domingo, 15 de octubre de 2006

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28 de abril de 2005. Opinión política. 21 de abril. El día, uno más, de la infamia. por Lo Mut del Maestrat

     

 

Muy movido en el ámbito legislativo se presentó el jueves 21 de abril de 2005.  En el Congreso de Diputados se sometían a votación diversos proyectos de ley que afectaban gravemente al futuro de nuestra sociedad. Además de la derogación del Plan Hidrológico Nacional y de la legislación que sancionaba la realización de referéndums ilegales, los señores diputados debían emitir su voto sobre dos leyes que, sin duda, dejarán huella en España y en el mundo:

     

la aprobación del “divorcio exprés” – o lo que es lo mismo, el poder divorciarse “por qué sí”, sin alegar motivos ni pasando un período de reflexión y separación temporal – y la equiparación de las uniones entre homosexuales – en cualquiera de sus variantes – con el matrimonio, incluyendo la posibilidad de adoptar hijos (ya que la naturaleza no se puede igualar con leyes absurdas).

 

Centrándonos en estas dos últimas leyes, fueron aprobadas por la mayoría de la Cámara Baja. Los votos: 183 votos favorables, 136 en contra y 6 abstenciones. En contra votaron los diputados del PP (con la notable excepción de la ex-ministra Celia Villalobos, a la que nadie desde la cúpula del PP le ha dicho ni mú...) y los de Unió Democràtica de Catalunya. Dos diputados del PNV y alguno de Convergència se ausentaron de la Cámara. El resto todos a favor.

 

Con la ley sobre las uniones homosexuales se está atentando contra la institución del Matrimonio, que es el fundamento de la comunidad familiar que es la célula básica de la sociedad civil. Se atenta, por tanto, contra la misma sociedad y contra su estabilidad y progreso. Estamos jugando peligrosamente con nuestro futuro. S.S. Benedicto XVI afirmó hace un año, siendo Cardenal,  que “si juzgamos estas uniones más o menos equivalentes al matrimonio, tenemos una sociedad que no reconoce más la especificidad ni el carácter fundamental de la familia, la existencia del hombre y la mujer con el fin de dar continuidad a la Humanidad”. Es un sinsentido pretender equiparar el matrimonio con estas uniones y así lo han expresado el dictamen del Consejo de Estado y el informe del Consejo General del poder Judicial: "la heterosexualidad es un elemento constitutivo esencial del propio concepto de matrimonio". Pero ZP no se ha enterado, está demasiado obnubilado con sus “zerolos”.

 

Tampoco le han servido las voces que desde la Iglesia Católica y otras confesiones cristianas, o desde el judaísmo han manifestado su oposición a esta aberración moral y jurídica. El más de medio millón de firmas recogidas por la Iniciativa Legislativa Popular (que serán muchas más de aquí a julio cuando termine la campaña) tampoco dicen nada a ZP y sus amigos. ¡Claro! Son de gente normal que no forman parte de ningún “lobby” y la mayoría de ellos serán católicos ¡qué horror!  Un gobierno progre como éste no puede entretenerse con gente “casposa” como los católicos.

 

Pero la ley no se queda en equiparar unas uniones homosexuales con la institución matrimonial. Va más allá. Admite la adopción de niños por parejas homosexuales, negando el derecho de los hijos a tener un padre y una madre. Los niños se convierten así en un juguete, en un capricho más.

 

¿Y qué decir del “divorcio exprés”? Esta es la solución (¡menuda solución!) que se da a las crisis matrimoniales: sin motivo alguno puede producirse un divorcio, así según el ministro de Justicia (¿?) “los matrimonios podrán divorciarse sin causas, es decir, sin culpables”.  Un ataque más a la familia, un ataque más a la sociedad. ¿Qué se conseguirá? Está claro: mayor inestabilidad familiar al aumentar aún más el número de rupturas matrimoniales (ya estamos en un 60,4 % de matrimonios que fracasan), sin posibilidad de reflexionar para solucionar los problemas de la pareja, ya que se elimina el periodo previo de separación. La ley recién aprobada introduce en la práctica el repudio, algo que creía olvidado en los pueblos civilizados ¡qué cosas tiene el progreso!

 

Es de suponer que esta ley servirá para que las mafias dedicadas al tráfico de personas inmigrantes, a la trata de blancas y demás monstruosos negocios, la aprovecharán para, por medio de matrimonios de conveniencia de pocos meses de duración, introducirse en España aún más. Si los cálculos no me fallan una persona podrá casarse ¡4 veces al año!, pues entre boda y repudio solo se necesita un periodo de 3 meses. La picaresca hará surgir un nuevo negocio: el “casador”, que a tanto por boda puede hacerse con un buen capital anual.

 

Estamos ante un ataque frontal contra la familia y vamos a pasos agigantados hacia nuestro suicidio social. Y todo gracias al gobierno del señor ZP, tan preocupado por atender los deseos de diferentes lobbys, entre los que se encuentra de manera destacada el “rosa”. Su preocupación no llega a las peticiones de los padres católicos de alumnos o las asociaciones familiares que representan a millones de españoles...Con todos ellos aún no ha podido entrevistarse “por problemas de agenda”.

 

Desde la Santa Sede el presidente del Consejo Pontificio para la Familia, el cardenal Alfonso López Trujillo, ha pedido la objeción de conciencia de los católicos ante estas leyes anticristianas y antisociales, solicitando a los funcionarios católicos que se nieguen a celebrar “bodas” homosexuales, aún a riesgo de perder el empleo. “Una ley no tiene razón por el simple hecho de ser una ley”, recuerda el purpurado. “No se pueden imponen cosas inicuas a los pueblos. Es más, precisamente porque son inicuas, la Iglesia llama con urgencia a la libertad de conciencia y al deber de oponerse”.

 

Desde el gobierno de ZP ya se ha advertido: los funcionarios no podrán acogerse a la objeción de conciencia y tendrán que “atenerse a las consecuencias”, ya que «han de cumplir las leyes que el Parlamento aprueba en una sociedad democrática». ¡Eso es tolerancia y respeto a la conciencia individual!  . La Iglesia y todos los fieles deberíamos hacer lo posible por auxiliar a todos los funcionarios que pudieran verse en problemas laborales y económicos por permanecer fieles a su Fe y su conciencia.

 

Estamos en un momento gravísimo para nuestro futuro, los católicos debemos lanzar iniciativas, proyectos comunes, movilizaciones para conseguir parar esta espiral de descomposición social, de laicismo, de descristianización a la a que nos están llevando ZP y sus amigos rosas, colorados, los del mandil , revanchistas, tripartidistas,  ercistas y demás.  Nos estamos jugando mucho, demasiado... ¡Es tiempo de reacción!

 

 

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