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Consideramos que la Corona es un elemento
fundamental en la Monarquía. Pero no el
único. La Corona ha de ser colocada sobre el
edificio de la Monarquía. Y la Monarquía es
la sociedad estructurada en familias,
municipios, profesiones, ... lo que se
denominan «cuerpos intermedios». El sistema
hereditario hace que el poder sea
«perpetuo». La prevista sucesión permite la
continuidad -necesaria para el buen gobierno
de los pueblos- de quien ejerce la
autoridad, sin interrupción de ninguna
clase. Ya se comprende que por
la
herencia no llega al poder el mejor de los
gobernantes posibles. Pero sí llega la
persona que mejor preparación ha recibido
para ejercer ese cargo, por el conocimiento
del arte de gobernar que ha adquirido junto
a su padre.
Entre el sistema republicano que cada cierto
número de años (de cuatro a siete) coloca en
el poder a un desconocido y el monárquico,
que en cada generación eleva al trono al
heredero que todos conocen, es preferible
este último. Porque esa elección que se hace
de un desconocido promocionado por los
medios de comunicación no eleva al cargo al
gobernante más apto. Ni siquiera a uno apto.
Eleva «al que el pueblo quiere», según dicen
los defensores de este sistema. Pero la
realidad es que se elige al que han
convencido al pueblo que tiene que «querer».
En la monarquía se efectúa la sucesión sin
traumas, luchas ni intrigas. En la república
a cada acceso al poder le precede una lucha,
una «campaña electoral». En la república el
poder se «conquista». En la monarquía se
«recibe». El presidente republicano debe su
elección a un partido. Llega al poder
condicionado por grupos de los que dependerá
mientras ocupe el cargo. El rey solamente se
debe a la ley sucesoria. Es decir: al pueblo
que acepta esa ley. A todo el pueblo sin
distinción. Eso supone que no depende de
nadie en particular. Por eso la monarquía es
el régimen ideal para mantener unidos a
pueblos de distinta
lengua, cultura e incluso religión. Para el
caso de España es el régimen necesario. La
unidad política de los distintos reinos
medievales la hizo la monarquía. Los
problemas de nacionalismos periféricos
surgieron como consecuencia de las
constituciones liberales que impusieron un
modelo centralista.
El sistema hereditario es tan «democrático»
como el electivo. Si en este el pueblo elige
a la persona que quiere, en aquel ha elegido
el sistema que ha querido. Cada nueva jura
de heredero y sucesión es un respaldo que el
pueblo da a sus reyes. Dios no designa a los
gobernantes. Pero definida, por las leyes y
costumbres de los pueblos, la persona que ha
de gobernar, por el medio que sea, (elección
en una república, herencia en una monarquía)
recibe el poder de Dios. En la monarquía el
poder se hace, «perpetuo» porque se apoya en
una familia. Pero además, en la monarquía
española, ese poder es «limitado» por los
Fueros y
por
la ley de Dios. La monarquía absoluta es una
falsificación de la tradicional.
Los tradicionalistas estimamos que el mejor
sistema de gobierno para España es la
monarquía. Pero tal como se entendió siempre
en estas tierras. Repetimos: «Un»poder (el
del monarca) «perpetuo» (radicado en la
familia real) y «limitado» (por la ley de
Dios y por los fueros). Otra cosa ya no es
lo que defendemos. Por eso estamos empeñados
en la protección de la familia, la
restauración de las autonomías municipales y
de los Fueros, la limitación de los poderes
del Estado (hoy absolutos y tiránicos)...
etc., que constituyen el fundamento de la
Monarquía. Y vemos que el régimen monárquico
es hoy más necesario que nunca. Por tanto,
de actualidad.
El poder absoluto y tiránico que han
adquirido los grupos económicos, solo puede
ser contrarrestado por un poder político
fuerte e indiscutido, como lo es la
Monarquía.
Somos conscientes de la dificultad de
restaurar la Corona que remate la sociedad
por la que luchamos. No existe la familia
con la que el pueblo español pueda reanudar
el pacto de gobierno. Y vemos muy difícil
encontrarla, una vez que en D. Alfonso
Carlos se extinguió la sucesión varonil de
D. Carlos V. Pero como la monarquía
tradicional española es el régimen político
que mejor va a España, tenemos que proclamar
con nuestra palabra lo que nuestros mayores
defendieron con las armas.
Por ahora tenemos bastante trabajo con
organizar un movimiento político que influya
en la sociedad, de manera que se logre la
restauración necesaria para que haya una
monarquía. Eso nos llevará unos años. Cuando
lo hayamos logrado será el momento de
plantear el problema. A nosotros no nos
corresponde hacerlo pues no somos profetas,
sino políticos. No olvidemos que dice el
Evangelio que cada día tiene su propio afán.
¿Podría ser la solución una república
presidencialista o una regencia vitalicia
electiva? No como solución ideal sino como
la única posible en este momento. Del mismo
modo que a los desplazados se les aloja en
tiendas de campaña. Y eso hasta que las
circunstancias cambien, que pueden cambiar y
se pueda volver a la Monarquía Tradicional.
De todas formas, cualquiera que sea la
modalidad adoptada, sería indispensable
prever un mecanismo de designación adecuado,
de modo que en la persona designada
concurran, en lo posible, las circunstancias
de independencia y experiencia de que goza
el Rey.
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