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leyes que facilitan el divorcio, que
permiten el matrimonio de invertidos, que
amplían y facilitan el aborto y la
experimentación con embriones humanos,
aunque tampoco ha faltado el ya habitual
ataque a las clases de religión católica.
Las lamentaciones ya no tienen lugar, pues
los católicos ya sabíamos cual iba a ser el
programa socialista en caso de vencer. A la
legislación en ciernes se une el incremento
de la campaña antirreligiosa de la izquierda
cultural y el ya famoso “poder fáctico
fácilmente reconocible” (PFFR) del inefable
señor Aznar, dolido por la patada en el
trasero recibida de ese mismo PFFR
anticatólico al que ha regalado toda la
televisión digital, casi todos los postes
radiofónicos sacados a concurso durante su
mandato y la legalización de su ilegal
cadena de emisoras de televisión locales.
Debemos prepararnos para otra vuelta de
tuerca de burlas a la religión, ataques a la
moral y la ley natural y las consabidas
exigencias a la Iglesia para que no opine de
temas no estrictamente litúrgicos. En
resumen, lo que ya viene gestándose desde
hace tiempo: la religión, en privado; y si
se nos atiza a bajar la cabeza y pedir
perdón por seguir existiendo.
Ahora podemos ver con claridad lo nefasto
que ha sido para la religión el gobierno del
PP, que se ha limitado a ralentizar todas
las medidas anticristianas de la legislación
so pretexto de moderación. En el mejor de
los casos, a conservarlas tal y como las
dejó el PSOE en su etapa de gobierno
anterior para que el nuevo gabinete retome
con entusiasmo su labor de piqueta contra
los pilares morales de nuestra sociedad. Y
ha sido nefasto porque bajo la supuesta
“protección” del partido popular se ha
desmovilizado por completo cualquier amago
de movimiento de seglares católicos con voz
propia en el panorama político. El
moderantismo aducido ha sido pernicioso y
además falso: jugarse la mayoría absoluta
con la derogación de la ley legalizadora del
aborto, además de lo único correcto para un
católico, hubiese quemado mucho menos al
gobierno popular que meter a España en el
ilegítimo conflicto de Irak (a día de hoy, y
pese a la intensa campaña en su favor, el
aborto aún es rechazado por más de la mitad
de los españoles en las encuestas que se
realizan), pero ha quedado demostrado cuales
eran las preferencias políticas del señor
Aznar.
Entramos, pues, en una nueva y peligrosa
dimensión, y la situación para la Iglesia es
grave y empeorará. Debemos prepararnos para
una nueva persecución de los católicos, como
en 1936. Ciertamente no tan violenta ni tan
descarnada, pero si los católicos de la II
República dieron su vida a miles por causa
de su Fe y sufrieron una persecución brutal
como no la había habido ni en tiempos de los
emperadores paganos de Roma, tenían también
muchas razones para la fortaleza y la
esperanza: en primer lugar la sólida Fe de
la mayoría de los españoles, la vivencia
diaria del cristianismo de la sociedad,
partidos y sindicatos declaradamente
católicos que aglutinaban el movimiento
social, periódicos, radios... muchos y
fuertes medios para agruparse en torno a la
bandera de Cristo. Y pastores que, sin
faltar a su obligación de predicar el amor
evangélico, sabían hablar alto y claro
cuando su rebaño era atacado.
Pero si el PSOE de 2004 no es el Frente
Popular de 1936 (al menos en las formas),
los católicos actuales no son ni la sombra
de aquellos que sufrieron y libraron la
Santa Cruzada que ganó España de las garras
comunistas. Para empezar, si bien el 80% de
los españoles se declaran católicos, lo
cierto es que sólo un 25% cumple con el
sacramento de la eucaristía todas las
semanas, lo que nos da una idea más
aproximada de nuestro verdadero número.
Minoría, no obstante importante, pues 10
millones no es para tomárselo a la ligera.
Pero ¿dónde está la voz de esos 10 millones?
No existe ni un solo diario nacional
católico, algunas revistas y suplementos
dispersos de alcance limitado, y que apenas
inciden en temas políticos. Una radio de la
conferencia episcopal, sí, pero que fuera de
los programas religiosos apenas se diría que
es católica. Ninguna televisión, salvo la
experimental de la COPE, en realidad en
pruebas.
Socialmente ídem de ídem: ¿dónde están los
actores, los filósofos, los pensadores, los
escritores o los intelectuales católicos?
Porque lo peor es que existen, pero salvo
honrosas excepciones (Juan Manuel de Prada
sería una de ellas), apenas hacen oír su voz
cuando se ataca a cosas que se supone les
son muy queridas. Y cuando lo hacen, de
forma tímida y vergonzante, sin declararse
expresamente católicos.
¿Dónde están los políticos católicos, o
mejor dicho, dónde están los católicos en el
espectro político? ¿Qué partido o sindicato,
o asociación de peso lleva la voz de los
seglares? Se puede decir con tranquilidad
que la mayoría de los católicos están
sencillamente desorientados en el terreno
político. La parte del león de los votos se
los lleva el partido popular, a pesar de la
incongruencia manifiesta de su actuación
política con los postulados de la Doctrina
Social de la Iglesia o la moral católica,
limitándose a una neutralidad que ha sabido
a favoritismo a muchos incautos por
comparación con la radicalidad de la otra
parte. La moribunda democracia cristiana
política y social se alinea en sus banderas,
pero suponerle algún peso decisivo es
irreal. Un puñado de figuras aisladas
(Mayor, Acebes, Trillo...) que a la hora de
la verdad ni han actuado como católicos ni
casi como patriotas.
Una parte del PP, católica, se ha separado
de una u otra forma por ver tibieza en la
postura moral aznarí. Se trata de partidos
como PADE o Familia y vida, que siguen
postulados católicos pero cometen el supremo
pecado del liberalismo, y se declaran
aconfesionales para no ser señalados, como
si declararse católico fuera motivo de
vergüenza. A la postre apenas un puñado de
votos que no sólo no ha inquietado al gran
partido conservador sino que probablemente
le ha convencido de que la defensa del
catolicismo no da votos: o sea, que hay que
“centrarse” más. Es la hora de los
neoliberales estilo Ruiz Gallardón o Zaplana,
de dudosa moralidad por no decir en realidad
de moral nada dudosa.
¿Qué queda? Poco, muy poco. El piñarismo,
heredero del Movimiento y católico
indudable, está desaparecido, tras el fiasco
del Frente Español de reminiscencias
lepenianas, a la espera de un nuevo resurgir
bajo unas nuevas siglas, que podrían ser las
de la nueva Alternativa Española. Una vez
más.
El nacional socialismo falangista está en un
profundo estado de división, con varias
corrientes, la mayoría declaradamente no
católicas. Alguna queda que conserva el
espíritu católico fundacional, pero sumida
en el marasmo de los “azules” apenas concita
votos.
¿Acaso queda el Tradicionalismo como único
referente católico en el panorama político
español? Dejando de lado que como
contrarrevolucionarios los carlistas podemos
considerarnos tranquilamente como los
“auténticos españoles”, lo cierto es que
ningún otro partido o asociación política
española a día de hoy se declara confesional
y tiene en su programa la plasmación de la
Doctrina Social de la Iglesia. Sólo los
carlistas.
La esencia del carlismo como movimiento
antisistema, reflejado en sus modestos
resultados electorales, y la división que
también atraviesa, justifican a muchos para
afirmar que el Tradicionalismo nunca será el
referente político de los católicos
españoles, que han interiorizado (como el
99,5% de los españoles) el sistema de
democracia liberal como el único válido.
Afirman que es preciso renunciar a algunos
de los puntales de nuestro ideario para
“llegar a más gente”.
Tal vez nos llevaríamos una sorpresa si
comprobáramos que una gran mayoría de
católicos españoles son también patriotas,
amantes la historia y la tradición de las
Españas, y profundamente descontentos con
una familia que detenta el Trono de San
Fernando y ofende a la Iglesia con el
matrimonio religioso manifiestamente
impostado de su heredero con una divorciada
atea. No son tradicionalistas sencillamente
porque desconocen el ideario tradicionalista
y lo único que les ha llegado sobre el
carlismo es la deformada leyenda negra de la
escuela liberal.
Lo que ahora necesita el carlismo es una voz
fuerte para llegar a la sociedad española,
profundamente corrompida ya, pero con el
alma cristiana y española aún enraizada
fuertemente en muchos pechos. Una voz para
sacudirla y para despertarla, para que los
católicos españoles dejen de avergonzarse de
serlo, y salgan esos 10 millones a la calle
para demostrar que aunque no sean la
mayoría, en sus manos está el gobierno de la
Patria y también su salvación. La doble
amenaza, para el cristianismo y la Patria,
de los revolucionarios ateos y el islamismo
agresivo es una realidad, no de mañana o de
pasado mañana. Es de ya.
Necesita la Comunión pues nuevos bríos y
mayor decisión. Nuestros tradicionales
enemigos, los liberales puros, van quedando
también muy mermados en número, pero han
tenido el acierto (y no hay que despreciar
nunca al enemigo, antes aprender lo
aprovechable de él) de agruparse en torno a
un grupo de intelectuales y una revista,
cuya edición digital conoce cualquier
español políticamente informado, y que les
da una resonancia muy superior a su número.
La Comunión debe también agruparse: Una sola
revista en lugar de las varias que ahora
existen. Un solo periódico que sustituya a
los irregulares y múltiples boletines
locales ahora existentes. Se me argüirá que
todo eso requiere dinero, pero se ha visto
que no hace falta mucho dinero para crear
una revista digital semanal, y desde luego
si hay algo que no iba a faltarle son
intelectuales de gran peso ni corresponsales
por todos los rincones de España.
Y, por supuesto, la unidad sincera de todos
los carlistas. Olvidando rencillas y
diferencias ya viejas. Necesitamos todas las
manos porque la etapa que se avecina es
crucial. Los carlistas somos
providencialistas y no podemos creer que
Dios nos haya conservado hasta ahora para
nada. Debemos estar vigilantes todos, con
las lámparas de aceite encendidas como las
doncellas de la parábola evangélica, nunca
sabemos cuando va a llegar el momento de que
la Iglesia nos necesite fuertes.
Fuertes y todos unidos bajo el mismo árbol:
DIOS-PATRIA-FUEROS-REY. |