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Sin embargo, con algo de paciencia,
contrastando informaciones y buscando
fuentes alternativas (principalmente en
internet) se pueden hallar argumentos
sólidos que nos ayuden a formarnos una
opinión sobre lo que está aconteciendo.
Debemos empezar por señalar que el
comandante de esta coalición, el presidente
de los Estados Unidos, señor Bush, plantea
como único enemigo al presidente iraquí
Saddam Hussein y su régimen y afirma que
ataca Irak para "liberar a los iraquíes".
Veamos inicialmente cuales son las razones a
favor de la invasión:
1) Saddam Hussein cobija, financia y
entrena a grupos islamistas radicales y
terroristas. Esta fue la primera razón
aducida. Aquella que mayor peso puede tener
ante la comunidad internacional, conmovida
por los atentados islamistas del 11 de
septiembre de 2001. Sin embargo, lo cierto
es que ninguno de los servicios secretos
occidentales, cuando ya llevamos dos semanas
de guerra, ha sido capaz de establecer
ningún vínculo coherente entre Al Qaeda u
otros grupos radicales islamistas con el
régimen iraquí. Se explica fácilmente porque
el régimen del partido Baaz (gemelo del de
Siria) es de un partido único de corte
totalitario nacionalista, caracterizado por
la figura de un presidente "divinizado":
Assad en Siria, que ha sucedido a su padre y
Hussein en Irak, con el proyecto de legar el
poder a uno de sus hijos. Este tipo de
proyecto político necesita un control
absoluto de la religión, que en los países
árabes puede ser usada fácilmente como arma
política. De ahí el laicismo del régimen
iraquí y su persecución de los grupos
islamistas dentro del país hasta el comienzo
de esta guerra.
2) Irak posee armas químicas, biológicas
y nucleares, y es un peligro para la paz
mundial, pues puede usarlas, dado que ha
burlado las resoluciones de la ONU acerca de
su desarme durante doce años. Nadie ha
podido demostrar el desarrollo de un
programa nuclear en Irak desde 1982, cuando
la aviación israelí destruyó el único
reactro nuclear de Irak. Saddam Hussein ha
utilizado armas químicas contra Irán y
contra los kurdos, de modo que
verosímilmente puede poseerlas todavía, si
bien se desconoce su efectividad tras tantos
años. Con menor probabilidad poseerá armas
biológicas. Sin embargo las inspecciones de
la ONU han logrado, según coinciden todos
los expertos, si no eliminar, sí dificultar
mucho el desarrollo de un programa de
armamento químico y biológico, por no hablar
de los periódicos bombardeos de la aviación
estadounidense y británica sobre cualquier
edificio que semejara una fábrica de armas
(con los consiguientes, periódicos y
trágicos errores), por lo que la amenaza a
la paz mundial que pregona el gobierno
estadounidense es más que dudosa. En
cualquier caso, el uso del recurso de la
fuerza para obligar a Irak a cumplir las
resoluciones de la ONU debe ser autorizado
expresamente por el consejo de seguridad de
la ONU, el cual ya ha rechazado expresamente
esa posibilidad de momento, no sólo por el
veto de algún miembro permanente, sino por
votación simple. Es una excusa hipócrita
invocar el respeto a las decisiones de la
ONU para llevar a cabo una agresión armada
contra una nación soberana cuando se están
incumpliendo las resoluciones expresas de la
ONU sobre la resolución de este
incumplimiento.
3) La agresividad de Saddam Hussein en el
pasado demuestra que es un peligro para sus
vecinos y para la estabilidad de la zona.
Este argumento era sustancialmente cierto
antes de 1991, cuando Irak atacó Irán
ayudado por la CIA, guerra durante la cual
el ejército iraquí (al mando del
macabramente apodado general Alí "el
químico") empleó gas mostaza y otros agentes
químicos contra varias aldeas kurdas, en un
incidente que Irak y Estados Unidos
atribuyeron entonces a Irán y que ahora se
sabe era una acusación falsa. También cuando
se emplearon armas químicas para reprimir el
levantamiento de los kurdos en 1986, con la
presión cómplice de Estados Unidos para
silenciar este hecho, dado que entonces el
régimen de Hussein era amigo de Occidente.
Sin embargo todos los expertos
internacionales coinciden en que el embargo
y la presión de los ejércitos
estadounidenses y británicos desde 1991 han
debilitado de tal modo al régimen y al
ejército iraquí que Hussein aspiraba
únicamente a mantener su poder y legarlo a
su familia. Por otra parte, aunque sin duda
los gobiernos de países limítrofes como
Arabia Saudí, Kuwait e Irán se están
frotando las manos en secreto por el
derrocamiento del dictador iraquí, lo cierto
es que nigún vecino de Irak, salvo Kuwait,
ha apoyado expresamente el ataque, y Siria e
Irán lo han condenado. No parece muy lógico
que un ataque realizado para salvaguardar la
seguridad de los vecinos de Irak cuente con
la oposición de los mismos. En realidad
debería contar con su participación, además
de la aprobación de la ONU.
4) Este ataque sólo es una continuación
del de 1991, motivado por el no cumplimiento
del régimen de Irak de los mandatos de la
ONU acerca de su desarme. Este argumento
se invalida porque la ONU autorizó el ataque
de 1991 para la restitución de la soberanía
de Kuwait, objetivo que ya se logró. El
desarme de Irak se decidió tratar por medio
de presión (sanciones y embargos),
necesitando una agresión armada el
consentimiento expreso del consejo de
seguridad de la ONU. La resolución 1441,
aunque ambigua, no autoriza algo tan grave
como un ataque a Irak sin una nueva
resolución.
5) Saddam Hussein es un tirano despótico
que ha oprimido a su pueblo y torturado a
los disidentes, así como perseguido a chiíes
y kurdos, por tanto una guerra contra
Hussein es una liberación de los iraquíes.
Esta es la última razón que se ha aducido,
en vista de la falta de consistencia de las
anteriores. Es la más autentica de todas, ya
que está demostrado el uso de medios
violentos y coactivos por parte del régimen
y el partido Baaz para mantenerse en el
poder, así como la violación sistemática de
los derechos humanos en Irak, tal y como
denuncia Amnistía Internacional. La tremenda
debilidad de esta argumentación reside en la
absoluta falta de legitimidad de un país
para cambiar la forma de gobierno de otro,
por muy abyecto que este sea. La presión
para conseguir el respeto a las minorías y
los disidentes en Irak debe ser ejercida por
Naciones Unidas, las cuales no han sido
consultadas por la coalición a este
respecto, sabedoras de que semejante
proposición y la intención unilateral de
llevarla a cabo viola las más elementales
reglas del derecho internacional. La
oposición con que muchos iraquíes están
recibiendo a las tropas de la coalición
(incluidos los perseguidos chiíes) confirma
que la mayoría de la población antepone la
defensa de su dignidad nacional a su odio
por el régimen baasista, al menos en
caliente.
Estas son las excusas que Estados Unidos ha
aducido para desencadenar su ataque contra
Irak. Veamos cuales son las razones que la
mayoría de analistas han visto para que el
gobierno Bush haya desencadenado este ataque
contra la oposición de la mayoría de la
población de los países occidentales.
1) El reordenamiento estratégico de
Oriente Próximo. El derrocamiento de un
enemigo de Estados Unidos como Saddam
Hussein y su sustitución por un gobierno
amigo de Occidente (principalmente de
Estados Unidos) provocaría un cambio
estratégico en la región. En primer lugar
facilitaría la seguridad de Israel, objetivo
prioritario de todos los gobiernos
estadounidenses en los últimos 50 años.
Siria, el más cercano y activo enemigo de
Israel en la zona, se encontraría rodeada
por norte y este por naciones amigas de
Estados Unidos: Turquía, Irak y Jordania.
Asimismo la siempre dudosa Arabia Saudí,
donde la presión (incluso dentro de la
familia real) para que las bases
estadounidenses sean expulsadas del país por
considerarlo un sacrilegio es muy fuerte, se
hallaría de repente frontera con frontera
con una inmensa base americana llamada Irak,
como vigilante estrecho junto a los pequeños
emiratos del golfo (Kuwait, Qatar, Emiratos
Árabes y Omán), ya ganados para la causa
occidental. Por último el archienemigo (este
sí relacionado con el terrorismo islámico
internacional) Irán de los ayatolás, se
vería en sólo dos años rodeado a este y
oeste por gobiernos títeres de Estados
Unidos: Afganistán e Irak. La ambición
estratégica de este plan es enorme, pero
cuenta con la tremenda miopía de no tener en
cuenta la idiosincrasia de la región,
compuesta de pueblos que no tienen tradición
democrática, que se rigen todavía por
fidelidades de clan y etnia y que han hecho
del odio a Israel el elemento catalizador
que une a todos los árabes e incluso a todos
los musulmanes. De celebrarse elecciones
libres en cualquiera de los países de la
región, lo más probable (como prueban los
casos argelino y marroquí) es que las
ganasen partidos islamistas más o menos
radicales, enemigos jurados de Estados
Unidos. De intentarse realmente el
experimento democrático (cosa dudosa),
pronto se tendría que implantar un régimen
autoritario prooccidental que invalidaría
toda la propaganda sobre la democracia en
Irak hecha en este sentido por Estados
Unidos.
2) El control de las reservas
petrolíferas del Golfo Pérsico. Motivo
enlazado con el anterior. Dos factores
recientes pueden haber provocado el súbito
interés de Estados Unidos por Irak: Primero
la progresiva radicalización del wahhabismo
del régimen saudí, que ha financiado en los
países musulmanes, so excusa de ayuda a los
hermanos palestinos, todo un movimiento
religioso y político que propugna el retorno
a un Islam más puro, provocando la creación
de escuelas coránicas, mezquitas y grupos
terroristas fanáticamente islámicos: el
wahhabismo (Casi todos los terroristas
suicidas del 11-S eran saudíes, mientras no
había ni un solo iraquí). Aunque su
principal objetivo es la desestabilización y
el combate subterráneo a Israel, es evidente
que su odio se extiende a su más poderoso
aliado. Por otra parte, la ascensión al
poder en Venezuela del golpista,
filocomunista y populista Chávez ha
provocado la desestabilización y la puesta
en peligro de uno de los principales
proveedores de petróleo de Estados Unidos.
El alejamiento de estos dos tradicionales
aliados, grandes productores de petróleo, de
Estados Unidos ha provocado la necesidad
urgente de buscar asegurarse nuevas reservas
de la materia prima fundamental en el mundo
industrializado actual. Irak posee, tras
Arabia Saudí, las segundas mayores reservas
de petróleo del mundo. Su dominio permitiría
a Estados Unidos una mayor libertad de
movimientos para tratar con otros
tradicionales productores de petróleo.
3) La consecución de una victoria militar
que eleve el prestigio del gobierno de
Estados Unidos ante su pueblo. Por
triste que suene, no se puede descartar que
una de las razones para el ataque sea de
consumo interno. Es evidente la popularidad
que las victorias militares tienen entre el
americano medio (reflejadas en el apoyo en
las encuestas al presidente Bush en este
asunto), que no entra a considerar en
profundidad las motivaciones de los
conflictos que sus gobiernos desencadenan.
La destrucción de Saddam Hussein,
archienemigo atacado, calumniado y
caricaturizado por toda la prensa
estadounidense desde 1991, puede ayudar a
olvidar el fracaso en la captura de Osama
Bin Laden y el mulá Omar tras la guerra de
Afganistán.
4) La justificación de la elevación de
los gastos militares que benefician a la
industria armamentística. Sin duda una
de las características del gobierno de Bush
ha sido el incremento espectacular del
presupuesto de defensa, incluso poniendo en
riesgo los presupuestos del estado,
actualmente y bajo su mandato deficitarios.
Dejando de lado los intereses personales que
Bush o miembros de su gabinete han tenido en
industrias de armas (así como del petróleo),
no debemos olvidar que Estados Unidos es el
primer productor de armas mundial, siendo
esta una industria que mueve muchos miles de
millones de dólares, crea cientos de miles
de puestos de trabajo (y por tanto de
electores) y aporta muchos impuestos a las
arcas públicas en Estados Unidos. Las
empresas de armas necesitan guerras para
vender sus productos. Además, una guerra
declarada y financiada por el gobierno
significa que este subvenciona la
investigación armamentística y las mejoras
tecnológicas militares.
5) La demostración de que Estados Unidos
es la única superpotencia y que no está
sujeta a los mandatos de Naciones Unidas.
Las consideraciones políticas no son
baladíes en este conflicto. El gobierno Bush
ha iniciado una agresiva política exterior,
en la que trata de demostrar que siendo el
pais más poderoso del planeta, no va a
respetar otras leyes que las suyas a la hora
de defender sus intereses internacionales.
Parece que a la administración
norteamericana le ha parecido penoso e
innecesario tener que estar negociando los
votos de países tercermundistas en el
consejo de seguridad de la ONU para llevar a
cabo sus planes. Se abre una nueva era en la
que Estados Unidos se desvincula
virtualmente de Naciones Unidas, sabiendo
que la ausencia de la nación más poderosa de
la tierra desvirtúa y daña severamente a
este organismo. No se debe descartar que
este golpe a la legalidad internacional sea
usado por la diplomacia norteamericana como
chantaje para lograr cambios en el
organigrama de la ONU que reflejen la nueva
realidad internacional: Estados Unidos es la
única superpotencia y su presencia en el
consejo de seguridad debe estar por encima
de cualquier otra nación. El forcejeo
diplomático con Francia o Rusia puede ser
una buena muestra de ello.
Estas son las razones y excusas que yo veo
en esta guerra, si bien admito que pueden
ser discutibles o pueden faltar algunas.
Como carlistas y católicos sabemos que el
poder del mundo es patrimonio del demonio, y
por tanto debemos guiarnos únicamente en el
magisterio de Cristo y de su Iglesia en la
tierra. En comunión con el Catecismo
Católico y las palabras del Santo Padre,
esta guerra es inmoral y un fracaso de la
humanidad en su camino hacia el reinado de
Dios por el amor. La única guerra legítima
para un católico (por cierto, en base a los
postulados de la escuela de filósofos
católicos de Salamanca) es aquella que se
lleva a cabo ante una agresión exterior a la
propia patria, cuando se han agotado todos
los recursos diplomáticos, se realiza con
una fuerza proporcional a la del agresor y
respetando los derechos humanos y la
dignidad de las personas, así como
salvaguardando la vida de los no
combatientes. Si todas las naciones llevaran
a cabo este mandato es evidente que no
habría guerras. Reflexione el lector si el
actual conflicto cumple con este mandato del
magisterio de la Iglesia y aplique a su
coherencia como católico su posicionamiento. |