hablar así del método
científico, con todas sus limitaciones, pero
no de un campo donde tantos errores humanos,
obstáculos insalvables y sobre todo,
intereses, existen), se necesita tener poca
vergüenza (por parte de la autora y el
diario) de ufanarse con tales
descubrimientos y alegrarse con la
"finalización de la polémica" cuando todo lo
acontecido en la última semana DA LA RAZÓN A
LA ÉTICA CRISTIANA EN LA MEDICINA Y A LA
IGLESIA CATÓLICA, SU PRINCIPAL VALEDORA. O
sea, vienen a decir, que estamos muy
contentos porque nos han quitado la razón y
nos han dejado como un trapo, y nos
alegramos de que se acabe esta polémica, que
nosotros decíamos artificial, en un sentido
que deja por tierra nuestros argumentos.
Como diría una amiga mía: con dos cocos. De
la calaña de estos moralistas del todo a
cien da cuenta el argumento por el cual se
alegran de que ese gran avance científico,
la matanza de embriones, ya no sea
necesaria: no habría habido suficientes
mujeres donantes de óvulos para la
clonación. Eso lo dice todo. Por si a
alguien le queda alguna duda, el broche del
artículo de marras: "otra preocupación
estéril que ayer se esfumó y que muestra la
vertiginosa aceleración del conocimiento
científico". La defensa del embrión no
nacido, es "una preocupación estéril". Al
menos nos queda el consuelo de saber que, en
el fondo, y a pesar de la aplastante
legitimidad con que pretendían presentar
toda esta matanza, eran conscientes de la
animalada que suponía la ley de febrero de
2006. También, el admitir que ahora termina
la polémica, viene a poner de relieve que
son unos mentirosos: siempre habían
sostenido que la moral católica se oponía a
"la investigación con células madre", pese a
que la Iglesia decía bien claro que a lo que
se oponía era al descuartizamiento de seres
humanos para hacer avanzar esa
investigación. La confusión y el engaño les
había venido bien para obtener el apoyo de
la mayoría de la población (que no sabe
apenas nada de estos temas y que confía en
que los medios le transmitan una información
veraz), e incluso muchas asociaciones de
enfermos crónicos, engañados en su buena fe
y aprovechando su desesperación, pero sabían
muy bien que era falso. Con este artículo lo
demuestran: el problema no era la
investigación, sino el origen embrionario de
las células madre.
El País al menos tiene la decencia
de admitir que la Ley del año pasado ha
quedado bruscamente obsoleta y superada. La
investigación va en otra dirección, y no
necesitará las ingentes reservas de
embriones que ponía a su disposición el
gobierno y el parlamento español (y el jefe
de estado con su firma). El diario de
mediapro, la Sexta y los amigos del
presidente Rodriguez, Público,
llevaba en ese mismo día en portada la
siguiente falsedad "ya hay células madre
embrionarias sin embriones". Nosotros ya
sabemos que no son "células madre
embrionarias sin embriones", sino células
madre pluripotenciales de origen no
embrionario. Podría tratarse de una simple
ignorancia del redactor, pero conociendo el
género, con seguridad es otra manipulación
más. El titular aparece al lado de este
otro: "los belenes levantan ampollas en los
colegios", que ya dice todo sobre la basura
impresa en que consiste ese papelín. Tras
ver esto, me he absuelto de la obligación de
leer el artículo entero, en la seguridad de
que nada importante me he perdido, y
probablemente me he ahorrado mala bilis.
¿Qué hemos de hacer los católicos ante esta
noticia? Pues alegrarnos. Aunque no sea por
caminos éticos, sino de pura practicidad, al
menos el Señor nos aleja del asesinato de
semejantes nuestros y nos lleva por la senda
de la investigación con moral humanista
cristiana y respeto a la vida. La
Conferencia episcopal española debería sacar
un rápido comunicado donde se dijera, con
diplomacia, amor fraterno, caridad y
delicadeza, NOSOTROS TENÍAMOS RAZÓN. Y los
seguidores de la moral utilitarista, (que
son legión, como los seguidores de la Bestia
en los últimos días del Apocalipsis),
estaban equivocados. Y debemos también todos
los católicos rezar. Rezar por todos esas
personas en sus primeras fases de la vida,
que han sido asesinadas, sin darles tiempo a
desarrollar el hombre o mujer que en ellos
había. Y luchar, seguir luchando para que en
las nefastas fecundaciones in vitro
no haya "embriones sobrantes". Si no podemos
(que debemos) acabar con la procreación
antinatural, al menos evitemos que los
padres dejen abandonados a varios de sus
hijos "fabricados". Y pelear. Pelear contra
ese genocidio cotidiano y tan oculto de 400
niños asesinados en nuestro país legalmente
cada día. Y dar Gracias. Dar gracias a
Dios porque no abandona a su pequeño rebaño.
Porque, a pesar de que cosechemos muchas
derrotas terrenas, el Señor no se ha
olvidado de nosotros, porque escribe recto
con renglones torcidos, porque obrando el
bien y diciendo la Verdad se sigue la puerta
estrecha y la senda empinada que conduce a
los hombres a la salvación y a las naciones
a la felicidad, el orden y la justicia. Y
ese es el camino que debemos seguir, pese a
quién pese y cueste lo que cueste. Y se
burle quién se burle. Y no dudar ni perder
la fe en nuestra Madre, porque, una vez más,
y como siempre, la Iglesia, por supuesto,
tenía razón. |