domingo, 15 de octubre de 2006

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3 de octubre de 2005. Opinión política. Altar y Trono. por Carlos Ibañez Quintana

     

 

Por Dios, la Patria y el Rey

En medios intelectuales católicos se viene insistiendo en que hoy nadie habla de la unión del “Altar y el Trono”.

¿Qué quieren decir con eso? En la Iglesia Romana nunca se ha confundido el Altar con el Trono. Por eso nos parece improcedente esa insistencia que mencionamos. No vemos a qué viene machacar sobre lo que es archisabido.

     

En la Iglesia romana el Altar y el Trono han ido unidos en muchas empresas. En la larga lucha contra los musulmanes desarrollada en España, allí donde llegaba el Trono cristiano se erigían altares. Lo mismo que en América. En la mente de cualquiera están presentes la batalla de Lepanto y el sitio de Viena. ¿Fue salvado el Altar por el sacrificio de los leales al Trono o por las elucubraciones de los intelectuales?

No podemos evitar percibir en esa insistencia un encubierto ataque de los demócratas cristianos a quienes hemos luchado contra la Revolución con las armas en la mano.

Por el Altar y el Trono lucharon los vandeanos y “chouanes” franceses. También los tiroleses que capitaneó Andreas Hofer. Y más tarde…

 

…de Carlos la hueste aguerrida

se levanta y se lanza a vengar

el ultraje y la ofensa inferida

al Monarca, a la Patria, al Altar.

(Himno a los Mártires de la Bandera Tradicional).

 

Las cosas vinieron así. Porque los que atacaron al Trono también querían destruir el Altar y terminaron (ahora lo estamos viviendo) por intentar deshacer la Patria. Ni vandeanos, ni tiroleses ni carlistas salimos al campo como resultado de una elucubración filosófica que nos llevaba a confundir el Trono con el Altar. Salimos a luchar contra el enemigo que atacaba al Altar a la vez que al Trono. No fuimos nosotros los que confundimos los términos. Fueron ellos y ellos sabrán por qué lo hicieron.

 

Católicos que queréis dar una nueva cara a la Iglesia, ¡no seáis memos! Altar y Trono son distintos. Pero cuando nos encontramos ante los hechos no hay lugar a perder el tiempo con disquisiciones doctrinales. Hoy se ataca a la Iglesia, se conculca la Ley Natural. Y los que atacan lo hacen en nombre de la libertad y de la democracia. Repito que ellos sabrán por qué lo hacen.

Cierto es que el sistema ha enseñado sus pies de barro. La tragedia de humanismo ateo es que carece de principios que fundamenten una sociedad justa y libre. No es posible una democracia cuando se rechaza la existencia de Dios, Eterno Legislador. Los demócratas ateos no pueden dar razón del por qué de los principios que proclaman. E insisto en lo de “proclaman”, porque no los profesan. Ningún demócrata renuncia a conculcar los derechos humanos y a falsificar los resultados de las urnas cuando puede hacerlo “sin que se note”.

 

El trilema de “libertad, igualdad y fraternidad” ha sido y es una estafa en los labios de los revolucionarios. Si ha de salir de los papeles para convertirse en realidad sólo será posible si triunfan los defensores del Altar y del Trono. La sociedad hoy necesita principios morales sanos: el Altar. Necesita también una organización política justa: el Trono. Y los que queremos salir del presente caos defendemos el Altar y el Trono. Sin ponernos a filosofar sobre el hecho de que sean diferentes. Sin confundirlos, como el niño no confunde a su padre con su madre. Pero amándolos como se merecen.

 

 

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