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En la Iglesia romana el Altar y el Trono han
ido unidos en muchas empresas. En la larga
lucha contra los musulmanes desarrollada en
España, allí donde llegaba el Trono
cristiano se erigían altares. Lo mismo que
en América. En la mente de cualquiera están
presentes la batalla de Lepanto y el sitio
de Viena. ¿Fue salvado el Altar por el
sacrificio de los leales al Trono o por las
elucubraciones de los intelectuales?
No podemos evitar percibir en esa
insistencia un encubierto ataque de los
demócratas cristianos a quienes hemos
luchado contra la Revolución con las armas
en la mano.
Por el Altar y el Trono lucharon los
vandeanos y “chouanes” franceses.
También los tiroleses que capitaneó
Andreas Hofer. Y más tarde…
…de Carlos la hueste aguerrida
se levanta y se lanza a vengar
el ultraje y la ofensa inferida
al Monarca, a la Patria, al Altar.
(Himno a los Mártires de la Bandera
Tradicional).
Las cosas vinieron así. Porque los que
atacaron al Trono también querían destruir
el Altar y terminaron (ahora lo estamos
viviendo) por intentar deshacer la Patria.
Ni vandeanos, ni tiroleses ni carlistas
salimos al campo como resultado de una
elucubración filosófica que nos llevaba a
confundir el Trono con el Altar. Salimos a
luchar contra el enemigo que atacaba al
Altar a la vez que al Trono. No fuimos
nosotros los que confundimos los términos.
Fueron ellos y ellos sabrán por qué lo
hicieron.
Católicos que queréis dar una nueva cara a
la Iglesia, ¡no seáis memos! Altar y Trono
son distintos. Pero cuando nos encontramos
ante los hechos no hay lugar a perder el
tiempo con disquisiciones doctrinales. Hoy
se ataca a la Iglesia, se conculca la Ley
Natural. Y los que atacan lo hacen en nombre
de la libertad y de la democracia. Repito
que ellos sabrán por qué lo hacen.
Cierto es que el sistema ha enseñado sus
pies de barro. La tragedia de humanismo ateo
es que carece de principios que fundamenten
una sociedad justa y libre. No es posible
una democracia cuando se rechaza la
existencia de Dios, Eterno Legislador. Los
demócratas ateos no pueden dar razón del por
qué de los principios que proclaman. E
insisto en lo de “proclaman”, porque no los
profesan. Ningún demócrata renuncia a
conculcar los derechos humanos y a
falsificar los resultados de las urnas
cuando puede hacerlo “sin que se note”.
El trilema de “libertad, igualdad y
fraternidad” ha sido y es una estafa en
los labios de los revolucionarios. Si ha de
salir de los papeles para convertirse en
realidad sólo será posible si triunfan los
defensores del Altar y del Trono. La
sociedad hoy necesita principios morales
sanos: el Altar. Necesita también una
organización política justa: el Trono.
Y los que queremos salir del presente caos
defendemos el Altar y el Trono. Sin ponernos
a filosofar sobre el hecho de que sean
diferentes. Sin confundirlos, como el niño
no confunde a su padre con su madre. Pero
amándolos como se merecen. |